Translate

domingo, 3 de agosto de 2014

58.

Hoy llueve. Mucho. Tanto que necesito llevar un chubasquero de un color amarillo fosforito que, si no fuera por el barro que salpica cada vez que pasa Liam corriendo, se vería a kilómetros de distancia.
-¡Vamos, vamos, vamos!- grita Niall tras leerme la mente.

Hoy toca entrenamiento intensivo.
-¡Vamos, Harry! ¡Más rápido!- vuelve a gritar el irlandés.

La lluvia no cesa. Pensé que el tiempo, desde hacía dos semanas, sería soleado, con algún par de nubes como mucho. Pero esto es Inglaterra y aquí la lluvia puede venir cuando menos te lo esperas.
Mis botas de color marrón están caladas. Me las había puesto para no notar el frío pero parece ser que el agua se ha filtrado ya que, si quiero, puedo chapotear en ellas. Estoy tentada a decirle a Zayn que me acompañe a la casa de la cala a cambiarme de zapatos pero de nada serviría porque mis pies se volverían a mojar en menos de lo que canta un gallo. Además, queda muy poco para que el entrenamiento finalice. Ya esta casi anocheciendo.

Cuando llegamos a la casa de la cala Liam parece agotado. Ha estado durante dos horas corriendo a maxima velocidad sin descansar. Zayn y Harry deciden hacer la cena -pizza, ¿como no?- mientras que Louis me ayuda a secarme. 
-Estas empapada- susurra para intentar romper el hielo.
-Es lo que suele pasar cuando pasas casi toda la tarde en la calle cuando llueve.
-Vas a coger un resfriado. ¿Por que no llamas a Harry para que te caliente un poco de agua y te duchas?
-Estoy bien así.

En mi mente solo grito a Dios para que Niall aparezca por arte de magia en el cuarto para intentar liberar la tension que noto sobre mis hombros pero parece ser que el Señor no me escucha -tampoco Niall-. 
-Quedate quieta un momento- susurra Louis antes de poner sus manos sobre mis hombros. Justo después oigo como el agua de mi ropa cae hasta el suelo mientras que por mi espalda noto un escalofrío por los poderes de Louis. El rosado me toca la ropa unos segundos después-. Estás seca.

Mis manos van hasta mi camiseta gris y la palpan. Es cierto. No sé como pero Louis ha debido de usar sus poderes para dejar caer el agua hasta el suelo. Mi pelo también esta seco.
-Gracias- susurro antes de hacerme una coleta con mi pelo.

A veces, un silencio, no tiene porque significar nada. A veces, los silencios son cómodos. Otras veces -esta- un silencio puede ser totalmente incómodo. A veces, un silencio puede significar muchas cosas que no se han dicho. Otras veces puede significar una única cosa que no se ha podido expresar como alguien quiere. Y eso puede hacer sentir a tu corazon agarrotado, miedoso, intranquilo... Sin darme cuenta me llevo la mano derecha al corazón para intentar liberarlo de su jaula para que salte, se mueva y, por una vez, sea feliz. Pero no puedo. Noto la mirada de Louis y eso hace que mi corazón se debilite. 
-¿Ocurre algo, Lucy?

Niego con la cabeza intentando parecer convincente con mi mentira. Trago saliva para intentar que no salga un gemido de mi garganta. 
-Lucy, ¿sabes que puedes contar conmigo?
-No me llames así.

Miro al suelo con miedo. Mis ojos se están llenando de lágrimas. ¿Por qué? ¿Por qué tengo que ser tan desgraciada? 
-¿Cómo?
-No me llames "
Lucy".
-¿Cómo quieres que te llame entonces?
-"
Bombón"- susurro notando las lágrimas recorrer mis mejillas. Con un movimiento rápido las aparto de mi cara.

Luego unos brazos me rodean, se enlazan en mi espalda y me empujan ante el pecho de Louis que, con una de sus manos acaricia mi espina dorsal. Noto un beso suyo en mi frente y, sin haberme dado cuenta, estoy llorando desconsoladamente. Quizá ahora es cuando me he dado cuenta de la mala suerte que tengo. Tengo miedo. Miedo de enamorarme de un chico que, seguramente, muera en unas semanas. 
-Pensé que no te gustaba que te llamase así- susurra en mi oído.

Y no me gustaba. Pero con ese apodo me siento más suya. Y a él le siento más mio. 
-Louis- susurro tras un rato, cuando me siento más tranquila.
-Dime.
-¿Puedes besarme?

Él se aparta de mi unos centímetros y me mira, me mira con seriedad pero a la vez con inquietud. Veo su brillo a falta de la electricidad que se necesita para poder encender las lámparas de la casa.
-Claro que puedo. ¿Quieres que te bese?
-Sí- susurro antes de notar sus labios sobre los míos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario