Tengo la mirada perdida, los ojos rojos e hinchados pero no por pasarme horas y horas viendo la pantalla de la televisión -la he ignorado tanto como a la comida-, sino por llorar.
Han pasado ya cerca de treinta horas desde que Jimmy y Kate me sacaron de la casa de cala. Han pasado ya cerca de treinta horas desde que no como nada, de que no bebo nada. Treinta horas sin dormir. Treinta horas sin ellos. Treinta horas desde que me siento muerta.
Hoy es sábado, hoy las chicas me llamarán para ir a dar una vuelta por el pueblo, me intentarán convencer de salir cuando les niegue el plan, Andy se enfadará conmigo. Pero no cojo el móvil. Y si llaman a casa Jimmy solo contesta a las llamadas de los números que conoce. No quiere molestarme.
Llevo treinta horas sin hablar, sin comer, sin beber, sin dormir. Treinta horas sin ellos. Treinta horas que me han parecido treinta días.
-Lucy- susurra Kate mientras que se acerca al sofá en el que estoy tumbada-, ¿te caliento la sopa?
Me mira con esos ojos marrones tan expresivos, esos ojos de los que desconfiaba cuando los vi a través del espejo el primer día que quedamos en los baños del instituto, esos ojos en los que aprendí a confiar cuando ninguno de los chicos lo hacían.
-Lucy, tienes que comer algo- me dice mientras que se agacha junto a mí y me mira preocupada-. ¿Prefieres un yogur?- su voz es dulce, como si le estuviese cantando una nana a un bebé que quiere que descanse, pero no la escucho. Tengo la mirada fija en la pantalla del televisor a la que sigo ignorando-. Creo que hay uno de limón. ¿Te gustan los yogures de limón? ¿O prefieres de fresa?
No contesto nada.
Se levanta y desaparece de mi vista.
-¿Qué ha dicho?- pregunta Jimmy desde la cocina.
-Nada. La voy a dar un yogur pero...
-¿Pero qué?
-No creo que se lo coma.
Oigo a Jimmy suspirar.
-¿Samantha viene hoy?- pregunta Kate.
-Sí. Estará al llegar.
-¿Sabe que...?
-No sabe nada.
-¿Nada?
-Nada de nada.
Kate deja el yogur encima de la mesa del salón y luego me mira.
-¿No tienes hambre?- pregunta.
No la respondo. No porque no quiera. Tengo un nudo en la garganta que me impide hablar.
Jimmy también se acerca y se agacha junto a mí tras arroparme mejor con la manta.
-Yo le explico todo a Sam, ¿vale?
Tampoco le contesto a él.
-Tú descansa. ¿Quieres irte a la cama?
Como no respondo me pone otra manta por encima y me coloca la almohada. Luego se acerca a mí, me da un ligero beso en la frente en señal de protección y me acaricia el brazo.
El motor del viejo coche de San llega a mis oídos media hora después y Jimmy sale a ayudar a su prometida con todas las bolsas. El curso universitario casi ha acabado y San trae de vuelta sus cosas a casa.
-Hola- dice con voz alegre desde la entrada.
Kate, que ahora se ha sentado en una de las sillas de la mesa me mira más preocupada que antes. Después se levanta y va a la cocina.
Cuando Dam cierra la puerta de la casa me doy cuenta de que me está empezando a doler la cabeza y los músculos. Puede que de estar más de un día entero sin cambiar de posición, quizá por no comer.
-Hola, Kate- dice Sam sorprendida cuando entra en la cocina-. ¿Qué tal?
-Muy bien, ¿y tú?
-Agotada del viaje. Tengo unas ganas de meterme en la cama. ¿Qué haces aquí?
-Me ha pedido Jimmy que le trajese la cena- miente.
-Muchas gracias, Kate- dice Jimmy nervioso.
-¿Qué estás buscando?
Empiezo a notar como se me seca la boca. Quizá va siendo hora de beber algo después de tantas horas.
-Una pastilla. Me duele un poco la cabeza.
-Oh, los medicamentos están en ese cajón.
-Muchísimas gracias.
