Translate

jueves, 28 de agosto de 2014

60.

Tras la pequeña conversación que tuve con la madre de Louis este fue haciendo muchas cosas. Me sacaba de la cala por la noche y me invitaba a cenar una hamburguesa o paseábamos. Cada vez que le decía que no hacía falta se mostraba reacio a cambiar los planes. "Tenemos que aprovechar el tiempo." decía siempre. 

Falta una semana para que llegue junio y eso le parece angustiar ya que, en nuestros ratos libres, me secuestra y me lleva al pueblo. Su actitud poco a poco fue cambiando. Se volvió más protector hace un par de días y no me soltaba ni en los pasillos del instituto. Y en los entrenamientos procura estar cerca de mí. Y por la noches me abraza más fuerte de lo normal. Su candado ya no solo abarca mi cuello y pecho sino que sus piernas tambien rodean mis caderas. 
-No me va a pasar nada- le digo una vez tras la cena.

No estoy segura de si Louis ha puesto una mueca en su cara o si simplemente me ignora. 
-Solamente quiero que te relajes- digo con una sonrisa.
-Y yo solo quiero aprovechar el poco tiempo que me queda contigo. 
-Tenemos todo el tiempo del mundo después de la OMER.

Louis suelta un gruñido antes de quitarse la camiseta y se pone otra. 
-Mchas veces se me ocurren cosas fantásticas que hacer contigo. Muchísimas. Tengo miedo de que una se me olvide. 

Él mira al suelo pero yo me levanto con energía de la cama donde estaba sentada y bajo a la cocina. Louis me persigue con curiosidad. Entonces cojo un par de botellas de plástico que usamos para traer agua o cualquier ptro líquido y le lanzo una.
-Vamos a escribir todo lo que queremos hacer en papeles y luego los vamos a meter en nuestra botella.
-¿qué?
-Así podremos hacer todo lo que queramos sin que se nos olvide. Tenemos rodo el tiempo del mundo así que escribamos cualquier chorrada. ¡Yo quiero irme de vacaciones a Grecia! Cuando vuelvas de la OMER podremos ir allí. 
-¿Sigues pensando en que volveré de...?
-Solo tenemos que marcar un día para poder leer todos los papeles y tirarlos al mar. 
-¿Al mar?
-Así nadie más lo podrá leer a parte de nosotros. 

Louis observa la botella y suelta una carcajada. 
-Estás loca.
-No lo estoy. Es una buena idea. 

Me sonríe y, aunque sabe que es una buena idea, me mira como si estuviera loca. 

Luego, mira por la ventana de la cocina y se queda pasmado. Por un momento siento algo de miedo. ¿Ha visto algún antirosado? ¿Hay alguien ahí fuera espiando la casa? Luego le veo feliz y entonces miro a la ventana también. A través de la lscuridad se cuela una pequeña luz que estará a un par de kilómetros de la cala, entre las montañas. Ya me dijo una vez Louis que pensaba que era un hotel de montaña. 
-Por las noches, cuando duermes- dice una vez que hemos vuelto a su habitación y que se ha apoyado en el marco de madera de la ventana  para ver el exterior-, me imagino como debe de ser ese hotel. 

Le admiro con dificultad. La poca luz que daba el sol se ha ido tras el anochecer pero llegan a su cara los reflejos de la luna en el agua del mar. Eso hace que su piel, que esta ligeramente bronceada, empalidezca un poco y que sus rasgos faciales se noten aún más. 
-Debe de ser un hotel rústico. ¿Sabes qué te digo? Todo hecho de madera. El suelo, las paderes... Con una chilenea en cada habitación para que los huéspedes no pasen frío en invierno. Debe de ser perfecto para las parejas. 

Hace un extrañl ruido con la boca. 
-Lo que me falta es saber su nombre. Al principio había pensado en algunos nombres cursis paraatraer a la clientela más romántica. Como "El rincón de Cupido". Pero me pareció muy pasteloso. 

