También he destrozado las habitaciones de los chicos. Las pocas cosas que había están ahora por el suelo. Hay un gran desorden de ropa y de papeles.
También he quitado las sábanas y he lanzado los colchones al suelo. No podía soportar ver los cuartos tal y como estaban cuando ellos aún estaban aquí.
La habitación de Louis no se ha librado tampoco. Tiene el suelo lleno de cajas abiertas.
Me incorporo un poco en el colchón y miro las cuatro paredes con atención. Puede que este cuarto no haya sido solo de Louis. Quizá hayan vivido aquí cerca de una decena de personas anónimas, la mayoría de ellos muertos ahora.
Suspiro y abrazo mis piernas.
Ya no lloro. Hace varias horas en las que mis ojos se secaron. No puedo llorar a este ritmo. Creo que estoy deshidratada.
La habitación de Louis no se ha librado tampoco. Tiene el suelo lleno de cajas abiertas.
Me incorporo un poco en el colchón y miro las cuatro paredes con atención. Puede que este cuarto no haya sido solo de Louis. Quizá hayan vivido aquí cerca de una decena de personas anónimas, la mayoría de ellos muertos ahora.
Suspiro y abrazo mis piernas.
Ya no lloro. Hace varias horas en las que mis ojos se secaron. No puedo llorar a este ritmo. Creo que estoy deshidratada.
Tampoco lloro por otra razón: en una parte de mí sabía que los chicos no iban a salir. A lo mejor lo sabía desde el primer momento en el que supe el secreto. A lo mejor lo sabía desde que les vi entrenar. O desde que me levantase en la enfermería del instituto después de sufrir un ataque. O desde que me enamoré de Louis.
Pero, desde que sé que ellos no han vuelto, no me siento viva.
Pero, ¿qué creía? ¿Que todo iba a ser un camino de rosas? No. Es un camino de grandes espinas con las que, a cada paso, te haces más y más daño. Y ya vi el otro día a Jimmy. Aunque consigas salir de ese camino, las espinas te acompañaran hasta el resto de tus días.
Tengo la carta de Louis en la cartera y, a pesar de que sé que debería deshacerme de ella para evitar que esto se convierta en mi camino de espinas , la tendré siempre. Porque, ahora que no me quedan palabras suyas a parte de las escritas, solo me quedan recuerdos. Y sé que es muy poco.
Y sé que puede que haya sido un error pero, en una vida futura, seguro que esto encabezaría mi lista de errores por cometer porque es como si el reloj se hubiera parado, como si la arena me hubiera ahogado. Y aunque sé que debería dar la vuelta al reloj y empezar de nuevo, no quiero porque el tiempo mereció la pena. Sin embargo, una pequeña parte de mí sabe que, en unos días, en uno de esos momentos en los que no queda nada de la purpurina de las pastillas en mi cuerpo, me desesperaré y me volveré loca por la ausencia.
Me levanto del colchón para bajar a por el tabaco y fumarme un cigarro pero, cuando voy a cruzar el umbral de la puerta me percato de una botella de plástico lleno de papeles doblados. La recojo del suelo y la observo. La abro y la vuelco en mi mano para que varios papeles caigan. Desdoblo el primero.
"Cuidar de Lucy."
Desdoblo otro.
"Estar con ella siempre."
Y otro.
"Casarme con ella."
"Invitarla a cenar."
"Pasar el verano con ella."
"Bañarnos juntos en la cala."
Vuelvo a doblarlos y los meto en mi bolsillo. Es la botella que le di a Louis para que escribiese todos los planes que tenía que hacer y los metiese en la botella. Me acuerdo que yo también tenía una pero la olvidé enseguida ya que estaba preocupada en los entrenamientos. Pero me alegro de que Louis se acordase.
Bajo al piso de abajo y me encuentro con una nota sobre mi bolso.
"Vuelve a casa cuando estés lista. Kate".
