Camino por las calles del pueblo con rapidez. Me encuentro con grupos de personas que se ven obligados a dejarme paso porque como no lo hagan tienen muchas posibilidades de que les tire.
La feria se ha convertido a un lugar agobiante con esa gran cantidad de luces y de sonidos. Las melodías de las atracciones me producen un inmenso nerviosismo que me hace ir más rápido, sin tener en cuenta los niños que corren a mi alrededor en busca de un poco de algodón dulce o de un cucurucho de patatas fritas que sus padres les van a comprar. Algunos de esos padres me miran mal cuando empujo a sus hijos para dejarme via libre.
-¿Se puede saber qué haces?- me grita una madre mientras coge en brazos del suelo a su hija. La he debido de tirar.
-¡Lo siento, voy con prisa!- digo haciéndome hueco ya entre el siguiente grupo.
He llegado hasta el centro de la plaza, donde muchas personas de mi edad se amontonan hasta que empiece el concierto que está programado para hoy.
-¡Lucy!- me grita alguien cuando me veo obligada a parar a tomar aire-. ¿Qué haces aquí?
Me giro y veo a Andy junto a las chicas. Las tres llevan en sus manos unas bolsas. Quizás contengan algunas botellas de alcohol.
-No deberíais beber- digo mirando a todo lo que me rodea-. Esto está plagado de policías.
-¡Que les jodan a los policías!- dice Holly-. ¡Queremos emborracharnos!
-¡Baja la voz, Holly!- la riñe Elizabeth.
-¿A dónde vas?- pregunta Andy.
-Tengo unos asuntos pendientes- digo mientras que empiezo a caminar hacia una de las salidas de las ferias.
-¿Qué ha ocurrido?- pregunta Eli.
-Nada. Estaros tranquilas- susurro y antes de empezar a correr de nuevo añado:-. Quedaros aquí. ¡Ahora vuelvo!
Pero no voy a volver. No hoy.
Cuando salgo por una de las puertas me doy cuenta de que hay mucha gente. Hay muchas caras desconocidas para mí. Supongo que mucha gente habrá venido de pueblos cercanos para pasar la noche. Eso va a hacer más difícil lo que tengo que hacer. Y, como he dicho antes, hay demasiados policías. Espero que la música oculte lo que voy a hacer ahora.
Sigo corriendo hasta el paseo marítimo, donde está la cabina que usé para llamar a las familias de los chicos. Pero no me detengo allí. Sigo corriendo como alma que lleva el diablo. Como si mi vida dependiera de ello. Y de una forma u otra, eso es lo que ocurre.
Llego hasta la arena y sigo corriendo hasta un lugar en el que la gente no me pueda ver, un lugar lleno de plantas y de árboles que me introducen en la oscuridad. Solo tengo como testigo al mar.
Cuando me detengo observo lo que me rodea. Arena, agua salada y árboles llenos de hojas aunque, por la luz de la luna, puedo ver que muchas están a punto de caerse de las ramas. No creo que sea por el otoño -faltan dos meses- sino por el agua salada que absorben las raíces de las plantas.
Estoy sudando. Quizá por la carrera que me he metido entre pecho y espalda desde mi casa hasta aquí. Quizá por la adrenalina que corre por mis venas. Tengo ganas de quitarme la sudadera que me he puesto pero la noto pegada a mi piel. Además tengo frío. Mucho frío. Se necesita sangre fría para hacer lo que estoy haciendo.
La música de las ferias está tan lejos que el sonido de las suaves olas se sobreponen a ella. Y doy otra bocanada de aire. Luego miro al cielo y, tras tragar, formulo una pequeña oración:
-Dios, dame fuerzas.
Unas ramas se rompen a unos metros de mis espaldas y me giro con celeridad para encontrarmele a él.
Está ahí, a unos cinco metros de distancia, con la misma camiseta que usó la misma noche que se fue, con algunas heridas en la cara y en los brazos. Y parece cansado.
Esta vez no es una alucinación. Este no es el Louis imaginario. Puedo escuchar el ruido que hacen sus pisadas. Puedo oír su respiración agitada. Puedo notar mi corazón acelerado, golpeando con fuerza mi pecho.
El Louis imaginario nunca me hizo sentir así.
-Hola- susurra finalmente.
Y, por un instante, bajo la guardia y sonrío como una tonta. Llevaba tanto tiempo sin escuchar su voz...
Pero, tras ese corto segundo, mi espalda vuelve a ponerse recta, mis hombros alineados con mis pies.
-Siento haber venido ahora, Bombón- dice. La luz de la luna se refleja en sus ojos azules-. Llevo durmiendo casi todo el tiempo. Salí de la OMER agotado.
Mis labios tiemblan. Me obligo a no llorar. No quiero lágrimas. Quiero ser fuerte.
-Ha llegado hoy a mi casa la carta que escribiste a mi madre. Y me ha pedido explicaciones. Aunque también me ha dicho que te dé las gracias.