Uno de los momentos que más me gusta del día es este. Todas las noches, cuando estoy a solas con Louis en su cuarto, ocurre lo que he empezado a denominar como "los cinco minutos". Todas las no hes hay un momento en el que Louis parece olvidarse de todo y en el que habla de cualquier cosa que se le venga a la cabeza. Nunca le interrumpo ya que, este rato, el rosado parece relajado, tranquilo, sin tensiones que le crispen el humor. Y tengo miedo de formular una pregunta que le enfade. Luego, siempre me mira, me sonríe y me hace meterme en la cama junto a él. 
-Además, también deben de haberse alijado allí muchos excursionistas que no tengan un lugar donde pasar la no he así que lo más apropiado sería ponerle un nombre relacionado con la naturaleza. "El Sauce", por ejemplo.  

Se gira y me mira. Su cara muestra un gran cansancio. He de decir que me he pasado hoy con el entrenamiento. Pero faltan apenas unos días para empezar a tener miedo de la OMER. 
-Pareces cansada- me dice cuando finjo un bostezo. Muchas veces me veo obligada a fingir sueño ñara que Louis pueda descansar ya que si no lo hago es capaz de estar toda la noche en vela por mí, y me niego a que no rinda con los ejercicios que le mando-. ¿Por qué no nos dormimos, Bombón? 
-Está bien- susurro mientras me meto bajo las sábanas de su cama.

El cuerpo de Louis me cubre como si nunca antes me hubiese protegido, como si esta fuese la primera vez que tuviese miedo de que me ocurriera algo. 

Finjo dormir durante un rato y cuando noto que los brazos del chico no me apretujan con tanta tensión sé que se ha quedado dormido. 

Dicen que cuando una persona duerme se puede saber -sin necesidad de palabras- cómo es, si es bueno o si es malo, si tiene miedo o es valiente. Y yo creo que me encuentro ante un Louis frágil.   

miércoles, 27 de agosto de 2014

59.

-Entonces el entrenamiento bien, ¿no?- pregunta el doctor Mason mientras coloca algunos papeles sobre su mesa.

Asiento con la cabeza mientras hago un sonido gutural.
-Todo va perfecto- dice Liam apoyándome.
-Genial. ¿Y los exámenes?
-También bien- miento. No hemos tocado ningún libro en los últimos días.
-Me alegro. Podéis iros ya. El conserje va a cerrar en diez minutos el instituto.

Liam y yo salimos de la enfermería con una sonrisa en la boca y cuando nadie nos puede ver, me subo a la espalda del rosado y llegamos a la cala al minuto para preparar mi mochila e ir a casa con Louis.
-¿Ha dicho algo importante?- pregunta Niall.
-Ya sabes como es el doctor- le añade Liam-. Nunca dice nada importante.
-A lo mejor hoy se le habían cruzado los cables y...
-¿Nos vamos?- pregunta Louis mientras coge mi mochila y se la echa al hombro-. Sam estará a punto de llegar.

Asiento con una sonrisa en la boca antes de despedirme de todos y de salir disparada por la puerta bajo la vigilancia de Louis. 

Cuando llegamos a la casa, Sam nos observa por la ventana de la cocina sorprendida. Supongo que hemos sido poco cuidadosos al venir con nuestras mochilas desde el bosque asi que cuando entramos en casa, mi hermana nos interroga. 
-¿Por qué venís del bosque?  

Miro a Louis intentando ver si su cara expresa alguna respuesta. 
-¿Algo que decir, Lucy?
-Ha estado algo enferma- dice Jimmy saliendo de una habitación-. Me dijo que si podía ir a casa de Louis a...
-¿Louis no vivía entre semana con otro amigo?

Jimmy susurra algo que solo podría ser escuchado por los cuellos de su camisa y mira a mi hermana. 
-Los padres de mi amigo están ahora de viaje. Así que mi amigo podría permitirse tener una cama más ocupada- dice Louis con la frente arrugada pero con seriedad. 

Sam no parece contenta con esa respuesta pero luego se acerca a mí y me observa como si pudiera detectar la verdad en las palabras de Louis.
-¿Qué te pasaba?- pregunta algo borde.
-Me dolía el estómago.
-¿Nada más?
-Y tenía fiebre.

Eso hace que mi hermana se tense un poco y lleva su mano a mi frente. Luego me la besa.
-Debe de haberse pasado ya.
-Sí, me siento mucho mejor. Louis me ha cuidado.

Sam mira de nuevo a Louis y luego -definitivamente- quita la extraña mueca de la cara.
-¿Y tú cómo has estado?