Al lado hay otra pastilla antidepresiva que me trago sin agua.
Según mis cálculos he pasado cerca de treinta y cuatro horas en la casa yo sola, tumbada en el suelo de madera y pensando.
El mar está tranquilo, como si estuviese triste. Como yo.
Saco de mi bolsillo los papeles.
Pero, desde que sé que ellos no han vuelto, no me siento viva.
Pero, ¿qué creía? ¿Que todo iba a ser un camino de rosas? No. Es un camino de grandes espinas con las que, a cada paso, te haces más y más daño. Y ya vi el otro día a Jimmy. Aunque consigas salir de ese camino, las espinas te acompañaran hasta el resto de tus días.
Tengo la carta de Louis en la cartera y, a pesar de que sé que debería deshacerme de ella para evitar que esto se convierta en mi camino de espinas , la tendré siempre. Porque, ahora que no me quedan palabras suyas a parte de las escritas, solo me quedan recuerdos. Y sé que es muy poco.
Y sé que puede que haya sido un error pero, en una vida futura, seguro que esto encabezaría mi lista de errores por cometer porque es como si el reloj se hubiera parado, como si la arena me hubiera ahogado. Y aunque sé que debería dar la vuelta al reloj y empezar de nuevo, no quiero porque el tiempo mereció la pena. Sin embargo, una pequeña parte de mí sabe que, en unos días, en uno de esos momentos en los que no queda nada de la purpurina de las pastillas en mi cuerpo, me desesperaré y me volveré loca por la ausencia.
Me levanto del colchón para bajar a por el tabaco y fumarme un cigarro pero, cuando voy a cruzar el umbral de la puerta me percato de una botella de plástico lleno de papeles doblados. La recojo del suelo y la observo. La abro y la vuelco en mi mano para que varios papeles caigan. Desdoblo el primero.
Desdoblo otro.
"Estar con ella siempre."
Y otro.
"Casarme con ella."
"Invitarla a cenar."
"Pasar el verano con ella."
"Bañarnos juntos en la cala."
Bajo al piso de abajo y me encuentro con una nota sobre mi bolso.
Según mis cálculos he pasado cerca de treinta y cuatro horas en la casa yo sola, tumbada en el suelo de madera y pensando.
El mar está tranquilo, como si estuviese triste. Como yo.
Saco de mi bolsillo los papeles.
"Pasar el verano con ella."
"Bañarnos juntos en la cala."
Miro la luna antes de meter los papeles en la botella. Luego cojo algunas piedras y también las meto. Luego meto arena hasta que la botella está completamente llena.
Me levanto y me quito la ropa para tirarla a la arena. Cojo la botella.
¿Por qué no cumplir esos dos deseos de Louis?
Cuando dejo de notar el suelo bajo mis pies, nado hasta unas rocas que hace a unos metros de mí y, tras dar un beso a la botella, me hundo hasta que con mis manos dejo la botella junto a unas rocas en las que unos peces nadan tranquilamente.
Vuelvo a la cala, pero no lo hago sola ya que allí me espera Louis. Me detengo para mirarle, le miro para observar el suave azul de sus ojos, para observar su cuerpo. Él me mira también y ambos sonreímos por unos segundos. Supongo que él por cortería. Yo porque he notado que mi corazón se ha saltado un latido y que vuelve a latir.
Oigo las campanadas de la iglesia del pueblo marcando así la medianoche y diciendo que ya es día veintiuno de junio. Ya es verano. Y el recuerdo de Louis desaparece justo antes de que el mar vuelva a acariciar mis pies.
"Bañarnos juntos en la cala."
Oigo las campanadas de la iglesia del pueblo marcando así la medianoche y diciendo que ya es día veintiuno de junio. Ya es verano. Y el recuerdo de Louis desaparece justo antes de que el mar vuelva a acariciar mis pies.
Louis se ha ido definitivamente de mi vida antes de que se rompiese la primera ola del verano.
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