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martes, 4 de noviembre de 2014

64.

  • Nunca me gustó mentir a las chicas. Siempre me sentía mal cuando las decía que tenía que estudiar o que no me apetecía salir cuando, en realidad, tenía otro planes. Pero me alegro de haberlas mentido. Si supieran la verdad no sé que sería de ellas ahora. Quizás estarían muertas.

    Seguro.

    Seguro que estarían muertas.

    Tampoco estoy orgullosa de mi distanciamiento. Desde que empecé a entrenar a los chicos mi relación se enfrió. Ya no hablábamos tanto. No hablábamos de casi nada a decir verdad. Siento que he perdido confianza en ellas.

    Cuando me preguntaban por Louis al principio cambiaba de tema. Era un noviazgo falso, rastrero. Y no podía decirlo. Odiaba a Louis. No le aguantaba. Pero luego, cuando la cosa entre nosotros dos empezó a funcionar, seguía cambiando de tema. No quería que nadie supiera lo que hacía con él. No quería que nadie supiera nuestros secretos, nuestras confesiones íntimas. Era algo íntimo. Era solo nuestro. De Louis y mío.

    Pero todo lo que pensaba de las chicas -nuestro distanciamiento, nuestras pocas conversaciones- se han ido al garete porque llevan en mi cuarto desde hace cerca de tres horas. Andy está estudiando Historia, Eli está enfrascada con su calculadora resolviendo algunos problemas matemáticos y Holly lee en voz alta Economía para que se me quede algo.

    Siempre me preguntan cosas, llevan horas diciéndome cualquier tontería pero no he hablado aún. Parece que el nudo de mi garganta no desaparece.

    "Por lo menos hoy no lloro." pienso cuando Holly empieza a explicarme una serie de características de las distintas Sociedades Anónimas.
    -¿Quieres agua, Lucy?- me pregunta cuando termina de leer en voz alta.

    No hago ninguna mueca que pueda ayudarla.

    Tampoco he hecho nada cuando han entrado las tres explicándome que se habían enterado de todo gracias al hijo de un policía que hay en clase.
    Ni siquiera he hecho nada cuando me han dado una información que quizá debería haber tenido en cuenta: Charlotte y Leah, las mellizas que me libraron de la muerte una vez y me curaron heridas varias veces, también han desaparecido. 
    -¿O prefieres algo de comer?- vuelve a preguntar Holly. 
    -Holly, no te va a contestar. Sigue en shock- dice Andy. 
    -Solo intento que se sienta mejor.
    -Podríamos prepararla un sandwich. Y que se lo coma si quiere- dice Eli mientras se levanta y sale de mi cuarto para ir a la cocina.

    Andy sale junto a ella y me deja a solas con Holly que empieza a leer en voz alta otro tema de Economía.
    -¿Estás mejor?- pregunta al darse cuenta de que a lo mejor no la escucho.

    Me sorprendo a mí misma abriendo la boca e intentando decir "no" pero el aire no sale.
    Holly cierra el libro y se acerca a mí para apartarme el pelo -que está grasiento ya que no me he duchado desde el día de la graduación- de la cara y me acaricia la mejilla.
    -Lo sentimos mucho.

    Intento decir que lo sé pero esta vez no abro ni la boca. 
    -¿Sabes que nos tienes aquí?

    Asiento con la cabeza. 
    -¿A quién le apetece este sandwich tan rico de jamón y queso?- pregunta Eli enseñandome un plato con comida.

    Cuando voy a abrir la boca para -intentar- decir que no, me doy cuenta de que no he comido nada en condiciones desde el sábado, el día que me dio el ataque de ansiedad. No quiero que me dé otro -se han ido repitiendo- delante de las chicas. Además tengo hambre. Así que me incorporo en la cama y con cuidado extiendo mi brazo para coger el plato y empezar a comer de una santa vez.
    Cuando he terminado -las chicas me miran sorprendidas porque Jimmy les ha dicho que intentasen darme de comer pero que no se preocupasen si negaba la comida- Eli me mira con una sonrisa triste en la boca.
    -No te mereces nada de lo que te está ocurriendo- susurra antes de sentarse en mi cama.
    -Siendo sinceras no te mereces nada malo- dice Andy ahora.

    Tengo ganas de decirlas algo. Un simple "gracias" por sus palabras pero no puedo.
    -Eres el claro ejemplo de que el karma actúa de forma diferente a la que todo el mundo piensa -susurra Andy sentándose también sobre el colchón-. Haz cosas buenas y te pasarán cosas malas.

    Cierro los ojos y dejo el plato del sandwich sobre la mesilla de noche para luego hacerme una coleta. 
    -Les has dado la vida -susurra Holly mientras que me vuelve a colocar un mechon de pelo que se ha separado del resto-. No sé que hiciste pero desde que te juntaste a los esclavos del pirómano han cambiado. Se les ve felices.

    "Se les veía felices" intento corregir pero no abro la boca.

