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jueves, 29 de mayo de 2014

57.

Harry calienta la leche en una jarra de hojalata poniendo sus manos en los costados. Mientras Zayn corta pan para que luego el de rizos las toste y Louis saca las galletas. Niall, Liam y yo limpiamos la mesa aunque tardamos un segundo gracias a Liam. A los dos minutos ya estamos desayunando pero esta vez no es como las otras. Hay un gran silencio incómodo sobre la mesa y veo como Niall me mira. Sé que me está leyendo la mente pero no le digo nada. Solo cierro los ojos para intentar sacar todos mis demonios de dentro de mi cuerpo pero me es imposible. Al otro lado de la mesa veo a Louis mojar una galleta en la leche que ha mezclado con cacao en polvo. Apuesto lo que sea a que, todos los que estamos en esta mesa, sabemos lo que ocurrió ayer. Liam me mira a mi y luego a Louis mientras que Harry da unas palmaditas tranquilizadoras en el hombro de Louis. 
-Tenemos que irnos- dice Zayn mientras se levanta y pone su plato en la pila.

En el instituto, Andy, Eli y Holly hablan sin parar sobre lo que vieron ayer en la televisión pero, cuando me siento junto a Holly en matemáticas, esta se da cuenta de que no estoy bien.
-¿Qué ocurre?- pregunta.

Otra vez el nudo en la garganta. Esta vez casi me impide respirar. Abro la boca y doy una gran bocanada de aire antes de contestar a Holly con una sonrisa.
-Nada.

No las puedo decir que el problema es que me gusta Louis porque entonces me llamarían tonta y me contestarían algo como "Claro que te gusta Louis. Es tu novio." y no quiero ese tipo de comentarios que me hagan sentir más estúpida. Quiero mirar atrás, quiero mirar a sus sitios pero tengo miedo de encontrarme con su mirada porque no la podré soportar. 
-Andy- digo mientras la doy unos golpecitos en el hombro. Me mira-, ¿puedes prestarme el espejo?

Ella lo busca entre su estuche y me lo tiende. Lo abro. Si les miro a través del espejo no creo que nuestras miradas se encuentren.

Pongo en espejo frente mi cara, levemente ladeado y le observo. Está pintando en su mesa con un lapicero. No sonríe, no se mueve. Solo mira al tablero pero, tras unos segundos, levanta la cabeza y me mira. Yo cojo de mi estuche un bote de vaselina y me lo echo para que, en caso de que sospeche de que le estoy mirando, descarte la idea. Noto sus ojos azules en mi nuca y me siento incómoda. Me muerdo el labio y luego cierro el espejo para dárselo a Andy. Luego levanto la mano y le pido ir al baño. Este me da permiso y, antes de que pueda pensar en la bronca que me van a echar los chicos por ir sola al baño sola, salgo de clase.

Corro por el pasillo con gran rapidez. Voy tan rápido que, como me tropiece, me puedo dejar los dientes en el suelo pero no me importa.

Llego al baño donde tenía mis reuniones secretas con Kate y llamo dos veces a la puerta. Ella la abre.
-Sabía que ibas a venir aquí- dice mientras me deja entrar.
-Y yo sabía que estarías aquí si sabías que estaría aquí.
-Eso parece un trabalenguas- dice intentando hacerme reír pero no lo consigue.

Antes de que ella se de cuenta, la he abrazado con todas mis fuerzas.
-¿Qué ocurre?- pregunta pero, cuando voy a contestarla, me corta. Debe de haber predecido que la iba a decir-. Entiendo. Es muy asco sentirse así.

Noto su mano acariciándome el pelo con dulzura, casi de las misma forma en la que lo hace Sam cuando está en casa, o de la misma forma en que lo hacían mis padres. Es una acción familiar. No le acaricias el pelo a nadie si no tienes confianza con ella o sientes afecto por esa persona. Trago saliva al percatarme que una vez le acaricié el pelo a Louis de esta forma, consolándole cuando entró en mi casa gritando cuando hablaba con Sam por teléfono porque pensaba que me habían matado, y que él también me lo acarició otra vez, justo después de que despertara de mi primera pesadilla. Quizá ninguno de los dos nos dimos cuenta de lo que estaba ocurriendo. 
-Ring- susurra Kate dos segundos antes de que el timbre del cambio de hora suene-. Tienes que volver a clase. Te acompaño.

Salimos juntas del baño y vamos a la clase de matemáticas. 
-Tranquila- dice antes de dejarme junto a Liam que me mira enfadado pero se tranquiliza al ver que estoy bien-, todos los finales son felices. Y si no es feliz es que aún no es el fin.

A la salida del instituto Jimmy nos espera fuera de su coche y nos hace una seña.
-¿Qué ocurre?- pregunta Liam.
-Sam está en casa- dice Jimmy-. Hoy no tenía clase.

Suspiro al recordar que es viernes -antes me encantaba ese día pero ahora tengo que ir con Louis a fingir lo que no somos-.

Meto mi mochila en el maletero y luego me meto en la furgoneta de Jimmy. Es una vieja camioneta ranchera de color verde. Por lo que sé la heredó de su abuelo que trabajaba en la construcción. En una de las puertas hay una pegatina de color blanca en la que pone "Construcciones Eliot S. A.". Estoy justo entre la puerta y Louis, que está sentado en el asiento del medio de los tres que hay.

Cuando llegamos a casa, Sam está preparando la comida y poniendo la mesa. Me abraza y me da un beso en la frente.
-¿Y esas caras?- pregunta.

Miro a mi hermana y susurro:
-Hemos tenido un examen de Geografía hoy. Ha sido agotador.

Sam mira a Louis y parece que este le asiente.
-Si queréis coméis y vais a la cama a dormir un poco.

Asiento por los dos sin darme cuenta de que eso trae como consecuencia que, al rato, estemos los dos solos en mi habitación tumbados en la cama. La persiana está totalmente baja y no hay nada de luz aparte de la que desprende mi móvil cuando está cargando.

Oigo los muelles del colchón bajo el cuerpo de Louis cada vez que se mueve y también su respiración.
-Creo que tenemos que solucionar esto- susurro.

El nudo de la garganta que llevo teniendo desde ayer me agobia. Necesito quitarlo de ahí como sea.
-¿Cómo?- le oigo decir en voz baja.

Me giro y le veo como mira al techo asustado por mis palabras.
-Quizá deberíamos decir a mi hermana que estamos teniendo problemas de pareja. Seguro que a los chicos no les importa tener que volver a hacer guardia por la noche- digo eso sabiendo que no es cierto. Los chicos, desde que estoy en la casa, parecen dormir mejor y más descansados.
-¿Y dejarte sola con Ji...?
-¿Por qué te preocupa él?
-Lucy, ya lo sabes.

Juguetea con sus dedos de forma nerviosa antes de mirarme.
-No quiero que te pase nada. Ya te lo dije. Me gustas mucho. No quiero que...

Levanto la mano para evitar que continúe. No creo que pueda soportar oír más.
-Necesito decirlo- dice.
-No.
-Lucy, no puedo callarmelo.
-Louis, por favor.
-Bombón, tu eres mi silencio mejor guardado. Pero ahora quiero gritarlo- se incorpora y se sienta sobre el colchón apoyando la espalda en el cabecero de la cama-. ¿Te gusto?
-Louis...
-Necesito saberlo, por favor. 
-Louis- froto mi cara contra la almohada a modo de cansancio.
-Dimelo- susurra-, por favor.

Me muerdo el labio con fuerza. No. No puede estar haciéndome esto. No ahora. Entonces recuerdo las palabras de Kate de esta mañana: "Todos los finales son felices. Y sino es feliz es que aún no es el final." ¿Soy feliz ahora mismo con esta situación? No. Para nada. Solo quiero romper cosas. Siento furia pero también una gran tristeza. Quiero ser feliz. Pero, ¿y si no vuelve de la OMER? Y si esta es una de las últimas veces que estoy junto a él. 
-Lucy, por favor- insiste él-, contestame. ¿Te gusto?

Puede que ahora no lo crea pero hay decisiones que cambian la vida. Esta puede ser una. Esta puede ser la oportunidad para ser feliz. Una vez me dijeron que la felicidad es como un beso de la fortuna que no tienes que rechazar porque sino serías infeliz. ¿Y si ese beso de la fortuna es Louis? Si digo que no me gusta me provocará una gran desgracia y, puede que cuando se vaya y no vuelva nunca más diga: "Lucy, debiste decir que sí". En cambio, si digo que sí me gusta, si digo la verdad, puede que sea desgraciada en un futuro pero pensaré: "Sí, estoy triste pero una vez disfruté de la felicidad."

Miro a Louis que se muerde el labio con fuerza. Estará sintiendo esa impotencia que se siente cuando quieres algo pero no puedes conseguirlo.

Extiendo mis brazos y le abrazo mientras me acerco a él.
-Sí, me gustas. 
-¿De verdad?

Su cuerpo está rígido por mi tacto pero noto en su pecho, cuando apoyo la cabeza en él, que su corazón va a un ritmo rápido como si fuera un niño asustado.

Asiento.

Noto su cuerpo relajarse instantáneamente y sus brazos abrazarme con fuerza, como si ese niño no quisiera desprenderse de un juguete preciado. 
-De verdad.

Subo la mano hasta la parte trasera de su cabeza y le acaricio el pelo con cariño.

El nudo de mi garganta ha desaparecido de forma rápida. Pero el nerviosismo parece que ahora lo tiene Louis quien abre la boca pero no dice nada.

martes, 27 de mayo de 2014

56.

