Eso es lo que tengo que hacer cada mañana desde que fui a hablar con el psicólogo George Davies. Me di cuenta de que tengo un problema.
"¿Quieres que te trate con mi telepatía?" me preguntó.
"No."
"¿Quieres que te trate como a un paciente normal?"
"Sí."
"En ese caso tendrás que hacer lo que yo te digas, ¿vale?"
"Vale."
"Puede tardar unas semanas en hacer efecto pero te prometo que te sentirás muchísimo mejor."
Y punto número uno fue intentar devolverme el apetito y el sueño. Y como no puedo por mi depresión me tengo que tomar después de cada comida una pastilla antidepresiva. Estas pastillas lo único que hacen es poner un gran cantidad de purpurina en la mierda de días que tengo ahora. Pero tengo que admitir que la purpurina ayuda mucho.
Pero hay un inconveniente: no alegra mucho mis días. La purpurina parece volar cuando me acuerdo de los chicos, como si ese recuerdo fuese como un golpe de viento.
Hay otro inconveniente: como más, eso sí, pero me deben de dar una energía sobrenatural que hace que salga a correr todos los días cerca de cuatro horas.
Y hay otro inconveniente: no duermo casi nada. Parece ser que las cuatro horas de deporte no hacen que mi energía se agote así que duermo unas tres horas por noche.
¿Conclusión? Al enamorarme mi mundo empezó a girar entorno a él, como si nadie más fuese capaz de darme un poco más de felicidad como él podía hacer. Que me enamorase de él hizo que ahora esté infeliz. El estar unida de la forma en la que estaba, el pasar tiempo junto a ese par de ojos color mar estaba haciendo que construyera mi actual infelicidad.
Debí haber hecho caso al doctor Mason. Debí alejarme de ellos. Debí correr cuando me enteré de ese secreto. Tuve que huir. Aunque eso no pudiese alimentar mi curiosidad porque todo el mundo conoce el dicho de "la curiosidad mató al gato". Pues esta vez el pobre gato acabó muerto, atropellado, decapitado y mutilado. Porque así es como me siento ahora.
En estas dos últimas semanas y media he adelgazado cerca de seis kilos y mis párpados ha abandonado su color habitual para dar lugar a un verde podrido. Me da asco mirarme al espejo desde que me miré en el espejo que me tendió el psicólogo. Cada vez que veo mi reflejo pienso: "¿qué he hecho?". Quizá tendría que echar la culpa a Louis porque su ausencia ha hecho que esté como estoy pero soy incapaz.
A veces pienso que habrá alguien que me comprenda. Alguien que lo haya pasado mal. Pienso en Sam. Pero aparto la idea de la mente. Ella ya no puede ayudarme más.
¿Y habrá alguien que se sienta como yo? Aunque solo sea una pequeña parte.
Pero tampoco hay nadie.
-Te dije que nada de sentimientos- me dice el doctor Mason.
-Y yo te dije que en la naturaleza humana está el de desarrollar sentimientos hacia otras personas.
-¡Mirate, Lucy!- me dice tras examinarme el tobillo. Ya está totalmente curado-. Estás hecha unos zorros. Ni los soldados vuelven de la guerra con un trauma tan grande como el tuyo.
-Es su trabajo. Están preparados para...
-¡Es que ese no era tu trabajo! ¡Y por eso estás como estás!- suspira antes de sentarse en una de las sillas de la consulta-. Supéralo. Se fueron hace veinte días.
-No se fueron. Se los llevaron.
Mason me mira enfadado. Desde luego él no tiene tanta paciencia como el psicólogo George Davies.
-Lo sé. Pero es su deber.
-¿Deben morir?
-Solo el noventa y cinco por ciento.
-¡Oh, perdón!- digo con sarcasmo-. Solo mueren un noventa y cinco por ciento... Lo dices como si fuera una cifra muy baja. ¡Todos van con la mentalidad de que no van a salir vivos!
