Su ausencia me está destruyendo. Su ausencia me consume. Su ausencia me está haciendo adelgazar, empalidecer y ser mala persona. Su ausencia me está cambiando.
No soporto ver mi cara en el espejo. La noto más alargada, como la cara del cuadro "El grito".
Definitivamente, el no tener hambre me ha hecho perder varios kilos en poco más de una semana.
Sigo en la cama el sábado por la mañana ya que Sam no está y no hace falta ocultarla que estoy mal. Pero Jimmy y Kate intentan sacarme de mi cuarto.
-Venga, Lucy- dice ella-. Vamos a bañarnos.
-No- susurro al echar en falta los abrazos mañaneros de Louis.
-No llores, Lucy. Venga, el otro día lo pasamos muy bien en el agua.
Se lo pasó bien ella. Yo no soporté el contacto con el agua del mar. Ahora el mar y yo somos eternos enemigos. Me recuerda demasiado a los chicos.
-Venga, Lucy, a desayunar- dice Jimmy dando por perdido el plan de Kate.
-No tengo hambre- susurro limpiando mi cara de lágrimas.
-¿Qué quieres hacer?
No contesto. No tengo ganas de nada.
-¿No quieres levantarte de la cama?
Sigo en la cama el sábado por la mañana ya que Sam no está y no hace falta ocultarla que estoy mal. Pero Jimmy y Kate intentan sacarme de mi cuarto.
-Venga, Lucy- dice ella-. Vamos a bañarnos.
-No- susurro al echar en falta los abrazos mañaneros de Louis.
-No llores, Lucy. Venga, el otro día lo pasamos muy bien en el agua.
Se lo pasó bien ella. Yo no soporté el contacto con el agua del mar. Ahora el mar y yo somos eternos enemigos. Me recuerda demasiado a los chicos.
-Venga, Lucy, a desayunar- dice Jimmy dando por perdido el plan de Kate.
-No tengo hambre- susurro limpiando mi cara de lágrimas.
-¿Qué quieres hacer?
No contesto. No tengo ganas de nada.
-¿No quieres levantarte de la cama?
No es que no quiera. Es que no puedo. Mi mente no me permite levantarme de la cama. Pero luego pienso en algo. Si me levanto y voy al sofá, ¿me dejarán en paz de una puta vez con mi soledad?
Me levanto y voy al salón para tumbarme en los cojines del sofá.
-Sam va a venir hoy, ¿lo sabes?
Pues no. No me van a dejar en paz.
Asiento. Tengo que aprovechar y estar depresiva hasta que ella venga para fingir y salir un poco de la realidad que estoy viviendo. Así que me pongo una manta por encima -quizá con el calor hace que me suba la fiebre y ya, sí, definitivamente, me dejen en paz- y luego cierro los ojos.
Esta noche no he dormido casi nada pensando en los chicos en la OMER. ¿Cómo estarán? ¿Se las apañarán bien? ¿Están lo suficientemente entrenados para pertenecer a ese cinco por ciento que seguirá con vida? ¿Seguirán vivos?
Desde ayer me arrepiento de que Jimmy haya cambiado a mi hermana por mí. Si todo siguiese como antes, en cuanto la OMER viniese a por mí sabría que habían muerto gracias a su elección. Mientras que siguiese viva por lo menos uno de ellos estaría aún luchando.
-Jimmy, me voy- dice Kate tras rendirse en su tarea de sacarme de casa.
-Muchas gracias por todo- dice él mientras que la abraza.
-No te preocupes- susurra ella-. Me cae bien.
De pronto, el teléfono empieza a sonar y la cara de Kate cambia rápidamente. Al ver su cara me preocupo. Siempre que pone esa cara significa que en un futuro no muy lejano algo no irá muy bien -cuando me dan los ataques de ansiedad- así que me levanto y cojo con fuerza el teléfono.
-¿Sí?- pregunto nerviosa.
-¿Lucy?