Agarro el vaso del bar y doy un trago antes de poner toda mi espalda sobre el respaldo del sofá que estamos usando las chicas y yo. Este rato -cerca de media hora- se está sintiendo como si fuera un pájaro que vuela libre por el cielo.Andy observa como me fumo un cigarro con tranquilidad mientras que Eli habla.
-Nos ha sorprendido esto- dice ella-. No me malinterpretes pero siempre estás con los chicos y...
-Sh- digo llevandome el cigarro a la boca. Hoy hemos tenido un entrenamiento muy cansado. Últimamente son todos así. Pero se van en junio y estamos a principios de mayo-. No quiero hablar de eso- añado-. No ahora.

Andy sonríe antes y luego da un trago a su botellín de cerveza. 
-¿Cómo es que no estás con tu novio?
-Andy- digo con un tono de súplica.
-¡Es solo curiosidad! ¡Mirate! Al principio era raro. Llevabas mucho tiempo sin pareja pero de pronto... ¡Pum!- choca su puño contra la palma de la mano libre-, estás feliz con un esclavo del pirómano. Solo es curiosidad.

Observo por encima del hombro de Holly, qué está enfrente mía, un gran panel de luces de neón que está al fondo de la habitación. En él está escrito "Aliens." y, de vez en cuando, el punto final desaparece. La gente podría pensar que se ha fundido o que no llega bien la corriente pero yo sé que desaparece gracias al poder de Jimmy que está junto a él y haciendo invisible a Zayn. Sé que ambos me observan. Lo llevan haciendo desde hace un buen rato.
-Que esté saliendo con Louis no significa que tenga que estar todo el rato con él. Le veo en el instituto y alguna tarde- digo mintiendo-. Además, me apetecía quedar con vosotras. Los últimos meses han sido muy raros.
-Creo que el último curso nos ha dejado a todas muy trastocadas- dice Holly con una sonrisa-. Hay mucho que estudiar y cambiar de aire viene bien a todo el mundo. Yo, cuando mi madre se va al gimnasio, me voy a la crepería de abajo de mi casa y me pido algo. Nunca había ido pero parece que está bien.

Después de una animada charla con las chicas veo la señal de Jimmy. Hace parpadear el punto del neón cinco veces seguidas. No aguantará mucho más siendo invisible. 
-Creo que me voy a ir yendo- digo mirando el reloj y recogiendo todo rápidamente. 
-¿Ya?- pregunta Eli.
-Mi hermana se va a ir a dormir pronto. Quiere madrugar para poder estudiar y terminar bien los exámenes finales. Y quiere hablar conmigo antes de las diez- digo mientras cojo mi chaqueta y me la pongo.

Me despido y luego salgo del bar caminando lentamente para que los chicos no se alejen de mí. Cuando me meto en uno de los callejones que hay cerca del bar, Jimmy y Zayn aparecen ante mis ojos. Jimmy parece agotado, tiene la cara roja, como si hubiese estado corriendo una maratón. Sin embargo Zayn está alegre.
-No sabeis lo que es volverte invisible, volver invisible a otra persona y estar casi una hora así. ¡Que uno ya empieza a tener una edad!- dice.

Yo me río y, tras despedirnos del novio de Sam, Zayn y yo empezamos el camino rumbo a la cala. 
-¿Te lo has pasado bien?- pregunta con una sonrisa en la cara. -Sí- digo-. Muchas gracias por...
-No te preocupes. Era o dejarte ir con tus amigas estando vigilada o tener el riesgo a que te escapases de nuevo.
-No me escaparía- digo con una sonrisa-. Soy buena.
-Tan buena como lo colesterol- dice el moreno-. Cuando lo tienes controlado está bien pero si no... ¡Puede ser una catástrofe!

Me hago la ofendida mientras camino y le doy algunos golpes a los que él responde con algunos leves quejidos. 
-Es verdad- dice-. Eres... Inestable.
-¿Llamas inestable a Whalivya?
-Si solo la llamara eso...
-¡Pero no la llames eso!- digo.

Pero noto sus brazos abrazar mi cuerpo como cualquier hermano haría. No es ningún abrazo como los que me da Louis, es un abrazo fraternal, cálido. Luego me lleva en brazos hasta la cala. Ha debido de decidir que, aparte de inestable, soy una niña pequeña que manchará toda la casa de arena.

Cuando estoy a solas con Louis por la noche, este me mira con ojos fríos.
-¿Te ha pasado algo?

Al principio no sé a que se refiere hasta que me empieza a observar nervioso. Sus ojos recorren todo el cuerpo en busca de algo.
-No ha pasado nada.
-Has estado a solas con Jimmy.
-Ha estado Zayn también.
-Me refiero a que has estado con Jimmy sin estar yo delante- susurra.
-Pudiste haber venido tú. Nadie te lo ha impedido.

Pone una mueca en la cara mostrando desagrado con mis palabras.
-No me gusta. Es un antirrosado. Todos teneis confianza en que...
-Louis, basta- suelto de repente. Estoy cansada de tener esta conversación una y otra vez. Siempre es sobre el mismo tema. Le miro. Tiene una postura rígida. Estaba ya listo para poder meternos en la cama juntos pero sus preguntas hacen que mi estómago se revuelva. Y la repetición de esta misma situación me produce inseguridad conmigo mismo porque eso significa que Louis no confía en mí. Me levanto de la cama y estiro mi ropa-. Iré a dormir a otro sitio.
-Me toca vigilar a mí.
-No quiero estar en la misma habitación que tú.

Camino despacio hasta la puerta hasta que oigo un suspiro profundo de Louis que me hace detenerme antes de que pueda abrirla. Le veo sentado en su silla con los codos en las rodillas y las manos en la cara. Vuelve a suspirar. Su mirada se encuentra con la mía entre la oscuridad y eso ha desencadenado un gran efecto mariposa en mi estómago. Entonces una gran duda asalta mi mente. "¿Qué estaría haciendo ahora mismo si me hubiera mantenido al margen de todo esto?". Noto como mi barbilla tiembla en el momento menos adecuado ya que intento estar seria, fuerte, orgullosa de la decisión que acabo de tomar. "¿Qué hubiese sido mejor? ¿Conocerle o no haberle conocido nunca?". Mis ojos se humedecen hasta el punto en el que una lágrima ha salido y recorre toda mi mejilla para acabar en el suelo tras una caída.

Sin comerlo y sin beberlo, sin darme cuenta de todo lo que estaba ocurriendo, sin escuchar al doctor Mason, he empezado a sentir algo por Louis. Al principio era algo normal. Miles de personas se besan cada segundo. Muchas de ellas sin sentir absolutamente nada. Pero debí de suponer que todo tiene un límite. Todo lo tiene. ¿Cuáles son los del amor? Los besos. Un par de besos: sin peligro. Una decena de besos: Reduzca velocidad. Una veintena: cuidado que vienen curvas. Cincuenta: ¡Cuidado! ¡Desprendimiento de rocas!

Louis suelta otro suspiro y, cuando me limpio la cara con torpeza, me doy cuenta que él también ha comenzado a llorar. No sé si por el mismo motivo que yo o por algún otro. Necesito salir de aquí pero, cuando voy a girar el pomo de la puerta para ir a la habitación de cualquiera y quitarles un poco de cama o de suelo descubro que no puedo. 
-Me gustas mucho, Bombón- susurra a mis espaldas él.

Un pinchazo en mi estómago. 
-No creo que haya forma de arreglarlo ya- susurra de nuevo.

En mi garganta se forma un nudo.
-He sido un estúpido- luego se levanta y me señala la cama-. Duerme aquí. Vigilaré en el pasillo.

Intento tragar pero no me muevo. Veo como su mano va hacia mi hombro pero, antes de que me pueda rozar, la aparta y luego le veo como traspasa mi cuerpo y la puerta. Ya no está en la misma habitación. Y estoy asustada. No por la amenaza de muerte que ronda sobre mi cabeza sino porque lo que acaba de ocurrir es importante. Y entonces recuerdo a mi madre cuando me ponía los zapatos para llevarme al colegio el primer día. 
-Mamá, estoy asustada- dije con voz temblorosa.
-¿Por qué, cielo?
-¿Qué pasará si ningún niño quiere jugar conmigo?
-¿Por eso estás asustada, Lucy?

Asentí.
-¿No sabes que si estás asustada significa que es algo importante?
-¿Lo es?

Sonrió.
-Siempre que tengas esta sensación recuerda: después de que lo superes habrá un antes y un después en tu vida.

Y sé que Louis, mis sentimientos hacia él y sus palabras, marcarán una nueva etapa en mí porque ahora siento terror.

domingo, 18 de mayo de 2014

55.

Estoy en la consulta del doctor Mason pero esta vez no es un tema sobre los rosados sino los análisis antidrogas que hace el instituto que hace cada trimestre. Zayn me acompaña mientras que el doctor me saca sangre. Luego me da una bebida y medio sandwich para evitar que me mareé.
-Ya está- dice con una sonrisa en la cara-. Los resultados estarán en unos días.
-No me preocupan mucho- digo antes de morder el sandwich de jamón que me ha dado-. No consumo drogas.
-Eso está muy bien, Lucy. De todas formas te avisaré por sí hay alguna anomalía en tú sangre. Zayn, ¿puedes dejarnos solos, por favor?
-Estaré fuera- dice este antes de darme un apreton cariñoso en el brazo y antes de darme un beso en la mejillas.
-¿Qué ha sido eso?- pregunta una vez que el rosado ha salido de la habitación.

Me muerdo el labio antes de poder contestar. "No cojas cariño a estos chicos". Eso es lo único que se escucha en mi mente cuando alguno de ellos hace un gesto de ternura hacia mí.
-Sólo son amables, Mason.