Sin decir nada me levanto y salgo de la consulta y corro al baño para poder llorar porque ya he sufrido mucho por culpa de la muerte.
A los diez años mis padres fueron asesinados y, aunque a esa edad no pudiese saber muy bien todo lo que conlleva la muerte, pude sentir el dolor de mi hermana al pensar que iba a perder a su hermana pequeña también por no tener la mayoría de edad.
Y ahora pierdo a cinco chicos. Cinco amigos en los que he encontrado un refigio en ellos. Y ellos han encontrado esperanza en mí. También he llegado a encontrar a un hermano en ellos. Y el amor.
A veces pienso que lo mejor es atiborrarme a pastillas para dejar de sufrir por todo. Le haría un favor al mundo. Jimmy y Kate tendrían que dejar de preocuparse por mi. Las chicas dejarían de tener una amiga con tantos problemas. El doctor Mason me dejaría de hablar de mi error al coger cariño a lo que no debo. La OMER habría conseguido matarme después de varios meses... ¡Todo sería ventajas! Pero no puedo hacerlo, no sabiendo que hay un cinco por ciento de volver a ver a Louis, a Zayn, A Harry, a Niall, a Liam...
Por la noche estoy sola en casa cuando vuelvo de correr. Jimmy ha dejado una nota en la nevera diciendo que ha ido a por la cena al restaurante chino del pueblo. Y sonrío. Aún me dura un poco la purpurina de la pastilla de la hora de la comida.
Enciendo la televisión y busco entre los canales pero cuando estoy ya cómoda llaman al teléfono.
-¿Qué nota has sacado en la selectividad?- me pregunta Sam desde el otro lado de la línea.
-Me lo dicen mañana- digo acordándome de la predicción de Kate de un siete ochenta y tres.
-Espero que hayas aprobado.
-Yo también.
-¿Has pensado ya en que carrera quieres hacer?
-Creo que haré Publicidad.
-¡Que bien! ¿Sabes dónde?
-Cuando me digan la nota empezaré a pensarlo, ¿vale?
Oigo como Sam hace algunas cosas.
-¿Qué haces?
-La cena. ¿Está Jimmy?
-Pensaba que me llamabas para preguntarme por mi nota.
-Lucy, mi vida está ahora dividida entre la universidad y mi familia. Jimmy forma parte de la familia.
-¿Y yo?
-¡No seas tonta!
La puerta de casa se abre y Jimmy entra con la cena.
-¿Me lo pasas?
-Sí. Acaba de llegar con nuestra comida.
Le hago un gesto a Jimmy y le paso el teléfono. Luego me voy del salón. No aguanto ninguna muestra de cariño -ni si quiera por via telefónica- a varios kilómetros a la redonda. Solo tengo que entretenerme cuando esto pasa. A veces me centro en la televisión, otras veces en dormir -si puedo-. Pero esta vez siente un malestar en mi estómago. Sam ha hecho que la familia aumentase con Jimmy. Y yo no sé si lo podré hacer con Louis.
Me encierro en mi cuarto y busco algo que me llame la atención. Algo de colores vivos. Un amarillo chillón, un fucsia fuerte. Algo que me haga daño a los ojos antes de escuchar las palabras cariñosas que están teniendo lugar en el salón.
Necesito algo que mantenga también mi mente ocupada: leer.
Cuando me acerco a mi estantería desecho sin pensarlo en los libros de amor. También en los de amistad.
-¡Ajá!- digo mientras saco mi libro favorito de misterio: "El jardín encantado"-. Aquí estás.
Sonrío -otra vez gracias a la purpurina me ofrecen los antidepresivos- y me tumbo en la cama hasta que se la hora de cenar. Pero cuando abro el libro un sobre cae hasta las sábanas y de ahí al suelo. Con curiosidad lo cojo y lo examino.
