Destrocé varias familias.
Me destrocé a mí misma diciendo la verdad.
Destrocé el recuerdo de mi padre.
Waliyha, al enterarse de la verdad empezó a llorar junto a mí y, las demás madres, al escucharme y ver que el número era de una cabina telefónica, supieron al instante que algo no andaba bien.
No solo destrocé el recuerdo de mi padre. Destrocé el recuerdo que tenían esas familias de sus hijos.
Solo hubo una casa que aún no sabe la verdad.
Cuando llamé a casa de Louis, una voz de una niña me cogió el teléfono. Era una de sus hermanas pequeñas. Y me dí cuenta de algo. La madre de Louis ya había sufrido demasiado al perder a una de sus hijas por culpa de la OMER. ¿Sería capaz de soportar vivir eso de nuevo?
Como no pude decir a la niña que me pasase con su madre colgué. Y me prometí enviarla una carta lo antes posible explicando la verdad.
Cuando llegué a casa me metí en la cama y, por primera vez, como si me hubiese quitado un gran peso de encima confesando, dormí ocho horas de un tirón hasta que Jimmy me despierta por la mañana.
-¿Estás bien?
Me incorporo de la cama y le miro.
-Sí- susurro.
-Estaba preocupado. Estabas profundamente dormida. He llegado a pensar que estabas drogada o algo.
-No. Solo necesitaba descansar.
Me sonríe y luego se sienta en el colchón.
-Está Sam- dice-. Conseguí que George Davies, el psicólogo, fuese conmigo al apartamento y que le borrase el susto que le dieron los antirosados así que actúa con normalidad.
Asiento y en el fondo me alegro por la gran idea de Jimmy. No quería que Samantha lo pasase mal por las noches por eso.
-¿Vinieron aquí?
-No. Bueno, no lo sé- digo-. Me fui a dar una vuelta.
-¿Rossie?
-En su caja. En uno de los cajones de mi cómoda.
Jimmy asiente y luego se levanta.
-Voy a hacer tortitas para el desayuno. ¿Te apetece?
Niego con la cabeza y me levanto al escuchar la voz de mi hermana.
-¿Lucy?- pregunta-. Levántate. Son las once ya. Tienes que estudiar para la selectividad.
Salgo al salón y cierro los ojos por la gran cantidad de luz. Me siento como una vampiresa. No puedo soportar el sol.
-¿Qué tal llevas los estudios?- pregunta.
-No he empezado.
-¿Qué?
Pero antes de que empezase a escuchar la regañina de Sam voy a mi cuarto y salgo con ropa de deporte.
-Voy a ir a correr.
-Pero...
Sin oír una palabra más abro la puerta de casa y salgo.
El dolor del tobillo sigue molestándome -me dijo el doctor Mason que usase muletas pero, desde ayer, están escondidas bajo mi cama para que Sam no las vea- y eso me impide ir rápido.
Desde que pisé la casa de la cala ayer por la noche estoy más tranquila porque pude ver que hay algo que me recuerda a los chicos así que, cuando llego a la cala me siento justo en la orilla -la marea está alta-. Hay algunas olas que me mojan los pies pero, tras un rato, está se va alejando de mí como si no quisiera tocarme, como si le diese asco.
Cuando las olas han vuelto a llegar a mí ya casi está anocheciendo vuelvo a casa y Sam y Jimmy no están en casa pero si Kate que tiene sobre la mesa del salón todos mis libros y todos mis apuntes.
-Voy a ayudarte a estudiar- me dice.
-No voy a estudiar.
-¿Por qué?
-No me apetece.
-¿No te apetece ir a la universidad?
-Ahora no.
-No seas tonta, Lucy.
Suspiro y me quito la sudadera que me había puesto.
-¿Por qué no hacemos un trato?
Miro a Kate sorprendida.
-Estudiate solo un tema de cada asignatura.
-Para estudiarme solo un tema prefiero...
-Vamos, Lucy. Solo un tema.
Vuelvo a suspirar y pongo mis manos en la cintura.
-¿Qué temas?
Veo que Kate coge un folio y que lo divide en varios trozos. Luego empieza a escribir en ellos.
-Elige un papel.
Me acerco y cojo un papel al azar.
-El número ocho.
-Te estudiarás el tema ocho de Historia.
-¿Así de simple?
-Exacto.
-Voy a hacer tortitas para el desayuno. ¿Te apetece?
Niego con la cabeza y me levanto al escuchar la voz de mi hermana.
-¿Lucy?- pregunta-. Levántate. Son las once ya. Tienes que estudiar para la selectividad.
Salgo al salón y cierro los ojos por la gran cantidad de luz. Me siento como una vampiresa. No puedo soportar el sol.
-¿Qué tal llevas los estudios?- pregunta.
-No he empezado.
-¿Qué?
Pero antes de que empezase a escuchar la regañina de Sam voy a mi cuarto y salgo con ropa de deporte.
-Voy a ir a correr.
-Pero...
Sin oír una palabra más abro la puerta de casa y salgo.
El dolor del tobillo sigue molestándome -me dijo el doctor Mason que usase muletas pero, desde ayer, están escondidas bajo mi cama para que Sam no las vea- y eso me impide ir rápido.
Desde que pisé la casa de la cala ayer por la noche estoy más tranquila porque pude ver que hay algo que me recuerda a los chicos así que, cuando llego a la cala me siento justo en la orilla -la marea está alta-. Hay algunas olas que me mojan los pies pero, tras un rato, está se va alejando de mí como si no quisiera tocarme, como si le diese asco.
Cuando las olas han vuelto a llegar a mí ya casi está anocheciendo vuelvo a casa y Sam y Jimmy no están en casa pero si Kate que tiene sobre la mesa del salón todos mis libros y todos mis apuntes.
-Voy a ayudarte a estudiar- me dice.
-No voy a estudiar.
-¿Por qué?
-No me apetece.
-¿No te apetece ir a la universidad?
-Ahora no.
-No seas tonta, Lucy.
Suspiro y me quito la sudadera que me había puesto.
-¿Por qué no hacemos un trato?
Miro a Kate sorprendida.
-Estudiate solo un tema de cada asignatura.
-Para estudiarme solo un tema prefiero...
-Vamos, Lucy. Solo un tema.
Vuelvo a suspirar y pongo mis manos en la cintura.
-¿Qué temas?
Veo que Kate coge un folio y que lo divide en varios trozos. Luego empieza a escribir en ellos.
-Elige un papel.
Me acerco y cojo un papel al azar.
-El número ocho.
-Te estudiarás el tema ocho de Historia.
-¿Así de simple?
-Exacto.
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