Las comisuras de sus labios se tuercen con desaprobación. No quiero ni imaginar su cara sí descubriera que Louis y yo dormimos abrazados cada noche y que nos besamos como dos novios enamorados.
-Lucy, falta un mes para que se vayan.
-Lo sé.
-No quiero tener que recetarte unas pastillas antidepresivas cuando ellos se hayan marchado.
-No lo harás. Tú trabajo se basa en el cuerpo humano, no en la psicología de las personas.
-Lucy...
-Además, se como van en los entrenamientos. ¿Recuerdas que los entreno?- pregunto con ironía-. Saldrán de la OMER.
-Sólo un cinco por ciento salen vivos.
-¿No le gustaría que ellos tuvieran esa suerte? La tendrán. Se lo aseguro.

Horas después, salgo de la habitación de Harry con una gran sonrisa en la cara. Llevó puesto unos pantalones cortos de chándal y una vieja camiseta de mi hermana Sam. Entró en el cuarto de Louis con una gran sonrisa de oreja a oreja. Le veo sentado en su silla leyendo lo que parece ser una revista de coches pero los ruidos de mis pasos le dicen que estoy lista parque dormir. Él viste una camiseta de color azul marino de propaganda y unos calzoncillos -slips- blancos que hacen que sus piernas parezcan más largas y más masculinas -hay que destacar que parece que tiene un buen culo-.
-¿Lista para dormir, Bombón?

Asiento antes de que abra la cama con una se suave manos y me diga con un gesto de la cabeza que me meta en ella. Le obedezco y, a los pocos segundos noto que me rodea con sus brazos como siempre hace. Él sabe que así me siento más segura y yo se que el siente que sí hace así lo estaré gracias a que me pasa sus poderes.
-Podría acostumbrarme a esto- susurro antes de girarme y darme un beso pero me lo niega-. ¿Qué ocurre, Louis?

Veo a Louis sorprendida por su actitud. Tienes los ojos cerrados pero no por el cansancio sino por algo que parece quitarle mucho.
-¿Qué ocurre?
-Nada.
-Louis, dímelo.
-No.

Estoy harta del comportamiento del rosado. Unas veces es tan cariñoso mientras que otras veces es tan distante que no creo que pueda soportar estar junto a él. A decir verdad ahora no quiero dormir junto a él.

Intento incorporarme de la cama pero los brazos del chico se tensan para evitar que me vaya al cuarto de Harry.
-Suéltame.
-No.
-Quiero irme.
-Lucy, por favor.
-Dejame irme.
-Bombón, lo siento.
-Metete tus disculpas por culo.
-¿Cuál? ¿El mío? No creo que exista ya. Le has estado mirando tanto tiempo que se ha desgastado.

Suspiro.
-Louis, sueltame.
-Bombón ...
-¿Quieres que grite?
-No vas a gritar.
-¡Oh, si! Claro que gritaré.
-No, no, no.

Miro a Louis, que ahora tiene una sonrisa burlona, cogerme de las muñecas y tumbarme de nuevo, justo debajo de él, con mis muñecas por encima de mi cabeza. Estoy segura de que si alguno de los chicos entraran en la habitación justo en este momento pensaría cualquier cosa -sexual-.
-Uno- susurro iniciando la cuenta.
-Ambos sabemos que no vas a gritar.
-Dos.
-¿Estás intentando hacerte la dura? Me gustan las mujeres autoritarias.
-Louis, sueltame ahora mismo- digo enseñando los dientes, como si le estuviera amenazando con lanzarme a su cuello y morderle.
-No.

Cuando abro la boca para gritar -a lo mejor viene alguno de los demás y le golpea antes de darse cuenta de que es su amigo- noto los labios del rosado sobre los míos. Y, como si fuera algo que Louis había planeado desde un principio, mis brazos pierden la tensión que los ponía rígidos y Louis los suelta para bajar sus manos con lentitud hasta los bordes de la camiseta para subirlos y acariciarme con ternura las caderas. Luego las mueve para llevarlas en la parte baja de mi espalda y noto como mi piel se eriza ante su tacto. De entre mis labios se escapa un suspiro que espero que no haya oído. Faltaría que Louis dijese que sabía que estaba loca por sus huesos. Pero, ¿cómo actuar cuando un chico te besa y te acaricia de la misma forma en la que lo está haciendo Louis? Estoy segura de que si fuera Andy ya estarían haciendolo. O incluso Holly o Elizabeth.

Las manos de Louis me siguen acariciando de la misma forma. Noto que pasa repetidamente uno de sus pulgares justo al final de mi columna y, haciendo que mis labios lo lamenten, se separa de mí y yo, con la mente nublada por todo lo que está pasando por mi mente, suelto un jadeo, que vuelvo a intentar ocultar, y lo miro a los ojos.
-¿Por qué?
-¿Por qué qué?
-¿Por qué a veces eres tan borde y otras tan... - me muerdo el labio. ¿Cuál es la palabra?-... intenso?
-¿Intenso?

Louis suelta un suspiro que a mí me suena como una carcajada.
-¿Soy intenso para ti?

Empiezo a sentir calor en toda mi cara por la vergüenza que siento y espero que esté demasiado oscuro para que no note mi rubor.
-Cuidado, Bombón, no te derritas.

"Mierda, sí me ha visto" pienso mientras que me sonrojo aún más aunque intento poner mala cara al juego de palabras de Louis. Puede que no me haya visto, quizá si está demasiado oscuro. Quizá lo sabe por el toque de mi piel. Entonces eso ahora me incomoda y necesito algo para quitarle de encima mío.
-Voy a fumar- digo mientras que le quito de encima mío sin ningún tipo de esfuerzo.

Me levanto de la cama y cojo el paquete de tabaco que he dejado sobre su mesa antes de cenar y saco un cigarro junto al mechero. Luego abro la ventana con mucho cuidado para que no haga ruido -no quiero que Harry suba aquí preocupado- y enciendo el cigarro.

Por el hueco de la ventana entra un poco de viento frío haciendo que se me ponga la carne de gallina y veo que el mar está un poco revuelto pero no creo que se acerque ninguna tormenta. Observo chocar el agua contra algunas rocas que están a unos treinta metros de la casa y veo como, tras cada choque, se queda algo de espuma blanca sobre la arena y como el agradable sonido que produce llega hasta mis oídos. Me costaría muchísimo dormir sin ese tipo de ruidos.

Luego miro al cielo que está cubierto por ligeras nubes que ocultan las pocas estrellas que hay esta noche. Aunque, cuando se mueven lo suficiente, puedo ver algun brillo sobre el cielo negro. Sonrío.

Casi se me cae el cigarro al vacio cuando noto que Louis pasa su brazo por mi cintura y que apoya su cabeza sobre mi hombro derecho. Noto su aliento contra mi piel y eso me hace temblar pero a la vez me reconforta. Se mantiene callado durante unos instantes hasta que...
-¿Puedo pedirte un favor?
-Claro.
-No te acostumbres a mí.

Me tenso al oír esas palabras y mis labios se arrugan. No quiere que me acostumbre a él. Por eso antes estaba tan frío.
-No te acostumbres ni a mis besos ni a mis abrazos. Tampoco a las noches que pasamos juntos.
-¿Eso a que viene?
-Viene a que dentro de unas semanas estaré muerto.

Suelto un gemido y me tapo la boca intentando que no salga otro pero me es imposible así que suelto el cigarro para poder taparme así la boca con las dos manos y evitar que salgan más sonidos. Los brazos de Louis se abrazan más fuerte a mi cintura.

A los pocos segundos mi mirada está aguada. No me puedo creer que esté llorando pero es que, desde la muerte de mis padres no he perdido a nadie importante para mí. Mis abuelos fallecieton antes que ellos y las personas que se han ido después que estos eran algunos familiares con los que no hablaba cuando estábamos juntos -un par de veces al año, en ocasiones especiales-. Y ahora los chicos son mis amigos. No quiero que se vayan de este mundo.

Me imaginaba que durante las semanas en las que los chicos estuvieran en la OMER estaría feliz. Tenía asumido que ellos volverían pero ¿y si no lo hacen? Otro gemido que mis manos no pueden aguantar en mi boca. Otro. Este último hace que me quede sin aire durante unos segundos. ¿Y si Louis no vuelve? ¿Y si no vuelve ninguno?
-Tranquila- susurra cerca de mi oído.
-¿Tú no quieres acostumbrarte a mí?- pregunto cuando me he calmado un poco.
-Ya lo estoy. Pero por eso no te preocupes.
-¿Por qué?
-Estando en el cielo no se sufre...
-Pues me gustaría que en este caso lo que sirve para el ganso sirviera para la gansa.

Me quito las lágrimas de los ojos al oír la carcajada de Louis.
-¿Me has llamado ganso?
-Te he llamado egoísta.

Suelta otra carcajada antes de darme un beso en el cuello. Noto como luego aparta sus brazos de mi cintura y apoya sus antebrazos en el marco de la vieja madera.
-¿Lo ves?
-¿El qué?

Su brazo se extiende y veo que me señala algo a lo lejos, una luz de color naranja que estará a unos diez kilómetros de nosotros.
-¿Qué es?

Louis se encoge de hombros. Noto su pecho sobre mi espalda.
-No tengo ni idea- dice-. Puede que sea un hotel de montaña.
-¿Y qué ocurre con él?
-Nada. Solo me llama la atención.
-¿Por qué?
-Tampoco lo sé.

Una ráfaga de aire frío entra por la ventana y noto un escalofrío que recorre todo mi cuerpo.
-Vamos a la cama- susurra Louis mientras que me aparta de la ventana para cerrarla.

Yo ya estoy en la cama cuando Louis se pone junto a mí. Me da un ligero beso en la frente y luego me pasa el brazo por mi nuca y el otro por mis costillas, haciendo el candado humano de siempre. Me quedo dormida mirandole a traves de la oscuridad.

jueves, 8 de mayo de 2014

54.