Es un sobre de color amarillo pálido, de los que se pegan con saliva. Tiene una palabra escrita en la zona en la que tendría que estar escrito el destinatario.
"Bombón."
Abro la carta con ansia y nerviosismo. Mis manos tiemblan mientras que saco la carta del sobre.
¿De cuándo es esto? ¿Desde cuándo la carta estaba ahí? ¿Cuándo puso Louis la carta en el libro?
Empiezo a leer la carta con mucha atención.
Adiós a la poca purpurina que me quedaba en el cuerpo.
Me encierro en mi cuarto y busco algo que me llame la atención. Algo de colores vivos. Un amarillo chillón, un fucsia fuerte. Algo que me haga daño a los ojos antes de escuchar las palabras cariñosas que están teniendo lugar en el salón.
Necesito algo que mantenga también mi mente ocupada: leer.
Cuando me acerco a mi estantería desecho sin pensarlo en los libros de amor. También en los de amistad.
-¡Ajá!- digo mientras saco mi libro favorito de misterio: "El jardín encantado"-. Aquí estás.
Sonrío -otra vez gracias a la purpurina me ofrecen los antidepresivos- y me tumbo en la cama hasta que se la hora de cenar. Pero cuando abro el libro un sobre cae hasta las sábanas y de ahí al suelo. Con curiosidad lo cojo y lo examino.
Es un sobre de color amarillo pálido, de los que se pegan con saliva. Tiene una palabra escrita en la zona en la que tendría que estar escrito el destinatario.
"Bombón."
Abro la carta con ansia y nerviosismo. Mis manos tiemblan mientras que saco la carta del sobre.
¿De cuándo es esto? ¿Desde cuándo la carta estaba ahí? ¿Cuándo puso Louis la carta en el libro?
Empiezo a leer la carta con mucha atención.
"Querida Lucy:
Si lees esto significa que ya me han llevado a la OMER. Por favor, no llores por mí. Estaré bien. Pero tienes que leer esto para que sepas todos esos secretos que te he escondido.
Te vi por primera vez en enero del año pasado. Era nuevo en el instituto junto a Zayn y me empezaste a gustar desde aquel momento que entraste en clase con ese pelo castaño largo. Me acuerdo perfectamente de aquel día. Ibas con unos pantalones vaqueros y con una sudadera gris de Oxford. Ibas también con unas botas marrones que te llegaban hasta los gemelos. Yo iba con el mismo estilo de ropa pero con la diferencia de que yo llevaba deportivas. Pensé que era obra del destino, que debía hablar contigo, que estábamos hechos el uno para el otro. Pero eso era solo ese día. Tú fuiste cambiando de ropa, ropa que, algunas veces, no me llegó a gustar pero me daba igual: estábamos hechos el uno para el otro.
Sin hablar contigo ni una palabra sabía como eras. Eras tímida pero muy confiada con tus amigas. Eras alegre pero podías cambiar de humor de un momento a otro y enfadarte. Me di cuenta de que si había algo que no entendías o que querías saber no parabas hasta descubrirlo. No te interesaba mucho tu imagen pero si tu familia y amigas. Te gustaba la fiesta y solías beber. A veces te seguía por el pueblo y te miraba. Una vez te salvé de un atropello. Otro día te vi hablando con un camarero de un bar y te dije que era un rosado, que no te acercases a él. ¿La verdad? No tengo ni idea si lo era o no pero no podía soportar verte hablando con otro. Pero había algo más que me dolía: ser invisible para la persona que iluminaba mis días.
Cuando nos enteramos de que Charlie era tu padre tuve esperanzas de poder hablar contigo. Ya sabes, darte el pésame aunque hubiesen pasado ya siete años de su muerte. Y deseé haber estado en aquel momento tan doloroso, haber estado aquellas noches en vela junto a ti aunque tú tuvieses diez años y yo doce. Me daba igual. Lo hubiese deseado.
