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martes, 18 de noviembre de 2014

Charlie y Gwen.

Octubre de 1986

-¿Te gusta?- pregunta el chico con una gran sonrisa en la cara mientras extiende los brazos en medio de la casa.

Gwen observa a su alrededor con una gran cara de sorpresa. La casa ha cambiado mucho desde que empezaron a entrenar ahí hace cerca de un año. Antes la madera del suelo estaba podrida -seguramente por la humedad- y las paredes tenian humedades. Ahora la casa tenía madera nueva que no crujía bajo los pies y pintura de color crema en las paredes haciendo que el lugar sea agradable.
-Charlie, es asombroso.
-¿A que sí?

El muchacho, que por aquel entonces tiene veinte años frente a los dieciocho de la mujer, sonríe con felicidad. Ha trabajado durante varios meses en la renovación de la casa. Justo desde que volvió de la OMER.
-¿Cómo lo has conseguido en tan poco tiempo? Hace semanas vine aquí y todo estaba hecho un desastre.
-Ha sido difícil. Los antiguos dueños lo dejaron hecho un asco pero ahora parece un lugar decente.
-¿Un lugar decente?- pregunta Gwen- ¡Podría vivir aquí sin ningún problema!
-¿De verdad?
-Por supuesto.

Charlie sonríe y la abraza con cariño.
-Creo que voy a entrenar a rosados.
-¿Qué?- gritó la chica.
-Quiero dar esperanza a los rosados. Quiero decirles cómo superar la OMER. Quiero decirles cómo salir de ahí. 
-Pero, Charlie, me dijiste que eso estaba prohibido. 
-Y lo está. Ya has visto lo peligroso que es. 

Gwen suspira antes de pasarse una mano por el pelo. Su prometido puede llegar a tener unas ideas de bombero. 
-¿Y cómo lo vas a hacer para conseguir rosados a los que entrenar? 
-Tengo un amigo médico al que le han especialozado en rosados. Él me irá diciendo los bebés rosados que encuentre. 
-¿Y luego? 
-Conseguiré los teléfonos de las familias y les diré que cuando tengan dieciocho vengan aquí.

Charlie sonríe ante la cara de procupación de su novia. 
-No será tan difícil. Ya verás. 
-¿Y si te pasa algo? 
-Tendré cuidado.
-Pero... 
-Tranquila, cariño- susurra él antes de pasar una mano por el estómago de Gwen-. No os pasará nada a ti ni al bebé. 

Gwen sonríe y le da un beso en los labios.
-Prométemelo. 
-Te lo prometo. ¿Has pensado ya un nombre para el bebé? 

Gwen posa su mano en su vientre y lo acaricio como si fuera oro en paño antes de sentarse sobre la arena de la cala. 
-Si es chico quiero que se llame Chalie, como tú.
-¿Y si es chica? 
-Samantha. 
-¿Samantha? 
-Sí. Me gusta mucho el nombre. 
-A mí también. Tienes buen gusto en todo.

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