La luz de fuera entra a mi habitación por las pequeñas rendijas que se forman cuando las persianas están bajadas. Noto los brazos de Louis alrededor de mí formando el candado al que ya estoy familiarizada. Sonrío al recordar todo lo que ocurrió ayer: nos besamos. Louis y yo nos besamos mucho. Tanto que olvidamos las patatas que estaban en la sartén y que casi incendian la cocina sino llega a ser por el fuerte olor a quemado que llegó a nuestras fosas nasales acompañados por un espeso humo que vimos segundos después inundar el salón.

Nunca me hubiera imaginado una situación como la de ayer. Si alguien -que supiera que Louis y yo en realidad no estamos saliendo- me hubiera dicho que íbamos acabar besándonos de la forma que lo hicimos ayer me hubiese reído sonoramente, le hubiese tomado por loco y no le hubiera hablado por un buen rato por ser tan idiota. Eso habría pasado hace tres semanas pero ayer todo cambió. Me besó. Y yo continué con el segundo beso. Es más, cuando uno se apartaba el otro se volvía a acercar. Y así todo el rato hasta que Sam y Jimmy, que tras la pedida de matrimonio ha empezado a traer sus cosas -no lo había hecho antes porque Samantha no quería que yo me sintiese incómoda con la presencia de un hombre en la casa-, llegaron a casa y nos metimos en la cama para dormir.
-¿Estás despierta, Bombón?

Abro los ojos un poco y me giro entre sus brazos para apoyar la frente en su pecho.
-Sí- susurro.
-¿Cómo has dormido?
-Poco.
-Te he preguntado cómo, no cuánto.
-Bien.
-¿Sigues teniendo sueño?

Asiento levemente la cabeza antes de que Louis me tape más con las sábanas.
-Vuelvete a dormir.
-¡Lucy!- dice Sam mientras que abre la puerta de mi cuarto haciendo que esta se inunde de la luz que proviene de las ventanas del salón-. A desayunar.

Suspiro y me incorporo. No quería dormir más pero me apetecía quedarme un poco más en la cama con la compañía de Louis.
-¿Me has escuchado, Lucy?
-Sí.

Luego me levanto de la cama junto a Louis y voy a la cocina donde Jimmy está preparando zumo de naranja a la par de un par de tortitas.
-Buenos días- digo mientras cojo mi plato con dos tortitas con sirope de chocolate para sentarme en la mesa de la cocina.

Louis hace exactamente lo mismo que yo para acabar sentándose en la silla que hay al lado de la mía.

El desayuno se basa en lo de siempre desde que mi hermana y su novio se han comprometido: su boda. Hablan sobre cómo se han tomado la familia de Jimmy la noticia del enlace. Aunque también hay para Louis y para mí. A Sam no le gusta nada que nos quedemos a solas en la casa porque "soy demasiado pequeña". La decimos que cenamos, que salimos a pasear un rato y que luego nos metimos en la cama. De vez en cuando Louis y yo nos miramos cómplices por nuestro secreto pero, cuando salimos de casa para ir a la casa de la cala el ambiente se tensa y ninguno de los dos hablamos por miedo a meter la pata. ¿Se lo vamos a decir a los chicos? Y si se lo decimos ¿cómo? Me muerdo el labio cuando me doy cuenta de que Louis tiene mala cara.
-¿Ocurre algo?- pregunto.

Louis no me contesta solamente mira al suelo mientras que sigue caminando.
-¿Louis?

Sigue avanzando por el bosque sin mirarme entonces me detengo y me apoyo en uno de los árboles que hay a un metro de mí. Cuando ha recorrido cerca de diez metros se detiene y me mira.
-Vamos- me dice.

Le miro sorprendida por el tono que ha usado conmigo. Es un tono grave, frío. Se pasa la mano por el pelo.
-Llegaremos tarde.
-¿Qué te ocurre?
-¿A mí?- cuestiona mientras que mira a su alrededor-. Nada.
-Mentiroso.

Louis me mira con los ojos entrecerrados por la luz que le llega a los ojos.
-¿Qué te ocurre?- repito.
-Ya te lo he dicho: nada.
-O sea que ayer y esta mañana estabas feliz y ahora estás deprimido por la gracia de Dios. ¡Venga ya!
-Es muy difícil de explicar.
-Creo que no soy deficiente mental. Creo que lo podré comprender.
-Lucy...
-¡Que me lo expliques!- chillo.

Louis se da la vuelta nervioso. Parece que nuestra relación, tras lo sucedido ayer, ha dado dos pasos de gigante para atrás.
-Genial- susurro cabreada-. Ayer estuvimos todo el rato besándonos como dos novios de verdad y ahora te comportas como un completo desconocido.

Entonces empiezo a caminar y, a los diez minutos -con Louis a un metro de distancia detrás mío-, llego a la casa de la cala donde encuentro a los chicos esperándonos tranquilamente.
-Buenos días- digo borde abriendo uno de los armarios que, desde que estoy viviendo en la casa de la cala, usamos para guardar los cuadernos.
-Parece que alguien se ha levantado con el pie izquierdo- dice Liam.

Bufo y tiro los cuadernos sobre la mesa antes de sentarme.
-¿Qué ha ocurrido?- pregunta Zayn.
-Nada.
-Lucy...
-Nada.
-Lucy...
-¡Que nada, joder!
-Debe de tener la regla.

Miro a Louis con la boca abierta por su comentario. O sea, ¿está feliz, luego no me cuenta qué cojones ocurre y ahora suelta esa perlita? ¡Damas y caballeros, tengo el honor de presentarles a Louis, el vacilón! Le miro mal, tanto que noto como se estremece. Luego miro al resto. Liam y Zayn parecen sorprendidos por mi actitud mientras que Harry mira a Louis con la boca abierta. Niall me mira de la misma forma que en los entrenamientos cuando me lee la mente. ¡Tengo que leer algo antes de que me descubra llamando a Louis cabrón en mi mente! Abro uno de los cuadernos que mi padre escribió en su momento. "Llegado a un punto en el que los rosados han evolucionado muy positivamente es recomendable realizar unos combates entre ellos para que sepan como desenvolverse en una pelea real".
-¡Bien!- chilla Niall con los puños en alto-. ¡Hoy peleamos!

Después del entrenamiento -gracias a los combates ha sido más ameno-, Louis y yo llegamos a mi casa donde Sam ha preparado de comida una ensalada -que no he probado porque no me gusta-, un poco de merluza -que tampoco he probado porque la odio- y unas natillas de chocolate -que no me han dejado comer por no haber comido ni primero ni segundo- y me voy al sofá para ver un poco la televisión antes de estudiar un poco e ir de vuelta a los entrenamientos. Louis se sienta junto a mí con una de las tarrinas de las natillas en sus manos.
-¿Quieres?- pregunta.

No le contesto y cambio de canal.
-No has comido nada.

Cambio de nuevo el canal.
-¿Bombón?
-¡Ah! ¡Que ahora me llamas Bombón!- exclamo en un susurro.
-¿Lucy?
-¡Dejame en paz!
-No has comido nada. Tienes que comer algo. ¿Quieres mis natillas?
-No.
-Están muy ricas.
-Me da igual.
-Lucy, ¿qué te pas...?
-Que eres un idiota. Eso me pasa.
-No tienes que tomarla conmigo si estás enfadada, ¿eh?
-La tomo con quien me da la gana.
-Que chica más malota...

Si las miradas matasen... Suspiro y cambio de nuevo.
-Ven- dice mientras que se levanta del sofá y me tiende la mano.
-¿A dónde?
-Vas a comer.
-No.
-Ya verás.
-Ya verás tú como no como.
-Bombón, ¿por las buenas o por las malas?
-Sam está en la cocina- digo sacando la lengua con aires de victoria. Louis no me obligará a nada si ella está presente.

Oigo como Jimmy y Samantha salen de la cocina tras limpiar.
-Lucy, no vas a comer nada hasta la hora de la merienda- me dice mi hermana antes de meterse junto a su novio a su cuarto.

"¡No! ¡No! ¡No, Sam!" pienso mientras Louis coge como puede y me pone sobre sus hombros para llevarme a la cocina que está limpia gracias a Sam. Louis me sienta sobre la encimera y cierra la puerta para evitar que me pueda escapar antes de que tenga el plato de la ensalada que he dejado vacío en sus manos.
-No me lo voy a comer.
-Ya verás como sí- repite con una sonrisa que va de oreja a oreja.

Le miro mal al ver que ha pinchado un trozo de lechuga con un poco de tomate y sujeta el tenedor en su mano.
-Abre la boca.

Niego con la cabeza mientras que me cruzo de brazos dejando claro que no voy a comerlo. Sé que puedo llegar a ser muy infantil pero la lechuga no me gusta nada. De pequeña siempre le decía a mi madre -la pobre se agotaba conmigo y las verduras- que la lechuga era comida de vacas y no había manera de hacérmela comer. Por eso, cuando mi padre se enteraba, me llevaba a la cama como castigo. Luego el castigo cambió dejándome sin postre durante una semana -una vez llegué a acumular cerca de cuatro meses sin postre- pero me lo saltaba a la torera. Luego no me dejaban ver la tele, tenía que estudiar más, tenía que hacer más dictados con mi madre... Nunca me llegué a tomar una ensalada. Y Louis no lo va a cambiar.

Louis me mira divertido con el tenedor en la mano y moviéndolo para que caiga el aliño de las hojas.
-Abre la boca- repite.
-No.
-Bombón, tienes que comer para crecer fuerte y saludable.
-¿Estás intentando dar de comer a un bebé o a mí?
-A ti, pero es como dar de comer a una niña pequeña. Te estás comportando como tal.

Giro la cabeza para mirar a otro lado. No es que me apetezca mucho ver como Louis me regaña.
-Abre la boca.
-No me da la gana.