Al enterarme de que eras hija de un rosado, pensé en hablarte y contarte mi secreto pero Zayn me lo impidió. "No lo hagas" me decía, "si se entera la OMER la matará". Desde aquel entonces intenté dejar de mirarte, intenté que mis sentimientos no fueran creciendo, intenté alejarte de mí... Aunque eso me partiese el corazón. No podía permitir que una persona tan importante para mí muriese por mi culpa. Intenté conocer a más chicas, de verdad, ¡lo hice! Pero me di cuenta de que estaba gastando mi tiempo en algo que no me interesaba nada. Ellas no se parecían en nada a ti.
Pero empezaste a ver nuestros movimientos, empezaste a sospechar y lo descubriste. Yo intenté meterte miedo, ¡di un puñetazo a tu taquilla para que me tuvieses asco! Pero seguiste mirándonos. Y eso, aunque no debería, me daba la vida.
Cuando nos propusiste ser nuestra entrenadora Niall intentó que mis sentimientos hacía ti fuesen distintos. Se metió en mi mente para invertirlos. No pudo. Nadie puede luchar contra el amor. ¡Por Dios! ¡Que cursi ha quedado eso! No me lo tengas en cuenta, por favor.
Intenté llevarme mal contigo. Intenté hacerte daño recordándote que tus padres estaban muertos. Intenté hacerte sentir mal, me hice el indiferente mientras que, por cada frase que salía de mi boca, mi corazón se partía. De nada servía porque cada vez que me quedaba solo en mi cuarto lo reconstruía para dartele, Bombón.
Harry, aunque no haya tenido ninguna experiencia amorosa con mujeres, parecía tener las ideas perfectas para hablarte. Me dijo que hablara con Niall para que me pudiera meter en tus sueños y así hablar en tu mente. Lo hizo una vez y parecía que estaba todo arreglado ya que me declaré, pensé que me ibas a corresponder, pero al día siguiente me sentía tan mal porque me habías rechazado que hacía que nada había pasado. Incluso me cabreé y dí un puñetazo a la puerta del baño haciendo que todo el mundo se asustase. Liam, al enterarse, me dio veinte collejas. Me merecía cada una de esas collejas y muchas más. Muchísimas más.
Hay un momento que me ha marcado: verte en el suelo del bosque desangrándote cuando un agente de la OMER intentó matarte. Liam fue corriendo a casa del doctor Mason para pedir ayuda, Zayn intentó moverte sin hacerte daño, Niall se metió en tu mente para obligarte a seguir respirando, Harry hizo una hoguera junto a ti para que el frío no llegase a tus huesos. Yo simplemente me senté en el suelo junto a ti llorando porque pensaba que te perdía. Desde aquel momento sé que te amaba. Dejé de pensar que mis sentimientos hacia ti eran cosas de adolescentes en busca de un amor fugaz. Desde aquel momento supe que estaba enamorado de ti y no podía dejar que te fueses de este mundo sin saberlo.
No sé si esto lo sabes, creo que no, que el doctor lo mantiene aún en secreto pero fuimos con tu cuerpo casi muerto hasta el instituto para tumbarte en una camilla de la enfermería. No fue una tarea fácil pero era eso o dejarte ahí muerta y eso podía hacerlo. Necesitaba ver tus ojos de nuevo. Esto tampoco lo sabes. Le pedí al doctor que no te lo dijera nunca pero perdiste mucha sangre y necesitabas unas transfusión. Yo era el único con una sangre compatible con la tuya y no lo dude. Hubiese dado toda mi sangre para ti. Te di el regalo de la vida y por eso estuve durante unos días débil. Fue muy complicado pero conseguimos meterte mi sangre rosa en tu cuerpo con el instrumental de la enfermería y estuvimos allí todo el fin de semana. Íbamos a hacer turnos para estar contigo, como siempre, pero yo me quedé todo el rato contigo. Quería saber que estabas bien. Lo necesitaba. Cuando despertaste y estuve seguro de que no necesitabas nada, que estaba todo perfecto, te dejé con los chicos y me fui a buscar el agente de la OMER que casi te asesina para matarlo a golpes pero no lo encontré, Bombón. Tuvo mucha suerte...