Louis se sorprende y, antes de que pudiera decir algo, mi hermana ha llevado su mano a su frente.
-Tú tampoco tienes fiebre. Pero no me habéis contestado. ¿Por qué venís del bosque?

El rosado mira a Jimmy para pedir un poco de ayuda. Nunca me hubiese imaginado que Louis le pidiera algo a Jimmy.
-Necesitaba aire fresco. He estado todos estos días yendo solo a clase. Por las tardes nunca salía y...
-¿Y el bosque es el mejor sitio para ir a estirar las piernas?
-Disculpadla- dice de pronto Jimmy acercándose a su novia-. Se ha esforzado mucho en un trabajo y no le han puesto la nota que quería en la universidad... Está un poco molesta.
-¿Molesta?- dice Samantha con brusquedad-. ¡Llevaba trabajando cerca de dos meses y...!

Yo, al ver de esta, la oportunidad de oro para poder ir a mi habitación, cojo a Louis de la mano y tiro de él.

El fin de semana pasa lentamente. Sam no me deja salir de casa por mi supuesta enferdad y por miedo a que me vuelva a subir la fiebre que la dijimos que tuve pero, cuando ella no se da cuenta, Louis y yo salimos corriendo de la casa bajo la vigilancia de Jimmy. 

Los entrenamientos son cada vez más duros y eso se nota cada vez que abandonamos la cala ya que los chicos vuelven a la cama para descansar un poco. 

El lunes, tras llegar al instituto, las chicas me acosan con preguntas sobre lo que he hecho el fin de semana pero luego se calman cuando suena el timbre que marca el inicio de las clases. 

Mi relación con Louis ha hecho un giro de ciento ochenta grados ya que siempre intenta demostrar lo que me dijo aquel día en mi casa: que me quiere. Pero esta vez me dejo guir por mi propio instinto y le correspondo siempre. Me he cansado de tener que ocultar mis sentimientos y en los pasillos del instituto nos damos distintas muestras de cariño: un abrazo por aquí, un apretón de manos por allá... No nos besamos casi nunca en público por petición mía. No quiero que el doctor Mason me venga de nuevo dando la lata sobre la OMER y sobre que no debo coger cariño a los chicos aunque eso ya no va a ser posible. 

La relación que tengo con los demás rosados es singular. Liam me trata como su mejor amiga y cada vez que tiene algún problema respecto a sus poderes nos sentamos en la cocina de la casa de la cala y lo intentamos solucionar con prisa. Con Harry me lcurre lo mismo y puede qu esté más pendiente de él que del resto por su tardanza en controlar sus poderes. Niall es con quien mi relación más ha cambiado. Al principio me negaba a que estuviera en mi mente pero ahora lo animo y ya no tengo miedo de lo que pueda ver en mis pensamientos ya que confío en él. Y Zayn me trata de la misma forma que a una hermana. Pero yo le trato de la misma forma que le trataría mi padre: con respeto, con cariño pero con preocupación. 

No quiero que ninguno se quede criando larvas en la OMER. 

Una vez estando con Louis tras la hora de comer me susurra una cosa: 
-Quiero que conozcas a mi madre. 

Mi mente se nubla tras esas palabras. ¿Qué?
-Sé que es algo pronto pero queda poco tiempo para que me vaya. Y quiero hacer todo lo querría hacer contigo antes de irme. Y una cosa es que conozcas a mi madre. 

Mi gargajta tiene un nudo que impide que trague con tranquilidad. 
-Vas a volver de la OMER.

Louis, sin decir nada se levanta y me mira. 
-Pero estaré encantada de conocer a tu madre. 

Mentira. ¿Cómo es posible que se le haya ocurrido tal cosa? Pero son las nueve de la noche, estamos en pijama y su madre no vendrá esa misma noche. Tengo tiempo para hacerme a la idea. De todas formas, ¿esto no lo hacen los novios? ¿Louis y yo solos novios? Nunca lo hemos hablado. De hecho, no hemos rozado ni un tema parecido. 

Sonríe y luego busca un par de sudaderas. Me lanza una. 
-Vamos.

Mis manos tiemblan. ¿Qué quiere que haga? No tengo frio. No necesito una sudadera para estar por la casa. Hay una agradable temperatura gracias a todos los canales de ventilacion que llegan hasta el salón donde el fuego que ha hecho Harry está.
-Si nos damos prisa podemos llegar antes de que se acuesten las niñas. 