Louis vuelve a sonreír y deja el tenedor sobre el plato, que ahora está junto a mí en la encimera. Noto como se acerca a mí y pone mis piernas entre sus manos haciendo que nuestras caras estén a centímetros.
-¿Qué te pasa hoy?
-Me pasa que eres un completo idiota. Eres bipolar.
-¿Bipolar?
-Ajá.
-No quiero que nadie se entere de lo que ocurrió ayer.
-¿Qué pasa? Ni que liarse con alguien fue un pecado.
-Lo sé. No quiero que se enteren, Bombón. No aún. Más adelante.
-¿Más? ¿Piensas que va a haber más besos como los de ayer? No. No después de esto.
-¿Esto?

Suspiro y empujo a Louis para que se aleje de mí y poder bajarme de la encimera pero no puedo porque es intangible ahora mismo y mi mano traspasa su pecho. Aquí veo mi oportunidad para escapar: bajarme de la encimera, traspasar el cuerpo de Louis e ir a mi cuarto y alejarme de la odiosa lechuga. Pero cuando mis pies han tocado el suelo, Louis no es traspasable y me arrincona contra una de las paredes con su pecho.
-¡Te odio!
-Mentirosa.
-¡Gilipollas!
-Puede.
-¡Insoportable!
-Venga, Bombón. Insúltame.
-¡Loco! ¡Imbécil! ¡Idiota!- digo mientras le doy puñetazos en el pecho para intentar escaparme.

Pero, cuando me doy cuenta de que Louis no se va a dar por vencido, abro la boca para que me meta el puñetero trozo de lechuga pero él se acerca a mí y me besa.

miércoles, 7 de mayo de 2014

53.

-Así que vais bien, ¿no?- pregunta Kate.

Asiento. Estoy sentada junto a Niall en el laboratorio de biología. Kate me ha citado aquí a las ocho de la tarde el viernes. Nos hemos tenido que colar -unos por la ventana de los vestuaios de chicos del gimnasio y otros con Louis que nos ha hecho traspasar las paredes del instituto-.
-¿Qué tal estos días en la casa de la cala?
-Bien. Me hacen sentir como en mi propia casa.
-¿Y con las mellizas hablas?
-No mucho. Cuando quiero decirles algo están siempre con las chicas y no puedo decirlas lo que tengo que decir.
-¿Y qué tal con Louis como novio?
-Sus amigas ya están buscando vestido para su boda- bromea Niall.
-Entonces se lo han creído.
-Hasta el fondo- añado.

Kate sonríe y se sienta en una de las sillas que hay en la clase con una sonrisa.
-Niall, ¿puedes salir y dejarnos solas?

Niall la mira, sonríe y después sale. Kate, cuando ha visto que no queda nadie aparte de nosotras dos abre la boca de nuevo.
-¿Qué tal te estás llevando con Louis?
-Bien- contesto-. Antes era muy bipolar pero ha ido cambiando. Ahora es agradable estar con él. Aunuqe tiene momentos de protección.
-¿Has dicho que es agradable?
-Sí. Me trata muy bien y es muy simpático.
-¿Simpático?
-Sí.
-¿Y protector?
-Sí- repito-. Duermo con él todas las noches.
-En la misma cama.
-Sí.
-Abrazados.
-¿Cómo lo sabes?
-¿Has olvidado de que veo el futuro?
-No pero...
-He tenido varias visiones de vosotros dos a lo largo de esta semana- susurra mientras me mira-. ¿No te das cuenta de lo que ocurre?

Pienso pero cuando voy a contestar la cierro. No sé a qué se refiere.
-Da igual, Lucy. Ya te darás cuenta.
-Pero...

Kate me manda callar y me señala una de las paredes del laboratorio.
-Hola- interrumpe Louis traspasando la pared con rapidez-. Nos tenemos que ir. Sam llegará en un momento a otro y la has dicho que estarás allí.

Frunzo el ceño pero luego me relajo. ¡Ahí está el Louis protector del que he hablado a Kate! Sige teniendo en la cabeza que Jimmy y Kate son antirosados que me quieren matar.
-Yo también me tengo que ir- dice ella mientras recoge todas sus cosas-. He quedado con unos amigos para ir a la ciudad.

Dicho esto, se va sin despedirse de Louis aunque le sonríe como si le estuviese diciendo algo. Pero él le mira serio.
-No me gusta que te quedes sola con ella.
-No ocurre nada, Louis.
-Vamos- dice-. Los demás se han ido ya.

Salimos por una de las paredes que dan a la calle y caminamos de la mano por si acaso nos ve algún compañero de clase y para que Sam piense que somos la pareja perfecta pero no hay nadie en casa. Solo hay una nota en la que explica que ha salido con Jimmy a cenar para darle la noticia de su enlace a la familia del novio.
-¿Quieres cenar unos filetes empanados?- pregunto mientras abro el frigorífico.
-No es mala idea.

Pero Louis no me deja acercarme ni a la vitrocerámica ni a los cuchillos por miedo a que me haga daño.
-Yo podría cortar las patatas.
-No me ha gustado para nada cuando me ha sonreído Kate.
-¿Piensas que va a aparecer y me va a acuchillar cuando no te des cuenta?
-Eso o algo parecido.
-Como sigas así voy a pensar que somos novios de verdad- bromeo mientras me sienta en la encimera.
-¿Y eso te gustaría, Bombón?

Suelto una carcajada y observo a Louis mientras pela una de las patatas que he puesto en un plato.
-No eres mi tipo de chico.
-¿No?- pregunta mirándome fijamente.
-No. Bueno, nunca hago caso a mi tipo de chico.
-¿Y eso?
-Siempre acabo saliendo o teniendo algo con gente totalmente distinta a la que tengo en mente. Una vez estuve saliendo con un heavy.
-¿En serio?

Afirmo con la cabeza.
-Yo tampoco es que haga mucho caso a mi tipo de mujer.
-¿Cómo es?
-Rubia, bajita y con las tetas grandes.
-¡Louis!

Él suelta una carcajada y me mira divertido.
-¿Qué? ¡Es la verdad!
-¡No puedes usar ese tipo de vocabulario para describir a la persona ideal para ti.
-Pues entonces que tenga las glándulas mamarias desarrolladas.
-¡Louis, no tienes remedio!- exclamo intentando aguantar la risa.

El rosado me mira con media sonrisa y la boca y vuelve la vista a las patatas para echarlas al aceite caliente de la sartén.
-Lo puedo hacer yo- repito bajándome de la encimera pero me detiene.
-Aléjate. El aceite puede saltar.
-Tendré que correr ese riesgo.
Yo correré los riesgos por ti. Apartate- dice mientras me empuja suavemente con una de sus piernas hacia atrás.

Le miro sorprendida. Desde luego lo del "roce hace el cariño" tiene toda la razón del mundo porque llevamos "saliendo" tres semanas y nuestra relación ha pasado de no hablarnos casi -y si lo hacíamos era para discutir- a dormir abrazados todas las noches y él a protegerme de la manera que puede. Aquí es cuando me doy cuenta de que Louis será un buen marido y un buen padre, de esos que sorprenden a la mujer con cualquier mínimo detalle y dando las "buenas noches" a sus hijos con un beso en la frente.
-¿Qué ocurre?
-Nada.
-Algo ocurre porque no es normal esa sonrisa que tienes en la cara.
-Serás un buen padre.
-Eso lo seré si no salgo con los pies por delante de la OMER.
-No digas tonterías.
-Solo salen vivos un cinco por ciento.
-Vosotros seréis de ese cinco por ciento.
-No lo tengo muy claro.
-¿Nunca has fantaseado con ser padre?- pregunto.

Louis saca los filetes de la sartén y los pone sobre un plato.
-No.
-¿No?
-¿Debería?
-¡Claro! Es muy divertido- digo intentando acercarme a él pero me aparta de nuevo con su pierna. Debe de pensar que la vitrocerámica es un arma que carga el diablo-. Piensas en la casa que compartirás con la persona con la que cases y en los hijos que tendréis juntos.
-Nunca he pensado en eso. ¿Tú?
-¡Por supuesto! Constantemente- digo-. Tengo toda mi vida planeada.
-Que friki, Bombón.

Abro la boca para fingir enfado ante su comentario aunque este me haya hecho gracia. es verdad. Es muy friki pensar en el futuro lejano e ir cambiándolo poco a poco según lo que te vaya ocurriendo en la vida.
-¿Te has enfadado?- cuestiona.
-¿Yo? ¡Que va!- digo mientras sigo fingiendo enfado.
-Vale. Te has enfadado.

Le oigo suspirar.
-¿Me cuentas tu vida planeada, Bombón?
-No- digo mirando a otro lado con aires de enfado. Incluso me cruzo de brazos.
-Venga...
-No.
-Lo estás deseando.
-Mentira.

De repente noto unas manos que se posan en mis costillas y suelto todo el aire cuando Louis empieza a hacerme cosquillas por el susto y por la risa que la situación me produce.
-¡Para!- grito.
-¿Me vas a contar tus planes de futuro?
-¡Jamás!