Mis manos no dejan de sudar y me las limpio restregándolas con la tela de mis vaqueros.
-Ha sido horrible, Bombón. No le deseo esta experiencia a nadie. Ha sido horrible. De verdad. He tenido que matar a gente para poder sobrevivir- Louis mira al cielo estrellado y luego vuelve a mirarme-. Pero estabas todo el rato en mi mente, Bombón. No te has alejado de mí en ningún momento. Y creo que eso ha sido lo que me ha salvado.
Su pecho se infla y desinfla como el mío cuando sufría los ataques de ansiedad. Y se muerde el labio con tanta fuerza que lo más probable es que se haga herida.
-Pero no hablemos más de mí. ¿Qué tal tú? ¡Siento si te he preocupado! ¡No me podía levantar de la cama! He estado todos estos día recuperando horas de sueño y fuerzas. ¡Lo siento, de verdad!
Sus ojos azules me miran casi sin parpadear pero han empezado a llorar. Y me temo que yo también. Noto mis mejillas mojadas. Pero no llevo mi mano a mi cara para comprobarlo. Estoy totalmente rígida.
-No llores, Bombón- susurra.
Mueve sus pies para dar un paso, para acercarse a mí, pero yo me alejo. Quiero mantener las distancias.
-¿Lucy?
-No te muevas- digo dejando salir todo el aire de mis pulmones.
-Bombón, de verdad, lo siento...
Vuelve a dar otro paso pero me alejo de nuevo.
-No te acerques a mí.
-¿Bombón?
-No me llames así.
-Pero...
Da otro paso pero esta vez mis brazos son rápidos y, antes de que den otro, sostengo entre mis manos a Rossie, la pistola que me dio Jimmy días atrás.
-¡Estate quieto!- grito.
Louis levanta las manos y se aleja rápidamente.
-¿A qué has venido?- pregunto con un hilo de voz.
-Lucy, baja el arma, por favor.
-¡No!- vuelvo a gritar-. En la OMER hay dos normas, ¿no? La primera es que una persona que sepa de los rosados debe morir. La segunda es que si un antirosado molesta a otro rosado o a un elegido, aunque salga herido o muerto, será siempre culpable.
Louis mantiene sus brazos extendidos hacia arriba y me mira sorprendido.
-Soy la elegida de un rosado- digo entre jadeos-. No tienes que matarme. Y si ahora disparo solo tú serás el responsable de ello.
-Bombón, por favor...
-¡Te he dicho que no me llames así!- aparto una mano de agarre de la pistola y me limpio la cara. Las lágrimas me molestan en la visión-. Ya intentasteis engañar una vez haciéndoos pasar por mi padre. ¡Me disteis ilusiones para luego arrebatármelas e intentar matarme!- vuelvo a sujetar con firmeza la pistola-. Pero no voy a volver a picar. No vais a volver a jugar con mis sentimientos. ¡No después de todos estos meses!
El arma tiembla e intento esforzarme para mantenerla quieta.
-Lucy, no soy un antirosado- susurra él.
-¡No intentes engañarme! Fuisteis primero a por mi hermana. Y me dijeron que seguramente vendríais a por mí. Pero estoy preparada. No os vais a salir con la vuestra.
-Lucy...
-¿Quién me dice a mí que no eres un antirosado que se ha transformado en otra persona para engañarme? ¡Ya lo hicisteis una vez! ¡No volveréis a engañarme!
-Lucy, escúchame...
-¿Puedes acaso demostrarme que estoy equivocada?- pregunto mientras quito el seguro del gatillo.
Louis me mira serio pero su cara parece rendirse.
-Cumple la norma de la OMER- dice-. Soy el único responsable de mi muerte. Dispara.
Mis manos tiemblan más que hace un segundo y veo como el rosado cierra los ojos.
Me acerco unos pasos a él para poder apuntar mejor.
No me tiembla el pulso.
Y disparo.
Con mis manos sigo sujetando la pistola. Mis manos ya no tiemblan. Incluso he dejado de sentir mis latidos durante un tiempo.
Pero mi corazón vuelve a latir cuando veo que el cuerpo no cae a la arena. Sigue ahí, de pie, sin ningún rasguño, como si la bala hubiese traspasado su cuerpo y se hubiese perdido entre la vegetación que hay a las espaldas del chico, como hubiese hecho un rosado con el poder del cambio de fase.
Como si hubiese hecho Louis.
Solo entonces, cuando me doy cuenta, dejo caer a Rossie a la arena y dejo mis brazos caer.
Louis me mira y sonríe tristemente antes de acercarse a mí con rapidez y abrazarme con fuerza.
-Dios, Louis- digo como puedo-. Estás vivo.
-Lo siento, Bombón. Siento no haber venido antes.
Las lágrimas salen con más fuerza de mis ojos antes de corresponder al abrazo del chico.
Louis ha salido de la OMER.
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