Respiro antes de reconocer la voz. Parece angustiada. Asustada.
-¿Lucy?
-Dime, Sam. ¿Estás bien?- pregunto.
-¡Han entrado!
-¿Qué? ¡Sam, contéstame! ¿Estás bien?
Me intenta responder con un hilo de voz y entre sollozos pero me resulta imposible entenderla.
-¡Sam! ¡Dime que ha pasado!
Me levanto y voy al salón para tumbarme en los cojines del sofá.
-Sam va a venir hoy, ¿lo sabes?
Pues no. No me van a dejar en paz.
Asiento. Tengo que aprovechar y estar depresiva hasta que ella venga para fingir y salir un poco de la realidad que estoy viviendo. Así que me pongo una manta por encima -quizá con el calor hace que me suba la fiebre y ya, sí, definitivamente, me dejen en paz- y luego cierro los ojos.
Esta noche no he dormido casi nada pensando en los chicos en la OMER. ¿Cómo estarán? ¿Se las apañarán bien? ¿Están lo suficientemente entrenados para pertenecer a ese cinco por ciento que seguirá con vida? ¿Seguirán vivos?
Desde ayer me arrepiento de que Jimmy haya cambiado a mi hermana por mí. Si todo siguiese como antes, en cuanto la OMER viniese a por mí sabría que habían muerto gracias a su elección. Mientras que siguiese viva por lo menos uno de ellos estaría aún luchando.
-Jimmy, me voy- dice Kate tras rendirse en su tarea de sacarme de casa.
-Muchas gracias por todo- dice él mientras que la abraza.
-No te preocupes- susurra ella-. Me cae bien.
De pronto, el teléfono empieza a sonar y la cara de Kate cambia rápidamente. Al ver su cara me preocupo. Siempre que pone esa cara significa que en un futuro no muy lejano algo no irá muy bien -cuando me dan los ataques de ansiedad- así que me levanto y cojo con fuerza el teléfono.
-¿Sí?- pregunto nerviosa.
-¿Lucy?
Respiro antes de reconocer la voz. Parece angustiada. Asustada.
-¿Lucy?
-Dime, Sam. ¿Estás bien?- pregunto.
-¡Han entrado!
-¿Qué? ¡Sam, contéstame! ¿Estás bien?
Me intenta responder con un hilo de voz y entre sollozos pero me resulta imposible entenderla.
-¡Sam! ¡Dime que ha pasado!
Jimmy me quita el teléfono angustiado.
-¿Sam? ¿Estás bien? ¿Estás ahí? ¡Contéstame, por favor! ¿Estás bien?- coge una gran bocanada de aire- ¿Quienes han sido? ¿Les has visto la cara? ¿Se han llevado algo? ¿Estás segura?- coge la chaqueta vaquera que tiene cerca de él, en una silla- Escuchame, Samantha. Voy a ir ahora mismo. Tranquilizate. Intentaré llegar lo antes posible. ¿Vale? Tranquilizate. Ya salgo de casa.
Luego cuelga el teléfono y mira a Kate para preguntarla algo pero ella se adelanta.
-Claro que puedo. En menos de una hora estaremos allí.
-¡Jimmy!- chillo al ver que, tras las palabras de Kate, él se ha metido en el cuarto que comparte con mi hermana-. ¡Jimmy! ¿Qué ha pasado?
Entro en el cuarto con miedo.
-¿Que ha pasado?- grito.
Como le haya pasado algo a mi hermana me muero.
-¡Jimmy!
-Ha ido la OMER a buscarla.
-¿La han intentado matar? ¡Dios mío!
-¡No, no ha sido eso!- dice mientras que busca algo en los cajones de mi hermana.
-¿Qué ha pasado?
-Han ido a asegurarse de que no se acordaba de nada.
-¿Qué?
-La han asustado para que dijese todo lo que sabía de la OMER pero no recuerda nada. Solo se ha quedado en eso, en un susto.