Intento levantarme con cuidado de que los músculos no hagan un gran esfuerzo pero no tengo mucha fuerza en los brazos así que, al intentar levantarme, me caigo al suelo creando un sonido sordo.
-¿Qué ha sido eso?- pregunta Sam.
Intento levantarme pero no puedo, las manos me sudan y no tengo aún fuerzas. Intento respirar pero un dolor en el pecho me lo impide. Mi corazón late muy deprisa.
Oigo unos sonidos que no puedo adivinar. ¿Son pasos?
Una figura da la vuelta al sofá y se sienta junto a mí. No distingo la cara pero debe de ser Kate por su pelo oscuro.
Intento levantar mis brazos para llevarles al pecho, para intentar ayudarme a mí misma pero me resulta imposible.
-¡Lucy!- dice Kate mientras me da unos golpecitos en la mejilla-. ¡Tranquilízate, Lucy! ¡Es un ataque de ansiedad! ¡Tranquilízate!
Más pasos. Otra figura con el pelo rubio -Sam- se arrodilla junto a mí.
-¿Lucy? ¡Lucy!
Jimmy viene tras ella e intenta hacerse hueco entre las dos mujeres.
Oigo a mi hermana angustiada mientras que Jimmy me coge en brazos y me sienta en el sofá.
-Tranquilizate, Lucy- dice nervioso.
-¿Qué la pasa?- pregunta Sam.
-Kate, trae agua- dice él.
Pasos alejándose. Luego acercándose.
-Abre la boca- me dice Kate antes de meterme una pajita en la boca.
Empiezo a beber con mucha rapidez pero me quitan la pajita.
-Intenta respirar más despacio.
Le hago caso y hago el esfuerzo. Tardo cerca de un par de minutos en conseguirlo y, cuando mi visión y mi audición vuelven a la normalidad, la opresión de mi pecho y empiezo a tener de nuevo fuerza en los brazos, Samantha me abraza con decisión, casi haciéndome daño.
-¿Estás bien, Lucy?- me pregunta.
Asiento con la cabeza y tomo una gran bocanada de aire.
-¿Qué ha pasado?- pregunta de nuevo-. ¿Por qué te ha dado un ataque de ansiedad?
Como no contesto Sam empieza a desesperarse y cuando comienza a zarandearme Jimmy la para.
-Lleva desde ayer por la mañana sin contestar.
-¿Qué?
-Ha... Ha ocurrido algo.
-¿Qué ha pasado? ¡Jimmy! ¿Qué ha pasado?
-Los amigos de Lucy han desaparecido. No se sabe nada de ellos desde después de la cena de graduación.
Intento no escuchar las palabras de Jimmy y dirijo mi mirada a Kate que me muestra una pastilla y un vaso de agua.
-Tomatelo. Te sentirás mejor- susurra.
La obedezco y me trago la pastilla con rapidez.
-¿Cómo que han desaparecido?
-Sí- dice Jimmy-. Querían ir a la capital de fiesta. Estaban borrachos por lo que me dijo Lucy ayer. Y...
-¡James Tomas Eliot!- grita de pronto Sam- ¡Dime que no es lo que estoy pensando!
-¿En qué estás pensando, cielo?
-¡Esto tiene que ser una broma!
-No es una broma, Sam. Han desaparecido.
-¡Sabes que con lo de que era broma no me refería a eso! ¡JamesTomas Eliot! ¡Dime que no!
-¿El qué?
-¡Dime que Lucy no está metida en problemas de rosados y en asuntos de la OMER!
Kate me mira aún preocupada mientras aparta mi pelo de la cara para que pueda beber el agua mejor.
-¡James Tomas Eliot! ¿Es o no es lo que estoy pensando?
Jimmy mira a mi hermana sorprendido por sus palabras pero cierra la boca antes de contestar.
-Yo...
-¡James Tomas Eliot! ¡Te dije que vigilaras a Lucy cuando yo no estuviera en casa!
-¡La he vigilado!- grita él-¡Y la cuidé!
-¿No creíste que eso podría ser peligroso?
-¡Cuando te fuiste ya lo sabía todo!
-¿Y no pudiste mentirla como hice yo cuando vino diciéndome que mis padres habían sido asesinados?