Sus manos no paran de pasearse con gran velocidad por los costados y por mi espalda y, cuando tengo la cara de Louis a escasos diez centímetros de la mía, es cuando me doy cuenta de que me ha cogido en brazos, me ha llevado hasta el salón, me ha tumbado en el sofá y que se ha tumbado sobre mí. Todo eso sin para de hacerme cosquillas.
-¿Me lo vas a contar?
-Dejame pensar...- hago un sonido gutural para darle a entender que me lo estoy pensando de verdad pero empieza de nuevo con las cosquillas y, para evitar ponerme roja por la falta de aire, se lo cuento-. Tendré dos hijos. Uno chico, que será el mayor, y una chica, que será la pequeas. Viviré con mi marido, un multimillonario que se ganará la vida en Wall Street, en una gran casa blanca con un inmenso jardín con una valla. ¡A lo americano!- digo- Y viajaremos por todo el mundo porque tendremos casas en las ciudades más importantes de todos los países- oigo como Louis suelta una carcajada-¡No te rías!
-¿Cómo no me voy a reír? ¡Te has creado una fantasía!
-¡Ah! Y mi marido será guapo, educado y detallista. No romántico. No me gusta esas cursilerías.
-Tierra llamando a Lucy- dice mientras que pasa su mano ante mis ojos para que tenga toda mi atención-. ¡Los príncipes azules no existen!
-¡Me da igual!

Louis vuelve a reír -parece que está de buen humor porque está relajado y bromea- pero de repente se detiene para volvereme a mirar mientras que se pone en una posición más cómoda sin levantarse de encima mío.
-¿Y qué harás con tus hijos?- pregunta, ahora con un tono más tranquilo. Podría decir que dulce.
-Educarles. Y leerles Harry Potter. ¡Me los estoy reservando solo por ellos!
-Que tonta estás.
-No. Es solo una inversión de futuro. Mis hijos me amarán por leerles esos libros cuando se vayan a la cama.

Louis curva sus labios mientras que no separa la mirada de mis ojos. Sus ojos azules ahora me trasmiten tranquilidad y protección. Yo tampoco aparto la mirada de él y, como él, sonrío. Entonces noto que la distancia que había entre nuestras caras ha ido disminuyendo hasta que noto sus labios sobre los míos. Sorprendida, no hago nada. No me aparto porque no puedo - Louis está aún sobre mí en el sofá- aunque tampoco lo haría. Me gusta la sensación que recorre todo mi cuerpo y, sin darme cuenta, le empiezo a corresponder. ¿Por qué? ¿Me gusta Louis? No. Pero esto me está resultando demasiado agradable.

Noto que Louis se separara de mí lentamente rompiendo el beso y me mira.
-Lo siento- susurra-. No he debido de hacer eso.

Le miro mientras que me muerdo el labio. Sigo notando el sabor de la boca del rosado en la mía.
-No te preocupes- le responde antes de apoyar mi mano sobre su nuca y acercarme de nuevo a él para, esta vez, besarle yo.

sábado, 3 de mayo de 2014

52.


-Bueno, Louis, ¿qué edad tienes?- pregunta Sam tras tragar el trozo de lasaña que se había metido en la boca.
-Veinte- responde él.
-¿Y sigues en el instituto?
-Sí.
-Pues vamos bien- susurra Sam a Jimmy.

Yo pongo los ojos en blanco antes de beber un poco de agua.
-¿Y qué carrera vas a estudiar?- pregunta mi hermana.

Sam lleva toda la cena preguntando cosas a Louis para "conocerle". Pero, las preguntas que hace Sam, junto a la sinceridad de Louis, hacen que me esté empezando a sentir incómoda.
-No lo sé.
-¿No lo sabes?
-No. 
-Estás en el último curso de instituto, vas a hacer la selectividad y ¿aún no sabes qué estudiar?
-No creo que haga la selectividad.

Sam pone un gesto de desaprobación y luego me mira como diciendo "menudo novio tienes, ¡que joyita!".
-¿Por qué no vas a hacer la selectividad?
-Lo veo una pérdida de tiempo sino voy a hacer una carrera.
-Entonces irás a un módulo.
-No creo.

Jimmy mira a Samantha y tose.
-¿Queréis postre?- pregunta mientras se levanta de su silla-. He hecho mousse de chocolate.
-Te ayudo- digo poniendo el trapo que uso de servilleta sobre la mesa.
-Y yo- dice Louis.

Sam se queda en la mesa pensativa mientras que nosotros tres vamos a la cocina.
-Podías mentir un poco, ¿no?- digo a Louis mientras que saco del frigorífico las tarrinas del postre.
-Pensaba que a las chicas os gustaban los chicos sinceros.
-Les gustan los chicos sinceros, pero a las hermanas mayores les gusta los chicos que tengan planeado un buen futuro- dice Jimmy mientras saca unas cucharillas.
-¿Para qué mentir? En unas semanas estaré muerto.
-Repite eso de nuevo y te mato yo antes de que vayas a la OMER- susurro.

Louis hace un gesto con las manos antes de coger las tarrinas en las que Jimmy ha puesto un poco de nata montada para llevarlas a la mesa.
-¡Tú!- digo antes de que salga del cuarto-. Nos terminamos el postre y salimos a dar un paseo.
-¿Un paseo romántico? ¿Con besitos? ¿Agarraditos de la mano?- pregunta con ironía.
-Louis, Sam tiene pensado ver una peli los cuatro. No quiero ver como mi hermana me pone caras largas por el supernovio que me he echado.

Luego sale sin contestar.
-¡A veces es imposible!- digo mientras pongo las cucharas en las otras dos tarrinas.
-Solo son los fines de semana- me dice Jimmy antes de salir también.

Media hora después, Louis mira el mar mientras que tira piedras para que salten sobre la superficie del agua mientras que yo estoy sentada en una toalla que he traído de casa sobre la arena.
-¿No hablas, Bombón?- pregunta tras mirarme y lanzar una piedra al mar haciendo que salte tres veces.

Suspiro y cierro los ojos para frotármelos. Se me ha debido de meter algún grano de arena.
-No tengo la necesidad.
-¿Por qué?
-Porque no.
-¿Te has sentido mal por lo que le he dicho a tu hermana?
-Eso no importa, Louis... Lo nuestro es mentira.
-Ya lo sé pero...
-¡Es que me has hecho quedar fatal! ¡Has hecho creer a mi hermana que eres un zoquete!
-¡Eh, eh! ¡Tranquila!- dice mientras lanza otra piedra al mar.
-¡No me tranquilizo, Louis!- digo-. Mi hermana siempre me dice que tengo que encontrar a alguien que sea listo, rico...!
-¿Jimmy es listo y rico?
-Desde luego no es tonto. Y bueno, no sé cuanto ganará pero no...
-¿Qué clase de persona es Sam? ¡Da consejos que ni ella misma sigue!

Me froto más el ojo y noto como empieza a lagrimar para autolimpiarse. Es muy molesto.
-¡Pero Jimmy es muy majo!- digo.
-¿Y yo no?
-Tienes ataques de bipolaridad.
-Te lo recordaré cada vez que vengas por las noches a dormir conmigo. 
-Eres un idiota.
-¡Ah! O sea, me paso todas las noches abrazándote y ahora soy un idota. ¡Genial!
-Solo han sido tres.
-Pues me han parecido eternas- tira la última piedra y se gira-. Quizá porque roncas como un puto demonio y... ¿Por qué estás llorando, Bombón?

Le miro sorprendida tras rascarme con dureza el ojos. Maldita arena.
-Lucy, ¿por qué lloras?
-¡No estoy llorando, imbécil! ¡Se me ha metido un grano en el ojo!

Louis me mira con la cabeza inclinada a un lado y se acerca a mí con lentitud antes de sentarse junto a mí en la toalla.
-Dejame ver.
-¿El qué?
-¿Qué va a ser? Tu ojo.

Suspiro y giro la cabeza para que Louis, tras sacudirse las manos en el pantalón, me coja la cabeza con cuidado y separe los párpados de mi ojo irritado para luego soplar. Me fijo en sus ojos azules. Muy pocas veces le he mirado a los ojos pero ahora puedo decir que son muy bonitos. Son de un color azul intenso y me recuerdan al mar que tenemos a unos cuantos metros. Sonrío ante la cercanía de Louis y noto unas pequeñas descargas en las puntas de los pies.
-¿Ya?- pregunta tras unos segundos.

Cierro el ojo y me lo rasco. Luego le abro.
-Creo que sí- susurro-. Gracias.
-De nada.

Ambos nos observamos con una sonrisa y veo sus hoyuelos aparecer en los extremos. 
-¿Tienes frío, Bombón?
-No. Estoy bien con la sudadera.
-¿Seguro?

Louis me ve dudar y se quita su chaqueta enseguida para luego ponermela sobre los hombros. 
-Gracias, de nuevo.

Oigo que Louis se ríe y mira el mar.
-¿Sabes hacer que las piedras salten sobre el mar?
-Lo he intentado muchas veces pero nunca me sale.

Entonces se levanta y se sacude los pantalones antes de tenderme la mano.
-¿Qué?
-Dame la mano que te ayudo a levantarte.
-¿Para?- pregunto mientras le tiendo la mano.

Me ayuda a levantarme y, sin soltarme de la mano, me acerca a la orilla para tenderme una piedra que ha cogido del suelo.
-Ponla paralela al suelo y lánzala al agua.
-Pero...
-Mirame.

Le observo como levanta el brazo y lanza una piedra que salta tres veces hasta que se sumerge. Intento imitarle pero la piedra se une antes de saltar la primera vez. Y la segunda vez. Y al tercer intento.
-¿Te ayudo?
-Sí, por favor.

Entonces noto que rodea mi cuerpo para acabar poniendo su mano sobre la mía y guiando mi mano para lanzar la piedra que salta dos veces.

viernes, 2 de mayo de 2014

51.

Me despierto en medio de la noche en la cama de Louis por culpa de otra pesadilla. Abro los ojos y veo como entra un poco de luz de la luna por la ventana. Me levanto de la cama y, tras estirarme, me dirijo a esta para poder observarla con curiosidad. Se puede ver como el mar hace que las olas choquen contra unas rocas que están a unos veinte metros de distancia. Abro la ventana y sonrío al recordar como mi madre, a veces, cuando no podía dormir, me llevaba al porche y me sentaba sobre sus rodillas para acunarme, besarme en la frente y, mientras me hacía algunos tirabuzones con sus finos dedos, escuchábamos los sonidos del mar. 
-Los sonidos del mar no solamente se basan en el oleaje- me dijo una vez.