Me acuerdo de aquel plan para que pudiéramos pasar la noche en tu casa los días que Samantha estuviera en el pueblo: fingir que tenías novio. Desde el momento que lo dijiste supe que tenía muchas oportunidades de ser yo el afortunado. Harry no podía ser por el tema de que empezaba a controlar sus poderes. Niall tampoco. No ibas a aguantar a alguien durante todo un fin de semana que pudiera estar en tu mente todo ese tiempo. Estaba entre Zayn, Liam y yo. Samantha sabía que yo había estado en tu casa y tus amigas pensaban que tú me gustabas -pensaba que se me daba mejor disimular- así que iba a ser yo. Yo iba a ser aquel a que presentases como tu novio a tu hermana. Elegiste a Liam en un principio. No te culpo. Él es mejor persona pero sabía que ibas a cambiar de idea cuando tus amigas dijesen que con quien estabas saliendo era yo.
Finjíamos besos, abrazos, caricias cuando estábamos con gente. Bueno, yo no finjía, yo ya era tuyo pero yo no podía seguir así. Necesitaba contarte sobre mis sentimientos. Y lo hice. Esperé el momento adecuado, esperé a que tu humor fuese bueno, esperé a que me sonrieras de una forma sincera y, cuando lo hiciste, te besé. Desde entonces nuestra relación cambió para bien y eso me hace completamente feliz.
¿Te acuerdas de todas aquellas veces que me decías: "Duerme un poco. Yo te despierto si ocurre algo"? Te abrazaba con la excusa de trasmitirte mis poderes y cerraba los ojos para imaginarme cómo sería mi vida contigo. No me dormí en ningún momento pero olía tu piel, tu pelo... De vez en cuando también abría un poco los ojos para poder ver tu perfil aunque eso no servía de nada porque cada vez que cerraba los ojos te veía a ti.
Aquel día que nos sentamos juntos en aquella roca del bosque mientras nos agarrábamos de la mano fue, sin duda, el mejor día de mi vida. No puedo comparar la felicidad que sentía con ninguna otra cosa material o inmaterial. Pensé: "¿Qué podré hacer para volver a sentir esa felicidad?". La única respuesta que obtuve fue por tu parte: "Vuelve, Louis. Vuelve aquí. Por lo que más quieras.". Me prometí que intentaría con todas mis fuerzas volver por ti.
También recuerdo cuando empezamos a salir de forma oficial. Ambos teníamos miedo de lo que podían decir porque, ya sabes, estabas saliendo con un "esclavo del pirómano". Intentaba mostrar a la gente que nuestro amor no se basaba en el sexo como ellos pensaban e intentaba sorprenderles con nuestros actos. Un beso corto por allí, un abrazo largo por allá... Además intentaba convencer a tus amigas de que era una buena persona para que no te influenciaran y me dejases después de todo el tiempo que había estado tras ti.
Si lees esto significa que ya me han llevado a la OMER. Por favor, no llores por mí. Estaré bien. Pero tienes que leer esto para que sepas todos esos secretos que te he escondido.
Te vi por primera vez en enero del año pasado. Era nuevo en el instituto junto a Zayn y me empezaste a gustar desde aquel momento que entraste en clase con ese pelo castaño largo. Me acuerdo perfectamente de aquel día. Ibas con unos pantalones vaqueros y con una sudadera gris de Oxford. Ibas también con unas botas marrones que te llegaban hasta los gemelos. Yo iba con el mismo estilo de ropa pero con la diferencia de que yo llevaba deportivas. Pensé que era obra del destino, que debía hablar contigo, que estábamos hechos el uno para el otro. Pero eso era solo ese día. Tú fuiste cambiando de ropa, ropa que, algunas veces, no me llegó a gustar pero me daba igual: estábamos hechos el uno para el otro.