No. No creo que pretenda llevarme ahora a su casa para comocer a su madre. Vive en Doncaster. Tardaríamos mucho tiempo en llegar. Necesitaría más que una sudadera para evitar el frío. Veo que coge su cartera y la examina. Oh, no. Espero que no me suba a un autobús. Aunque dudo aue haya un autobús directo a Doncaster. Y menos a estas horas. 

Salimos de la casa tras despedirnos y al rato llegamos a las calles del pueblo donde varias personas parecen sorprendidas de ver a un par de adolescentes vestidos con sus pijamas. Louis tira de mí mintras que to me pregunto qué trama. 

Pronto llegamos a una pequeña plaza donde una cabina de telefono se halla solitaria. Él me abre la puerta y me la sujeta indicándome con una gran sonrisa en la boca que entre. 

Cuando estamos los dos dentro de la cabina -apretujados-, saca su cartera y mete unas monedas en la ranura. Luego pulsa unos números y espera con impaciencia. Sus pies dan pequeños golpes en el suelo antes de que hable. 
-Buenas noches, mamá... No te preocupes. No ha pasado nada... De verdad... Que no... Mamá, solo quería que... Ya sé que es muy tarde pero es importante... 

Miro por el cristal de la cabina las calles buscando alguna sombra que me asuste o a alguien que parezca que les observa. Cada vez que salgo de noche me acuerdo del suceso ocurrido con un antirosado que se hizo pasar por mi padre y cuyo enfrentamiento dejó como huella una herida en la parte superior de la nuca, justo sobre el hueso que hace de unión entre el cráneo y la columna vertebral. Levanto la mano y la acaricio con cuidado, como si tuviera kiedo de que se abriese y volviese a sangrar tanto como debió de sangrar.

En la calle no parece que haya nadie que quiera espiarnos pero me asusto cuando una mano me toca la muñeca de la mano que acaricia la cicatriz. Louis me mira con nerviosismo mientras que me señala el suricular del teléfono. 

Lo agarro con miedo como si la madre de Louis fuese a salir de allí para gritarme.
-¿Hola?- pregunto.
-¿Lucy? ¿Lucy Smith?

La voz que está al otro lado parece ralaja pero se le nota un matiz de alegría. 
-Hacía mucho tiempo que quería saber sobre ti.
-Ah, ¿sí?
-¡claro! Louis me ha hablado mucho de ti. ¡Quería saber sobre la chica que trae loco a mi hijo! 

Noto que me ruborizo y echi una mirada tímida a Louis que tiene la cara seria pero a la vez alarmada. 
-No creo que esas sean las palabras apropiadas para... 
-Son las palabras mas exactas, Lucy. Louis me lleva hablando de ti mucho tiempo. Tengo entendido que eres la hija de Charlie, ¿no? 

Una punzada llega hasta mi corazón al oír ese nombre.
-Me gusta mucho que entrene a mi hijo. A Louis siempre le había gustado el atletismo, ¿sabes? 

Miro a Louis asombrada pero recuerdo que Zayn me dijo que sus familias creen que mi padre sigue vivo y que es él quien les entrena. Lo que no me encaja es lo del atletismo. Puede que Louis la haya dicho que es lo que piensa todo el mundo. Es una gran idea ya que mi padre era el entenador del equipo de atletismo del colegio. 
-Algo me había dicho- miento. 

Continuo hablando con la madre de Louis -se llama Johanna pero me ha obligado a llamarla Jay- durante un rato hasta que Louis me avisa de que se ha quedado sin monedas para echar así que, tras despedirme de la agradable mujer, le cedo el auricular al muchacho para que se despida. Este cuelga tras unos segundos. Luego dirige sus ojos a los míos y enlaza sus brazos alrededor mío.
-Gracias, Bombón.   

domingo, 3 de agosto de 2014

58.

Hoy llueve. Mucho. Tanto que necesito llevar un chubasquero de un color amarillo fosforito que, si no fuera por el barro que salpica cada vez que pasa Liam corriendo, se vería a kilómetros de distancia.
-¡Vamos, vamos, vamos!- grita Niall tras leerme la mente.

Hoy toca entrenamiento intensivo.
-¡Vamos, Harry! ¡Más rápido!- vuelve a gritar el irlandés.