Y tiene toda la razón. Se basa en las olas rompiéndose, en las burbujas subiendo a la superficie, a peces que saltan de vez en cuando a la superficie. A veces también en las bocinas de los barcos pesqueros que salen del puerto en la madrugada.

-¿Recuerdas cuando tu abuelo te llevaba en Almagro?- preguntó otra vez mi madre refiriéndose a la pequeña barca que tenía mi abuelo.

Yo, entonces sonreía con alegría. Todos los sábados me quedaba a dormir a casa de mi abuelo para que, a las ocho, estuviésemos ya en el mar con dos cañas de pescar. Rara vez pescábamos algo pero cuando lo hacíamos obligaba a mi abuelo a volverlos a dejar libres. Tenía la infantil idea de que los peces tenían que hacerse cargo de sus hijos y de sus esposas para poder alimentarles.

-¿Y recuerdas que el verano pasado hicimos un castillo de arena enorme?- preguntó otra vez mi madre aquella noche-. Ibas con ese bañador rosa que tanto te gusta. Ese que tiene lazos a los lados- continuaba. 
-Sí, mami- decía yo luego con cariño.

Luego, como si morfeo viniese de repente, me quedaba dormida cuando mi madre me tarareaba una canción.
-A veces pienso que los rosados somos como el mar.

Me giro asustada cuando reconozco la voz de Louis a mis espaldas. No sabía que estaba allí.
-¿Como el mar?- pregunto tras haberme relajado.
-Sí. Solo una pequeña porción encontrará la orilla.

Suspiro y le dejo sitio en el umbral de la ventana para que él pueda observar también el mar. Cuando apoya sus codos en la vieja madera se ríe.
-Tienes mucha suerte de no ser una rosada, Lucy- dice finalmente.
-A mí me gustaría ser rosada.
-No sabes lo que dices.
-Sí. Sí se lo que digo. Podría ayudar a la gente. 
-Pero tendrías solo un cinco por ciento de posibilidades de...
-Ya lo sé. Eso es lo que jode el cuento.
-Esto no es un cuento. Matan a gente, Lucy. La mata. ¡Tú eres la prueba viviente, joder!

Veo como se lleva la mano a la cara y como sorbe por la nariz. Por un momento pienso que debe de estar acatarrado. ¡Siempre va por la casa con los pies descalzos y con pantalones cortos! Pero cuando nuestras miradas se cruzan me doy cuenta de que ha soltado una lágrima y que está intentando controlarse para no derrumbarse. Trago aire. Es una situación muy incómoda. Sería un poco menos incómoda con Zayn o con Liam... ¡Incluso con Niall o Harry! Pero con Louis no sé que decir. No tengo la misma confianza que con los demás.
-¿Qué hora es?- pregunto para intentar hacerle creer que no me he dado cuenta de su momento de debilidad. Sé cómo se ponen los tíos cuando se les ve llorando.
-Las cuatro y media- dice tras mirar su reloj de muñeca-. Deberías irte a dormir.
-No tengo sueño.
-¿Has tenido otra pesadilla?
-Sí- digo mientras que me abrazo a mí misma por la brisa que entra por la ventana.
-¿Tienes frío, Bombón?
-Un poco- susurro-. Hace un poco de corriente.

Louis arruga la frente y cierra la ventana con cuidado de no hacer ruido y no despertar a los demás. Luego me lleva a la cama empujándome suavemente y me obliga a meterme en la cama. Pero me niego a dormir. Desde que hablé con el doctor Mason sobre la OMER mi cabeza no ha dejado de torturarme con pesadillas. ¡Y eso que yo no voy a ir! Me incorporo sobre el viejo colchón y miro a Louis que se sienta en una silla de madera con la mirada fija en mí.
-¿Cómo se llamaba tu hermana?- pregunto.
-¿Mi hermana?
-Sí. Ya sabes. A la que...

"A la que mataron". Me muerdo el labio para no soltar la última palabra y para no joder uno de los que podrían ser los pocos recuerdos agradables que tenga con Louis dado que siempre que estamos solos saltan chispas.
-Phoebe.
-Me dijiste que cuando la...- vuelvo a evitar esa palabra- tenía cinco años.
-Sí.
-Debió de ser muy duro para ti.
-Lo sigue siendo. No sabes lo culpable que te sientes cuando te das cuenta que por tu culpa han matado a un miembro de tu familia.

Suspiro y me hecho el pelo para atrás.
-¿Cómo están tus padres después de eso?
-Mi madre entró en depresión. La ley de la vida dice "quien nace antes muere antes". Lo peor que le puede ocurrir a un padre es ver morir a uno de sus hijos- dice él.

Trago saliva.
-¿Y tu padre?
-Ni idea. Se fue a por tabaco.
-¿Os abandonó?
-El muy hijo de puta se largó de casa a las dos semanas de que ocurriese dejándonos a mi madre y a mí solos.

Trago otra vez saliva. Es muy duro escuchar a Louis contando eso.
-¿Cuántos hermanos tienes?
-Tengo tres hermanas. Las dos pequeñas son gemelas.

Sonrío al darme cuenta de que su mirada ha cambiado de tristeza a alegría en unos segundos.
-Son unos trastos... ¡No se están quietas! A veces mi madre se estresa.

Me muerdo el labio para no soltar una carcajada al imaginarme a dos niñas correteando alrededor de Louis. Seguro que él se pondría muy nervioso. Con la poca paciencia que tiene...
-Luego mi madre encontró a un hombre. Fue con el que tuvo a mis tres hermanas.
-¿Él sabe que eres rosado?
-No. Solo lo pueden saber tus padres, tus hermanos y una persona que elijas. Y mis hermanas, al ser solo mediohermanas no lo saben. Tampoco dejaría que mi madre les contase el secreto...
-No quieres que la historia se repita, ¿no?

Louis me mira fijamente de nuevo cuando bostezo.
-Duermete, Bombón.
-No tengo sueño.
-Sí tienes sueño. ¿Tienes miedo a tener más pesadillas?

Me muerdo el labio. Esta vez por vergüenza. Veo como Louis se levanta de la silla y se acerca a la cama.
-Echate un poco más allá- dice mientras que levanta las sábanas para meterse en la cama.

Le hago caso. No tengo derecho a negarme. Esta es su cama.

Cuando se mete, se tapa y luego me abraza de la misma forma que la noche del sábado en mi casa tras tumbarme: pasa un brazo por debajo de mi cuello, otro por mis costillas y sus manos se enlazan para capturarme en esa especie de candado humano.
-Así podrás dormir tranquila.
-¿Tú no duermes?- pregunto.
-Después de comer me dormiré un par de horas pero nada más. 
-Si quieres puedes dormir ahora. Yo me quedaré despierta. Te avisaré si ocurre algo.
-Eso dijiste el otro día y te quedaste dormida.
-Pero...
-Duermete, Bombón.

Suspiro y cierro los ojos notando, como el otro día, los latidos de Louis en mi espalda pero, cuando ya estoy profundamente dormida y sin ninguna pesadilla en mi cabeza, me acurruco en el pecho del chico para sentirme -por primera vez desde la muerte de mi padre- protegida.

Por la mañana estoy de buen humor. Pongo leche -que Harry calienta- en seis vasos y nos bebemos cada uno uno. La llegada al instituto está llena de bromas por mi parte. He llegado a apodar a las piernas de Liam "Jack" y "Jenny" tras llegar a la conclusión de que, si fueran personas, formarían un gran matrimonio. Liam solo se ríe mientras que me coge en brazos y me pone sobre sus hombros como si fuese un saco de patatas. Pero cuando llegamos a mis taquillas, Louis agarra mi mano y, antes de dejarme con mis amigas, me da un tierno beso en la mejilla.
-Buenos días- dice Elizabeth.
-Buenos días- canturreo.
-¡Què buen humor para ser jueves!- dice Andy sorprendida.
-¿A que sí? Yo también me he sorprendido.
-¿A qué se debe?
-No lo sé. ¿No puedo estar de buen humor porque sí?

El día avanza y mi humor sigue bien. Bromeo, salto, hago el idiota con Niall durante el entrenamiento e, incluso, cuando los chicos se meten en el mar para relajarse, me uno a ellos. Y, después de darme un baño con agua -que me ha calentado Harry-, de cenar y de que todos menos Liam -que le toca vigilar- se vayan a la cama, voy al cuarto de Louis y me meto en la cama.
-¿Qué ocurre?- pregunta asustado.
-Tengo pesadillas.

Louis me mira y se ríe. Pero no dice nada, solo levanta las sábanas para dejarme ponerme sobre el colchón.
-Bombón, te estás comportando como una niña pequeña.
-Callate- susurro antes de notar como me abraza de nuevo.

jueves, 1 de mayo de 2014

50.

Los rayos del sol que entran por mi ventana me molestan y hacen que me despierte algo molesta. Miro el reloj que hay encima de mi mesilla. Sol las diez de la mañana. Hago cuentas. Tengo que estar a las once y media en la cala para entrenar a los chicos. Solo tengo que ducharme, desayunar, vestirme, secarme el pelo e ir a la cala. No me va a dar tiempo. Ni de coña.

Me incorporo de la cama cuando un sonido estridente llega a mis oídos desde la cocina. Parece que Jimmy está cocinando tortitas. Solo espero que lo deje luego todo recogido. Siempre ensucia todo y... ¡Dios! ¡Le pidió ayer matrimonio a Sam y no sé su respuesta! ¡No sé si se van a casar!
-Te dormiste- oigo susurrar a Louis justo detrás mío.