Me froto la cara con mis manos e intento secar mis lágrimas -para lo poco que bebo desde hace una semana lloro mucho-. Si la llega a pasar algo a Sam... Si la llega a pasar algo a Sam por mi culpa...
-Supongo que ahora vendrán a por ti- dice Jimmy.
-¿Qué?
-A lo mejor no. Pero tengo una mala corazonada. ¡Ajá, estás aquí, preciosa!- dice mientras que saca una caja de madera de uno de los cajones de Sam.
-¿Estás diciendo que crees que vendrán a mí para asustarme?
-Sí. Pero tendrás a Rossie- dice mientras ordena de nuevo los cajones y se levanta con la caja en la mano.
Vuelve al salón.
-¿Quién es Rossie?- pregunto.
-La pregunta no es "¿quién?" sino "¿qué?"
-¡Jimmy! ¡Ve al grano!
-Hay una serie de normas dentro de este mundo- susurra-. Norma número uno: una persona que sabe el secreto debe morir. Norma número dos: un rosado que incordia a otros rosados y a elegidos, aunque lleguen a estar heridos o muertos, será siempre culpable.
-¿Quieres decir que si vienen a por mí debo clavarles un cuchillo en el pecho?
-Mejor disparales- dice mientras abre la caja y saca de ahí una pistola de color plata.
-¡Guarda eso!- grito.
-¿Sam? ¿Estás bien? ¿Estás ahí? ¡Contéstame, por favor! ¿Estás bien?- coge una gran bocanada de aire- ¿Quienes han sido? ¿Les has visto la cara? ¿Se han llevado algo? ¿Estás segura?- coge la chaqueta vaquera que tiene cerca de él, en una silla- Escuchame, Samantha. Voy a ir ahora mismo. Tranquilizate. Intentaré llegar lo antes posible. ¿Vale? Tranquilizate. Ya salgo de casa.
Luego cuelga el teléfono y mira a Kate para preguntarla algo pero ella se adelanta.
-Claro que puedo. En menos de una hora estaremos allí.
-¡Jimmy!- chillo al ver que, tras las palabras de Kate, él se ha metido en el cuarto que comparte con mi hermana-. ¡Jimmy! ¿Qué ha pasado?
Entro en el cuarto con miedo.
-¿Que ha pasado?- grito.
Como le haya pasado algo a mi hermana me muero.
-¡Jimmy!
-Ha ido la OMER a buscarla.
-¿La han intentado matar? ¡Dios mío!
-¡No, no ha sido eso!- dice mientras que busca algo en los cajones de mi hermana.
-¿Qué ha pasado?
-Han ido a asegurarse de que no se acordaba de nada.
-¿Qué?
-La han asustado para que dijese todo lo que sabía de la OMER pero no recuerda nada. Solo se ha quedado en eso, en un susto.
Me froto la cara con mis manos e intento secar mis lágrimas -para lo poco que bebo desde hace una semana lloro mucho-. Si la llega a pasar algo a Sam... Si la llega a pasar algo a Sam por mi culpa...
-Supongo que ahora vendrán a por ti- dice Jimmy.
-¿Qué?
-A lo mejor no. Pero tengo una mala corazonada. ¡Ajá, estás aquí, preciosa!- dice mientras que saca una caja de madera de uno de los cajones de Sam.
-¿Estás diciendo que crees que vendrán a mí para asustarme?
-Sí. Pero tendrás a Rossie- dice mientras ordena de nuevo los cajones y se levanta con la caja en la mano.
Vuelve al salón.
-¿Quién es Rossie?- pregunto.
-La pregunta no es "¿quién?" sino "¿qué?"
-¡Jimmy! ¡Ve al grano!
-Hay una serie de normas dentro de este mundo- susurra-. Norma número uno: una persona que sabe el secreto debe morir. Norma número dos: un rosado que incordia a otros rosados y a elegidos, aunque lleguen a estar heridos o muertos, será siempre culpable.