Sin hablar contigo ni una palabra sabía como eras. Eras tímida pero muy confiada con tus amigas. Eras alegre pero podías cambiar de humor de un momento a otro y enfadarte. Me di cuenta de que si había algo que no entendías o que querías saber no parabas hasta descubrirlo. No te interesaba mucho tu imagen pero si tu familia y amigas. Te gustaba la fiesta y solías beber. A veces te seguía por el pueblo y te miraba. Una vez te salvé de un atropello. Otro día te vi hablando con un camarero de un bar y te dije que era un rosado, que no te acercases a él. ¿La verdad? No tengo ni idea si lo era o no pero no podía soportar verte hablando con otro. Pero había algo más que me dolía: ser invisible para la persona que iluminaba mis días.
Cuando nos enteramos de que Charlie era tu padre tuve esperanzas de poder hablar contigo. Ya sabes, darte el pésame aunque hubiesen pasado ya siete años de su muerte. Y deseé haber estado en aquel momento tan doloroso, haber estado aquellas noches en vela junto a ti aunque tú tuvieses diez años y yo doce. Me daba igual. Lo hubiese deseado.
Al enterarme de que eras hija de un rosado, pensé en hablarte y contarte mi secreto pero Zayn me lo impidió. "No lo hagas" me decía, "si se entera la OMER la matará". Desde aquel entonces intenté dejar de mirarte, intenté que mis sentimientos no fueran creciendo, intenté alejarte de mí... Aunque eso me partiese el corazón. No podía permitir que una persona tan importante para mí muriese por mi culpa. Intenté conocer a más chicas, de verdad, ¡lo hice! Pero me di cuenta de que estaba gastando mi tiempo en algo que no me interesaba nada. Ellas no se parecían en nada a ti.
Pero empezaste a ver nuestros movimientos, empezaste a sospechar y lo descubriste. Yo intenté meterte miedo, ¡di un puñetazo a tu taquilla para que me tuvieses asco! Pero seguiste mirándonos. Y eso, aunque no debería, me daba la vida.
Cuando nos propusiste ser nuestra entrenadora Niall intentó que mis sentimientos hacía ti fuesen distintos. Se metió en mi mente para invertirlos. No pudo. Nadie puede luchar contra el amor. ¡Por Dios! ¡Que cursi ha quedado eso! No me lo tengas en cuenta, por favor.
Intenté llevarme mal contigo. Intenté hacerte daño recordándote que tus padres estaban muertos. Intenté hacerte sentir mal, me hice el indiferente mientras que, por cada frase que salía de mi boca, mi corazón se partía. De nada servía porque cada vez que me quedaba solo en mi cuarto lo reconstruía para dartele, Bombón.
Harry, aunque no haya tenido ninguna experiencia amorosa con mujeres, parecía tener las ideas perfectas para hablarte. Me dijo que hablara con Niall para que me pudiera meter en tus sueños y así hablar en tu mente. Lo hizo una vez y parecía que estaba todo arreglado ya que me declaré, pensé que me ibas a corresponder, pero al día siguiente me sentía tan mal porque me habías rechazado que hacía que nada había pasado. Incluso me cabreé y dí un puñetazo a la puerta del baño haciendo que todo el mundo se asustase. Liam, al enterarse, me dio veinte collejas. Me merecía cada una de esas collejas y muchas más. Muchísimas más.