Mierda. Le dije que me iba a quedar despierta hasta que viniesen Samantha y Jimmy y me quedé dormida leyendo.
-No me quedé dormida- miento.
-Sí. Lo hiciste.
-No. No lo hice.
-Bombón, fueron tus ronquidos los que me despertaron.
-No ronco.
-Sí. Lo haces.

Suspiro y cuando me voy a incorporar noto que los brazos de Louis me siguen abrazando pero deshace el agarre de sus manos para dejarme levantarme.

Cuando salgo del baño tras ducharme, vestirme y peinarme, voy a la cocina donde veo todo totalmente desordenado y manchado con la masa de las tortitas y con el sirope de chocolate que a Samantha le encanta. En la mesa está sentada ella con una gran sonrisa mirando a Jimmy que no borra tampoco su felicidad de la cara cuando me ve.
-Buenos días, Lucy- dice.

No le contesto. Solo busco en los dedos de Samantha el anillo de compromiso que tenía ayer su novio preparado y, cuando lo encuentro en su dedo anular izquierdo pego un salto y grito.
-¡Te casas!

Sam se ríe cuando me tiro sobre ella para abrazarla y para besarla en las mejillas. Luego se tira sobre Jimmy para felicitarle también.
-¡Esto es genial!- grito de felicidad.
-Felicidades- dice Louis entrando por la puerta de la cocina con una gran sonrisa falsa pero que Sam no percibe-. Me alegro mucho.
-Muchas gracias, Louis- dice ella.

Al rato llegamos a la cala. Hace un buen tiempo -parece que dejamos atrás las tormentas y el frío-. Me centro en Harry y en su poder para ayudarle a quemar unos troncos, cosa que, ahora, no le resulta difícil. Luego lo congela. Niall grita todo el rato las órdenes que saca de mi cabeza mientras que veo como Zayn, Liam y Louis hacen sus ejercicios. Les he empezado a poner unos ejercicios más duros ya que ahora Niall tiene que comunicar todas nuestras mentes para que cada uno podamos escuchar lo que los otros piensen, Liam tiene que ir hasta la otra punta del pueblo y traerme piedras volcánicas de uno de los parques, Zayn tiene que mover con la mente dos sacos de cincuenta kilogramos cada uno y Louis tiene que atravesar una de las grandes rocas en uno de los extremos de la cala.
-¡Ya hemos terminado!- grito cerrando el cuaderno que uso para ir apuntando todos sus progresos- Muy bien todos.

Veo como Zayn choca su mano con la de Niall feliz y como luego viene a mí junto a los demás.
-¿Vais ya a tu casa?- pregunta Harry.
-No. Comeré aquí si no os importa. Jimmy y Samantha se han comprometido y creo que deberían estar un día solos.
-¿Se casan?- pregunta Liam.
-Sí.
-Enhorabuena- dice Niall.
-No me lo digas a mí- contesto-. Yo no me caso.

Cuando hemos comido bajo a la bodega para poder echarme una siesta antes del segundo entrenamiento del día. Me tumbo en el sofá y cierro los ojos pero no consigo conciliar el sueño así que me pienso en mis cosas.

Al día siguiente, al inicio de las clases, las chicas me esperan en mi taquilla mientras que hablan de cosas sin importancia. Yo solo bostezo cuando abro mi taquilla. Agradezco muchísimo que los chicos me protejan en la casa de la cala pero los colchones que tienen son viejos y tienen bultos por todos los lados haciendo que mi columna vertebral me duela horrores y no me deje descansar bien. También está que me despiertan por la madrugada al cambio de guardia para cambiar de cama. Recuerdo que esta noche no tenía ninguna gana de levantarme -estaba tan dormido que mi cuerpo se negaba a moverse- y que Niall me ha cogido en brazos para llevarme a su cama.
-Buenos días- dice Holly-. Parece que no has dormido bien.
-No- digo antes de bostezar de nuevo-. Estoy molida.

Cuando meto mis libros en la taquilla una hoja se cae llamando la atención de Elizabeth que se agacha y lo coge para leerlo.
-"Lucy Smith, la puta de Louis Tomlinson"- lee.

Estoy podrían habérselo ahorrado pero después de que Louis me abrazara, me besara en la mejilla e hiciera más gestos de cariño hacia a mí frente a mis amigas pues la gente ha ido atando cabos hasta creerse ellos también la mentira de los novios.

Trago saliva y le cojo la hoja para hacerla añicos y tirarla a la basura pero una mano me detiene y, con cuidado, coloca los papelitos sobre su libro ordenándolos como si se tratase de un puzzle. Louis lo lee y luego se gira para ver a los demás estudiantes que se ríen. Solo espero que no diga nada y que se mantenga al margen. Zayn ya me defendió una vez y sé como acabará esto.
-¿Quién ha sido el gilipollas que ha escrito esto?- eleva la voz el rosado.
-No, Louis, para- susurro con tono de súplica.
-¿Quién ha sido el subnormal que ha hecho esto?- vuelve a preguntar mientras que coge los papelitos.

Todos los alumnos se miran sorprendidos. Incluso algunos se miran cómplices.
-¡No es ninguna mentira lo que pone en el papel!- dice un chico de pelo castaño.

Louis le mira cabreado.
-No montes un espectáculo- le pido-. Por favor.

Luego me mira y noto que su mirada se suaviza. Sus puños, que se habían cerrado para empezar a dar puñetazos al autor de la nota, se relajan. Finalmente suspira.
-¡Eres un gilipollas!- dice Andy mientras que cierra mi taquilla y nos indica con la cabeza que nos marchemos.

Durante el periodo de la cafetería, Louis se queda en su sitio. No viene a nosotras y eso me resulta raro. Ya me había acostumbrado a que viniese a mentir a mis amigas sobre lo enamorada que estoy de él o de los regalos que me hace o de las invitaciones de helado u otras cosas. Aunque supongo que no querrá venir por lo de la nota. O incluso está harto de mí. Ha pasado todo un fin de semana conmigo en mi casa. No nos hemos separado en ningún momento.

Cuando Jimmy se va de la cala tras comer -hoy a traído unos filetes empanados que los chicos han agradecido mucho- empezamos con el duro entrenamiento pero no sin antes soltarles una charla a los chicos. He visto en los cuadernos de mi padre que, llegado a este punto en el que los chicos están cansados de los entrenamientos, hay que darles una motivación. Ahora mismo me encuentro frente a los chicos -que parecen que están hartos de los ejercicios que les pongo porque cada vez se les ve más relajados y más pasivos aunque consigan unos resultados asombrosos y que vayan consiguiendo mejores marcas- como si yo fuera un general que va a soltar un discurso sobre la patria a sus soldados.
-¿Qué os pasa?- pregunto-. ¿Estáis cansados de los ejercicios?

Los chicos se miran sorprendidos. Nunca me he parado a decirles cómo van. Eso siempre se queda entre mis cuadernos, el doctor Mason y yo.
-No creo que vuestra actitud sea la correcta en esta situación. Sois rosados. Tenéis que ir a la OMER. Tenéis que salir vivos de ahí. Tenéis que encontrar a una pareja y formar una familia como hizo mi padre- digo con voz autoritaria. Ahora mismo me estoy imaginando como Musolini o como Hitler frente a la población hablando sobre la futura guerra que se va a desencadenar-. ¿No queréis eso? ¿No queréis seguir con vida dentro de unos meses?

Veo a los chicos que se miran entre ellos y no encuentro lo que esperaba encontrar en sus ojos: esperanza. No tienen ninguna esperanza de poder salir vivos.
-Tenéis que salir de allí- digo.
-Solo sale el noventa y cinco por ciento- dice Harry.
-Mirándolo estadísticamente solo uno tiene un veinticinco por ciento de volver- añade Niall.
-¡Que les jodan a las estadísticas!- grito-. ¡Sois cinco y os estoy entrenando a los cinco para que todos tengáis un cien por ciento de volver!
-Pero...

Zayn cierra la boca cuando le miro mal. Entonces suspiro y me doy cuenta de todo lo que podría haber hecho si no hubiera empezado a entrenar a los chicos.
-Chicos, tenéis que daros cuenta de que yo estoy haciendo muchas cosas por vosotros- digo agarrando mis manos por el nerviosismo-. Casi no estudio, casi no hago las tareas, he dejado de salir con mis amigas y cuando lo hago me tienen vigilada para matarme.

Los chicos se miran entre ellos y entonces suelto un ultimátum.
-Si de verdad pensáis que no vais a salir vivos de la OMER deberíamos dejarlo aquí. Deberíamos de dejar de entrenar.
-Pero seguirían vigilándote para matarte- dice Louis algo apenado.
-Ya he pensado en eso- digo-. Niall se meterá en mi mente y me borrará la memoria. Entonces no recordaré nada y me dejarán en paz.
-¿Eso es lo que quieres?- pregunta Harry.

Entonces asiento derrotada.
-Niall, metete en mi mente y haz que olvide todo lo relacionado con la OMER y los rosados. Borra de mi memoria a Kate y el intento de asesinado.

Todos miran a Niall que mira al suelo mordiéndose el labio con lástima y cuando me mira y susurra un "vale" exploto.
-¿Pero sois gilipollas? ¡Vamos! ¡Tres series de abdominales!- grito.
-Pero...
-¡Vamos! ¡Estáis tardando!
-Pero...
-¡Cuatro series!
-¡Lucy!
-¡Cinco! ¡Y luego os pondré ejercicios más duros!- chillo mientras que les veo sentarse en la arena-. ¡Vamos! ¡Vais a volver de la OMER como que me llamo Lucy Smith! ¡Lo tengo claro!
-Pero...
-¡Y si no volvéis me encargaré personalmente de que un rosado os resucite para mataros yo con mis propias manos!