-¿Quieres decir que si vienen a por mí debo clavarles un cuchillo en el pecho?
-Mejor disparales- dice mientras abre la caja y saca de ahí una pistola de color plata.
-¡Guarda eso!- grito.
Jimmy me obedece e intenta poner la caja sobre mis manos pero me niego.
-No voy a disparar a nadie.
-Tú verás.
Luego coge su chaqueta y sale de la casa sin despedirse.
"Mierda. Mierda. Lo sabía. La OMER va a venir a por mí."
Doy vueltas al salón mientras que intento tranquilizarme.
Voy a la cocina y cojo la escoba. Al que venga le haré lo mismo que hice a Jimmy. Aunque no es buena idea. No. Jimmy no quería matarme. Jimmy no se intentó proteger. Estos sí.
"Un palo de la escoba no valdrá contra ellos".
Al rato, cuando estoy en la cama, con un cuchillo en la mesilla de noche -no voy a usar la pistola. ¡Tengo diecisiete años!- me doy cuenta de algo: Sam estará en su apartamento de Oxford, asustada y sola -no creo que haya llegado ya Jimmy- y todo esto por mi culpa, porque no sabe algo que yo sí sé. Yo sé la verdad. Y ella está atrapada en un mundo de mentiras.
Las familias de los chicos también viven en una mentira. Creen que Charlie, mi padre, ha entrenado a los chicos, a sus hijos. Y quizá esas familias no saben que sus hijos están en la OMER.
Las madres de los chicos siempre recibían una llamada semanal en las que les decían como estaban.
Pueden que ahora estén en sus casas preocupadas, pensando en qué momento llegará esa llamada porque la semana no ha terminado. Puede que piensen que sus hijos van a marcar sus teléfonos y hablarles.
Pueden que estén en sus casas pensando que sus hijos están siendo -aún- entrenados por mi padre, un entrenador de rosados muy experimentado cuyo porcentaje de éxito es de un cincuenta por ciento.
Quizá mi porcentaje es menor. Quizá no están bien entrenados. Quizás hayan muerto ya. Quizá esas familias piensen que sus hijos van a volver. Y no. Porque su entrenador está muerto, desde hace siete años.
Aún no muy segura de lo que voy a hacer me levanto de la cama y sin cambiarme salgo de casa.
Al rato llego a la cala y entro en la casa. Está tal y como la dejé hace una semana. Los vasos siguen en la mesa de la cocina llenos de una sustancia amarillenta que apesta. La leche que estaba dentro está ya en mal estado.
Subo las escaleras y entro en el primer cuarto que me encuentro: el de Liam. Lo veo tal y como hace una semana, con la cama deshecha y con algunas cosas tiradas en el suelo. Hay una camiseta en el respaldo de la silla.
Me acerco a la mesa y busco entre algunos papeles hasta encontrar uno en el que están escritos a bolígrafo una serie de dígitos. "Casa". "Móvil de mamá". "Móvil de papá".
Lo guardo en el bolsillo de mi pijama y busco en las demás habitaciones.
Hay números que me cuesta encontrar pero cuando salgo de la casa lo hago con tres libretas y con dos cachos de papel y vuelvo al bosque.
A la hora llego a la cabina de teléfono en la que hablé con la madre de Louis cuando este me convenció hace unas semanas.
Descuelgo el auriculas y, tras meter una serie de monedas, marco.
-Casa de los Malik, ¿con quién desea hablar?- dice una voz femenina tras varios tonos.
Mi barbilla empieza a temblar y me doy cuenta de que no tengo ningunas palabras preparadas.
¿Estoy haciendo lo correcto?
-¿Hay alguien?
-¿Con quién hablo?- pregunto finalmente cuando noto humedad en los ojos.
-Con Waliyha.
Mis latidos se aceleran al ver que hablo con la hermana de Zayn. Él siempre me protegía y me comparaba con ella. Gracias a su parecido psicológico -o eso decía Zayn- me gané su confianza.