Hay un momento que me ha marcado: verte en el suelo del bosque desangrándote cuando un agente de la OMER intentó matarte. Liam fue corriendo a casa del doctor Mason para pedir ayuda, Zayn intentó moverte sin hacerte daño, Niall se metió en tu mente para obligarte a seguir respirando, Harry hizo una hoguera junto a ti para que el frío no llegase a tus huesos. Yo simplemente me senté en el suelo junto a ti llorando porque pensaba que te perdía. Desde aquel momento sé que te amaba. Dejé de pensar que mis sentimientos hacia ti eran cosas de adolescentes en busca de un amor fugaz. Desde aquel momento supe que estaba enamorado de ti y no podía dejar que te fueses de este mundo sin saberlo.
No sé si esto lo sabes, creo que no, que el doctor lo mantiene aún en secreto pero fuimos con tu cuerpo casi muerto hasta el instituto para tumbarte en una camilla de la enfermería. No fue una tarea fácil pero era eso o dejarte ahí muerta y eso podía hacerlo. Necesitaba ver tus ojos de nuevo. Esto tampoco lo sabes. Le pedí al doctor que no te lo dijera nunca pero perdiste mucha sangre y necesitabas unas transfusión. Yo era el único con una sangre compatible con la tuya y no lo dude. Hubiese dado toda mi sangre para ti. Te di el regalo de la vida y por eso estuve durante unos días débil. Fue muy complicado pero conseguimos meterte mi sangre rosa en tu cuerpo con el instrumental de la enfermería y estuvimos allí todo el fin de semana. Íbamos a hacer turnos para estar contigo, como siempre, pero yo me quedé todo el rato contigo. Quería saber que estabas bien. Lo necesitaba. Cuando despertaste y estuve seguro de que no necesitabas nada, que estaba todo perfecto, te dejé con los chicos y me fui a buscar el agente de la OMER que casi te asesina para matarlo a golpes pero no lo encontré, Bombón. Tuvo mucha suerte...
Me acuerdo de aquel plan para que pudiéramos pasar la noche en tu casa los días que Samantha estuviera en el pueblo: fingir que tenías novio. Desde el momento que lo dijiste supe que tenía muchas oportunidades de ser yo el afortunado. Harry no podía ser por el tema de que empezaba a controlar sus poderes. Niall tampoco. No ibas a aguantar a alguien durante todo un fin de semana que pudiera estar en tu mente todo ese tiempo. Estaba entre Zayn, Liam y yo. Samantha sabía que yo había estado en tu casa y tus amigas pensaban que tú me gustabas -pensaba que se me daba mejor disimular- así que iba a ser yo. Yo iba a ser aquel a que presentases como tu novio a tu hermana. Elegiste a Liam en un principio. No te culpo. Él es mejor persona pero sabía que ibas a cambiar de idea cuando tus amigas dijesen que con quien estabas saliendo era yo.
Finjíamos besos, abrazos, caricias cuando estábamos con gente. Bueno, yo no finjía, yo ya era tuyo pero yo no podía seguir así. Necesitaba contarte sobre mis sentimientos. Y lo hice. Esperé el momento adecuado, esperé a que tu humor fuese bueno, esperé a que me sonrieras de una forma sincera y, cuando lo hiciste, te besé. Desde entonces nuestra relación cambió para bien y eso me hace completamente feliz.
¿Te acuerdas de todas aquellas veces que me decías: "Duerme un poco. Yo te despierto si ocurre algo"? Te abrazaba con la excusa de trasmitirte mis poderes y cerraba los ojos para imaginarme cómo sería mi vida contigo. No me dormí en ningún momento pero olía tu piel, tu pelo... De vez en cuando también abría un poco los ojos para poder ver tu perfil aunque eso no servía de nada porque cada vez que cerraba los ojos te veía a ti.
Aquel día que nos sentamos juntos en aquella roca del bosque mientras nos agarrábamos de la mano fue, sin duda, el mejor día de mi vida. No puedo comparar la felicidad que sentía con ninguna otra cosa material o inmaterial. Pensé: "¿Qué podré hacer para volver a sentir esa felicidad?". La única respuesta que obtuve fue por tu parte: "Vuelve, Louis. Vuelve aquí. Por lo que más quieras.". Me prometí que intentaría con todas mis fuerzas volver por ti.