La lluvia no cesa. Pensé que el tiempo, desde hacía dos semanas, sería soleado, con algún par de nubes como mucho. Pero esto es Inglaterra y aquí la lluvia puede venir cuando menos te lo esperas.
Mis botas de color marrón están caladas. Me las había puesto para no notar el frío pero parece ser que el agua se ha filtrado ya que, si quiero, puedo chapotear en ellas. Estoy tentada a decirle a Zayn que me acompañe a la casa de la cala a cambiarme de zapatos pero de nada serviría porque mis pies se volverían a mojar en menos de lo que canta un gallo. Además, queda muy poco para que el entrenamiento finalice. Ya esta casi anocheciendo.

Cuando llegamos a la casa de la cala Liam parece agotado. Ha estado durante dos horas corriendo a maxima velocidad sin descansar. Zayn y Harry deciden hacer la cena -pizza, ¿como no?- mientras que Louis me ayuda a secarme. 
-Estas empapada- susurra para intentar romper el hielo.
-Es lo que suele pasar cuando pasas casi toda la tarde en la calle cuando llueve.
-Vas a coger un resfriado. ¿Por que no llamas a Harry para que te caliente un poco de agua y te duchas?
-Estoy bien así.

En mi mente solo grito a Dios para que Niall aparezca por arte de magia en el cuarto para intentar liberar la tension que noto sobre mis hombros pero parece ser que el Señor no me escucha -tampoco Niall-. 
-Quedate quieta un momento- susurra Louis antes de poner sus manos sobre mis hombros. Justo después oigo como el agua de mi ropa cae hasta el suelo mientras que por mi espalda noto un escalofrío por los poderes de Louis. El rosado me toca la ropa unos segundos después-. Estás seca.

Mis manos van hasta mi camiseta gris y la palpan. Es cierto. No sé como pero Louis ha debido de usar sus poderes para dejar caer el agua hasta el suelo. Mi pelo también esta seco.
-Gracias- susurro antes de hacerme una coleta con mi pelo.

A veces, un silencio, no tiene porque significar nada. A veces, los silencios son cómodos. Otras veces -esta- un silencio puede ser totalmente incómodo. A veces, un silencio puede significar muchas cosas que no se han dicho. Otras veces puede significar una única cosa que no se ha podido expresar como alguien quiere. Y eso puede hacer sentir a tu corazon agarrotado, miedoso, intranquilo... Sin darme cuenta me llevo la mano derecha al corazón para intentar liberarlo de su jaula para que salte, se mueva y, por una vez, sea feliz. Pero no puedo. Noto la mirada de Louis y eso hace que mi corazón se debilite. 
-¿Ocurre algo, Lucy?

Niego con la cabeza intentando parecer convincente con mi mentira. Trago saliva para intentar que no salga un gemido de mi garganta. 
-Lucy, ¿sabes que puedes contar conmigo?
-No me llames así.

Miro al suelo con miedo. Mis ojos se están llenando de lágrimas. ¿Por qué? ¿Por qué tengo que ser tan desgraciada? 
-¿Cómo?
-No me llames "
Lucy".
-¿Cómo quieres que te llame entonces?
-"
Bombón"- susurro notando las lágrimas recorrer mis mejillas. Con un movimiento rápido las aparto de mi cara.

Luego unos brazos me rodean, se enlazan en mi espalda y me empujan ante el pecho de Louis que, con una de sus manos acaricia mi espina dorsal. Noto un beso suyo en mi frente y, sin haberme dado cuenta, estoy llorando desconsoladamente. Quizá ahora es cuando me he dado cuenta de la mala suerte que tengo. Tengo miedo. Miedo de enamorarme de un chico que, seguramente, muera en unas semanas. 
-Pensé que no te gustaba que te llamase así- susurra en mi oído.

Y no me gustaba. Pero con ese apodo me siento más suya. Y a él le siento más mio. 
-Louis- susurro tras un rato, cuando me siento más tranquila.
-Dime.
-¿Puedes besarme?

Él se aparta de mi unos centímetros y me mira, me mira con seriedad pero a la vez con inquietud. Veo su brillo a falta de la electricidad que se necesita para poder encender las lámparas de la casa.
-Claro que puedo. ¿Quieres que te bese?
-Sí- susurro antes de notar sus labios sobre los míos.