    Me acuerdo del principio de todo. La OMER, los rosados, sus poderes y todo eso me resultaba tan extraño. Es irónico que ahora me sienta extraño sin ninguna gota de sangre rosa en un amplio radio -Jimmy y Kate se han ido a trabajar. Kate ha debido de prever que si estoy con gente la OMER no me hará nada-. Es todo tan... normal. No estoy acostumbrada a esto. Estoy acostumbrada a ver cosas traspasar paredes, a ver cosas moverse en el aire, botellas apareciendo de la nada, troncos ardiendos y congelados y a escuchar cosas que estaban en mi mente saliendo por otra boca. 
    -En el fondo los esclavos del pirómano eran majos- susurra Andy.

    En mi cabeza hay algo que da vueltas. Han estado desde febrero llamándoles así. Yo también. Pero ahora me doy cuenta de que ese apodo era una gran mentira. Los chicos, incluso Harry, eran esclavos, esclavos de la OMER. La OMER si que es un pirómano. Te quita las cosas, te las arrebata, el fuego arrebata los árboles y las criaturas de un bosque. Solo deja las cenizas de unos bonitos recuerdos.

    Jimmy llega al rato y habla con las chicas para preguntar por mí y se sorprende a averiguar que he comido algo.

    Cuando ellas se van el rosado entra en mi cuarto con un cuenco de sopa que le niego. Creo que el sandwich me va a durar en el estómago por lo menos un par de días.
    -Sam va a venir ahora- me dice dulcemente-. Tenemos que decirte algo.

    No pregunto.

    Cuando Sam está en casa me levanto y voy en su busca.
    -Jimmy y yo tenemos que hablar contigo.

    Ambos se sientan en las sillas del comedor, justo en frente mía, y me miran preocupados.
    -¿Sabes quien es George Davies?- pregunta mi hermana.

    Niego con la cabeza. 
    -Es un psicólogo de la capital. Es amigo mío- dice Jimmy-. Está dispuesto a ayudarte lo máximo posible? 
    -No necesito un psicólogo- susurro mientras froto mis manos. Fuera de mi cama hace frío-. Volverán.
    -Lucy, es muy difícil que...
    -No. No es tan difícil. 
    -George está dispuesto a meterte en tu mente...
    -¿Es un rosado con telepatía?- pregunto recordando a Niall.
    -Sí- susurra Sam.
    -George está dispuesto a meterse en tu mente y borrar algunos recuerdos.

    Miro a Jimmy mientras que intento pensar en sus palabras.
    -¿Borrarme recuerdos?
    -Sí- dice él-. Borrarte algunos recuerdos.
    -¿Cuales?
    -Todos los relacionados con los rosados.

    Abro la boca.
    -¿Para qué querría yo...?
    -Lucy, la OMER quiere matarte. No quiere que nadie lo sepa. Quieren que...
    -No voy a ir a ese psicólogo.
    -¿Por qué no?
    -Quiero mantener esos recuerdos a salvo.
    -Lucy, estás en peligro.
    -No quiero olvidarme de ellos.
    -Solo será algo provisional.
    -¿Provisional?
    -Si- dice él-. Si los chicos vuelven iremos de nuevo al psicólogo para que te devuelva tus recuerdos.
    -¡Ah! ¿Y si no vuelven?
    -¿No decías que iban a...?
    -¡No voy a ir al psicólogo para que me borre los recuerdos! ¡En caso de que no vuelvan quiero recordarles!
    -Lucy, piensa un poco en esto.
    -¡Ya está pensado!
    -Si quieres mantener esos recuerdos necesitas a un rosado que te convierta en su elegida para saber el secreto.

    Cierro los puños. Necesito a alguien. 
    -Kate. Kate seguro que...
    -Ya tiene a alguien. 
    -Pues tú.
    -Yo ya tengo a Sam, Lucy.

    Echo la cabeza para atrás. Necesito a ese alguien. Necesito a un rosado que me elija a mí.
    -Jimmy- susurra Sam-. ¿Se puede hacer un cambio de elección?

    Jimmy mira a mi hermana y esta me mira a mí.
    -Yo puedo ir al psicólogo. 
    -¿Tú?- pregunta Jimmy sorprendido.
    -Sí. Me podrían borrar a mí los recuerdos.
    -¿Para qué querrías hacer eso?
    -Para que me cambies por Lucy.

    Miro a Jimmy jadeando. Me está dando otro ataque por el nerviosismo pero intento respirar más despacio para que se me pase. Además, el ritmo de mi respiración me impide escuchar bien.
    -¿Y qué pasaría contigo? 
    -Estaría bien- susurra ella-. Si hacemos esto que estoy diciendo ella podrá recordarles. A mi no me importa olvidarme de los rosados siempre y cuando estés junto a mí.

    Noto una punzada de dolor en mi estómago. Esa frase hace que mi estómago se revuelva entrándome ganas de vomitar el sandwich que me he comido. Ella le tiene a él. Él la tiene a ella. Se tendrán siempre. Yo no tengo a nadie. 

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