-Soy Lucy Smith. No sé si les ha hablado alguna vez Zayn de mí.
-¿Lucy? ¿La hija de Charlie?
La voz de la muchacha parecía alegre.
-Sí. Quería decirles algo.
-¡Tenía muchas ganas de hablar contigo, Lucy!- me dice haciendo que lágrimas caigan de mis ojos-. Dime.
-Zayn os mintió- digo dejando de lado la confianza que parece tener la chica conmigo.
-¿Qué?
La voz de la chica ha cambiado de forma drástica.
-Charlie falleció hace siete años.
-Eso es imposible. Zayn dijo que...
-Yo era quien le entrenaba.
-Pero...
-Hace una semana que los chicos se fueron a la OMER.
Las madres de los chicos siempre recibían una llamada semanal en las que les decían como estaban.
Pueden que ahora estén en sus casas preocupadas, pensando en qué momento llegará esa llamada porque la semana no ha terminado. Puede que piensen que sus hijos van a marcar sus teléfonos y hablarles.
Pueden que estén en sus casas pensando que sus hijos están siendo -aún- entrenados por mi padre, un entrenador de rosados muy experimentado cuyo porcentaje de éxito es de un cincuenta por ciento.
Quizá mi porcentaje es menor. Quizá no están bien entrenados. Quizás hayan muerto ya. Quizá esas familias piensen que sus hijos van a volver. Y no. Porque su entrenador está muerto, desde hace siete años.
Aún no muy segura de lo que voy a hacer me levanto de la cama y sin cambiarme salgo de casa.
Al rato llego a la cala y entro en la casa. Está tal y como la dejé hace una semana. Los vasos siguen en la mesa de la cocina llenos de una sustancia amarillenta que apesta. La leche que estaba dentro está ya en mal estado.
Subo las escaleras y entro en el primer cuarto que me encuentro: el de Liam. Lo veo tal y como hace una semana, con la cama deshecha y con algunas cosas tiradas en el suelo. Hay una camiseta en el respaldo de la silla.
Me acerco a la mesa y busco entre algunos papeles hasta encontrar uno en el que están escritos a bolígrafo una serie de dígitos. "Casa". "Móvil de mamá". "Móvil de papá".
Lo guardo en el bolsillo de mi pijama y busco en las demás habitaciones.
Hay números que me cuesta encontrar pero cuando salgo de la casa lo hago con tres libretas y con dos cachos de papel y vuelvo al bosque.
A la hora llego a la cabina de teléfono en la que hablé con la madre de Louis cuando este me convenció hace unas semanas.
Descuelgo el auriculas y, tras meter una serie de monedas, marco.
-Casa de los Malik, ¿con quién desea hablar?- dice una voz femenina tras varios tonos.
Mi barbilla empieza a temblar y me doy cuenta de que no tengo ningunas palabras preparadas.
¿Estoy haciendo lo correcto?
-¿Hay alguien?
-¿Con quién hablo?- pregunto finalmente cuando noto humedad en los ojos.
-Con Waliyha.
Mis latidos se aceleran al ver que hablo con la hermana de Zayn. Él siempre me protegía y me comparaba con ella. Gracias a su parecido psicológico -o eso decía Zayn- me gané su confianza.
-Soy Lucy Smith. No sé si les ha hablado alguna vez Zayn de mí.
-¿Lucy? ¿La hija de Charlie?
La voz de la muchacha parecía alegre.
-Sí. Quería decirles algo.
-¡Tenía muchas ganas de hablar contigo, Lucy!- me dice haciendo que lágrimas caigan de mis ojos-. Dime.
-Zayn os mintió- digo dejando de lado la confianza que parece tener la chica conmigo.
-¿Qué?
La voz de la chica ha cambiado de forma drástica.
-Charlie falleció hace siete años.
-Eso es imposible. Zayn dijo que...
-Yo era quien le entrenaba.
-Pero...
-Hace una semana que los chicos se fueron a la OMER.
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