También recuerdo cuando empezamos a salir de forma oficial. Ambos teníamos miedo de lo que podían decir porque, ya sabes, estabas saliendo con un "esclavo del pirómano". Intentaba mostrar a la gente que nuestro amor no se basaba en el sexo como ellos pensaban e intentaba sorprenderles con nuestros actos. Un beso corto por allí, un abrazo largo por allá... Además intentaba convencer a tus amigas de que era una buena persona para que no te influenciaran y me dejases después de todo el tiempo que había estado tras ti.
Fue un amor corto. Puede que el más corto pero fue tan corto como dulce. Y fuiste ese caramelo que por tanto tiempo ansié pero que, por más que odie admitirlo, el que menos saboreé. Quisiera permanecer junto a ti durante mucho tiempo, puede que por toda la eternidad pero, en caso de que no pueda ser así y que el destino decida que debo morir, mi amor será para ti durante todo ese tiempo aunque estemos en distintos mundos. Fui tuyo, soy tuyo y seré siempre tuyo, Bombón.
Mi madre siempre me decía que empezaría a añorar el sol cuando empezase a nevar. Nunca entendí del todo esa frase que usaba continuamente cuando hablábamos por teléfono pero tú me has abierto los ojos y me has dado el significado correcto a esa expresión y quiero decirte que yo, aunque en el momento que estoy escribiendo la carta estoy sentado junto a la cama en la que duermes, ya te echo de menos. Te echo de menos a ti junto a tu cuerpo y alma, junto a tus enfados y sonrisas, junto a tu madurez y tu niñez. Echo de menos ya la forma en la que nos besamos, en la que nos acariciamos, en la que hacemos el amor.
Bombón, por favor, en caso de que no vuelva a verte, se feliz. Encuentra a alguien que pueda amarte tanto como yo, ten hijos, ten aquella hermosa casa que una vez me describiste. Ojalá pudiera darte lo yo pero, desafortunadamente, solo tenemos un cinco por ciento de posibilidades de volver a vernos. No quiero que esos ojos marrones tan bonitos lloren por culpa de un imbécil que no ha sabido defenderse en la OMER. Aunque prometo que si nos volvemos a ver te daré esos hijos que tanto deseas, esa casa blanca y mucho más. Lo prometo.
Te deseo lo mejor en esta vida. Lo mejor en la mía has sido tú.
Te ama
Louis."
Mi madre siempre me decía que empezaría a añorar el sol cuando empezase a nevar. Nunca entendí del todo esa frase que usaba continuamente cuando hablábamos por teléfono pero tú me has abierto los ojos y me has dado el significado correcto a esa expresión y quiero decirte que yo, aunque en el momento que estoy escribiendo la carta estoy sentado junto a la cama en la que duermes, ya te echo de menos. Te echo de menos a ti junto a tu cuerpo y alma, junto a tus enfados y sonrisas, junto a tu madurez y tu niñez. Echo de menos ya la forma en la que nos besamos, en la que nos acariciamos, en la que hacemos el amor.
Bombón, por favor, en caso de que no vuelva a verte, se feliz. Encuentra a alguien que pueda amarte tanto como yo, ten hijos, ten aquella hermosa casa que una vez me describiste. Ojalá pudiera darte lo yo pero, desafortunadamente, solo tenemos un cinco por ciento de posibilidades de volver a vernos. No quiero que esos ojos marrones tan bonitos lloren por culpa de un imbécil que no ha sabido defenderse en la OMER. Aunque prometo que si nos volvemos a ver te daré esos hijos que tanto deseas, esa casa blanca y mucho más. Lo prometo.
Te deseo lo mejor en esta vida. Lo mejor en la mía has sido tú.
Te ama
Louis."
No hay comentarios:
Publicar un comentario