El vaso se me resbala de las manos mojando todo el sofá y rompiéndose.
Mi hermana sabía todo.
Mi hermana sabía la verdad.
Mi hermana sabía de los rosados.
Mi hermana sabía lo de mis padres.
Y no me dijo nunca nada.
-¿Por qué no me lo contaste?- grito. Son mis primeras palabras en treinta horas- ¿Por qué te lo callaste?
Los tres me miran sorprendidos sin saber que decir.
-¿Por qué no me hablaste de que papá tenía una doble vida en la que entrenaba a personas que tenían poderes?
-Lucy...
-¡Ni Lucy ni hostias! ¡He pasado meses pasando miedo por si la OMER me mataba! ¡Y tú lo sabías!
-Lucy...
-¿No crees que era una informació importante para mí?
-¡Lo hice para protegerte!
-¿Para protegerme? ¡Me he pasado desde año nuevo entrenando a cinco rosados y tú sabías todo!
-¡James! ¿Ha estado mi hermana entrenando a rosados?
-Sam... Te juro que...
-¿Me vas a decir que no lo sabías?
Samantha mira a su prometido enfurecida. De hecho ha cogido un jarrón de cristal y parece que quiere estamparlo en la cabeza de Jimmy.
-¡Claro que lo sabía!- contesta él- Pero...
-¿Lo sabías y no has hecho nada para impedirlo.
-¡No culpes a Jimmy! ¡Él por lo menos me ha ayudado con todo esto!- grito yo.
-¡Debería haberte alejado! ¡Debería de haberme avisado!
-¡Te lo hubiese dicho yo misma si hubiese sabido que lo sabías!
-¡Lucy, papá y mamá no querían que...!
-¡Me da igual lo que quisiesen nuestros padres!- me giro y me quito el jersey que tengo puesto y lo tiro antes de hacerme una coleta para dejar mi nuca con la cicatriz expuesta- ¿Ves esto? ¿Lo ves?
-¡Oh, Dios mío, Lucy! ¿Cómo diablos te has hecho eso?
-¡Me intentaron matar, Sam! ¡La OMER envió a un antirosado para matarme por entrenar a los chicos! ¡Un antirosado que se hizo pasar por papá! ¿Sabes lo que es ver la cara de papá tras siete años, pensar que sigue vivo y que luego quiera matarte?
-¿Cómo que intentaron matarte? ¡James Tomas Eliot!
-¡No ha sido culpa de Jimmy! ¡Me escapé! ¡Me escapé y me pillaron!
-¿Te escapaste? ¿De dónde?
-¡Me vigilaban los chicos! ¡Constantemente! ¡Por eso venía Louis todos los fines de semana! ¡Para mantenerme a salvo!
-¿Qué?
-¡Cuando tú estabas en Oxford estudiando yo estaba viviendo en la casa de la cala! ¡Porque conocerás la casa de la que te hablo! ¿No?
-¡Lucy!- dice Sam.
-¡No sabes por lo que he pasado! ¡No lo sabes! ¡Y no lo sabrás nunca porque no has estado en mi piel! ¡Entrenar a los chicos fue decisión mía! ¡Y solo mía! ¡No sabes lo que es tener a siete personas constantemente pendiente de ti para que no te pase nada! ¡No sabes lo que es estar pendiente de unos rosados que están condenados a muerte! ¡No sabes lo que es estar enamorada de alguien quien se ha ido a la OMER pensando que va a morir!
-¡Jimmy estuvo en la OMER! ¡Sé cómo te sientes!
Tras esas palabras me doy cuenta de que Samantha está llorando. También me doy cuenta de que yo estoy llorando.
Sin decir nada me dirijo a mi hermana para abrazarla porque, por fin, la he dicho lo que ocurre con mi vida. La he dicho la verdad. Hemos dejado de ocultar cosas.
-¿Estás bien?- pregunta mientras me acaricia el pelo.
Niego con la cabeza sin ocultar algunos jadeos.
-Vete a dormir, Lucy.
-Está bien.
Me separo de ella y entro en mi cuarto donde me tumbo en mi cama y me arropo con las sábanas que aún huelen a Louis.