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martes, 11 de noviembre de 2014

72.

Cuando al día siguiente voy al instituto para saber mi nota -a recogerla porque la nota la sé ya- me quedo con las chicas en mi taquilla.
-¿Creéis que habéis aprobado?- pregunta Elizabeth.
-¡Calla!- dice Andy-. Ha estado mi madre dándome el coñazo. No empieces tú también, ¿vale?
-No digas eso, Andy- dice Holly.
-Lo siento- dice-. Mi padre ha llamado esta mañana. Ha conocido a una chica.
-¿Y la madre soltera y tu hermanito?- pregunto.
-¡Lo dejaron hace mucho tiempo!- dice ella-. Ahora está con una chica de diecinueve años. ¡Diecinueve años! ¡Cuando esa chica empezaba a decir sus primeras palabras mi padre estaba en mi parto!
-Date cuenta de lo bueno: podéis hablar de chicos- dice Holly.

Andy pone cara de asco.
-¿Perdona? ¡Oh, sí! Va a ser genial. Le voy a contar mis ligues y ella me va a contar cómo es mi padre en la cama. ¡Genial!

Me río -bendita purpurina doble de esta mañana. Lo necesitaba por culpa de la carta de Louis que leí ayer- y, cuando suena el timbre las chicas y yo nos dirigimos al salón de actos del instituto.

Allí vamos todos los alumnos y nos llaman por orden alfabético. Por suerte esta vez no llamaron a los chicos y lo agradezco muchísimo.

Cuando todo terminó -Kate tenía razón. Tengo un siete con ochenta y tres- salgo del salón de actos.
-Y ahora a Italia- dice Andy con mala cara.
-Bueno, ahora siempre podrás contar con tu nueva hermana mayor...

Holly y Eli se ríen mientras que yo meto en el bolso que he traído todo lo que me queda en la taquilla -que no se cierra. ¡Que novedad!-.
-¡No tiene gracía!
-¡No te enfades!- dice Holly-. ¿Cuándo te vas?
-En dos semanas.
-Bueno, puedes disfrutar de la feria.
-¿Que feria?- pregunto.
-¿No lo sabes?- pregunta Eli- ¡Viene una feria!
-Conciertos, atracciones, puestos de comida...
-No creo que vaya.
-¿Por que?- pregunta Andy fastidiada pero Eli la pone mala cara-. Vale. No te preocupes.

La purpurina ha empezado a volar. ¡Mierda!
-Tengo hambre- digo-. Voy a ir a la cafetería. A lo mejor puedo conseguir algo.
-¿Te acompañamos?- pregunta Eli.
-No hace falta. Esperadme en la puerta.

Empiezo a caminar entre los alumnos del penúltimo curso. Aún tienen clase y están nerviosos.

Cuando llego a la cafetería me dirijo a la mujer que reparte la comida a los alumnos. La sala está llena de chicos. Tendré que buscar un sitio para comer.
-Dos bandejas, por favor- dice Kate.
-¡Que susto, Kate!- digo.
-Lo siento. Tenía algo de hambre y... ¿Qué tal?
-Bien.
-¿Siete ochenta y tres?
-Si lo sabes ¿por qué preguntas?
-Solo quiero asegurarme. ¿Por qué no voy a buscar sitio?-pregunta-. Esto está muy lleno.
-Como quieras. Pero he quedado en la entrada. Comeré rápido.
-¿Las pastillas hacen efecto?- pregunta.
-No el que desearía el doctor Davies pero por lo menos como.
-Genial. Dame tu bolso y voy a buscar sitio.

Le doy el bolso y dos minutos después la veo en un extremo de una mesa.
-¿Qué toca hoy para comer?- pregunta.
-Poca cosa. Me comeré solo la crema de verduras y me voy.

Cuando termino me levanto y me voy.

Yendo a la salida del instituto paso por al lado de la enfermería. No es que el doctor Mason haya sido una gran ayuda en mis últimos meses. No me ha apoyado. Me ha hecho sentir muy mal. No es el tipo de persona que alguien desearía tener como amigo. Pero me siento obligada a darle las gracias ahora ya que seguramente no le volveré a ver más ya que no creo que vuelva a pisar el instituto. Me ayudó mucho cuando me intentaron matar. Quieras o no es importante.

Llamo a la puerta y, tras unos instantes, un chico de pelo castaño sale de la consulta pero le ignoro. Solo quiero entrar, darle las gracias a Mason e irme cuanto antes.

-Buenos días, Mason- digo.
-¿Vienes amargada otra vez?
-Muchas gracias por llamarme amargada- digo sarcástica.
-¿Qué quieres?
-Darte las gracias.
-¿Y eso?
-A pesar de ser una persona no muy agradable quería darte las gracias como paciente que fui tuya durante las vacaciones de Semana Santa.
-¿Vas a darme las gracias por hacer mi trabajo?- pregunta mientras guarda un informe en una carpeta y lo mete deja sobre la mesa.
-Nunca está de más.
-Genial. Ya puedes irte.
-¿Te he dicho que eres desagradable?
-No. Tus palabras textuales han sido "persona no muy agradable".
-Solo era por dejarlo claro.

Oigo un gran barullo fuera, en los pasillos.
-Me tengo que ir, Mason.
-Adiós.

Salgo de la consulta y me encuentro con mucha gente que está en el pasillo haciendo bulto. Intento salir de allí.
-¿Qué?- dice una voz femenina-. ¡Que tontería!
-Fuimos a hacer la selectividad a Londres. ¡No desaparecimos!- dice otra voz.

La gente me impide avanzar. Voy a tardar un buen rato en salir del gentío.
-Pero...
-No hagáis caso de los rumores- dice otra vez una de las chicas.

Las voces son muy familiares, como si no las hubiera escuchado en varias semanas.

Cuando por fín salgo del bollo oigo como hablan un par de chicos.
-Pues sí- dice uno-. Han vuelto. No debieron de desaparecer como los esclavos. Dicen que fueron a hacer la selectividad a la capital.
-¿De quien habíais?- pregunta un tercero.
-De las mellizas de último curso, Leah y Charlotte.

Mi pulso ha aumentado tras oír esas palabras y, tras dejar de respirar, giro mi cabeza. Allí, a tan solo unos metros de distancia, están las mellizas. Ellas me ven y me saludan felizmente. Pero yo no las devuelvo el saludo. En vez de eso salgo corriendo hacia el salón de actos del instituto donde puede que siga habiendo algún alumno esperando o hablando con profesores. He visto a más de uno que no se ha presentado a la selectividad y que andaba por allí. Las mellizas están en el instituto. Los chicos también deben de estar.

La OMER ha terminado.

Cuando llego al salón de actos allí solo hay un par de profesores hablando entre ellos y, sin dejar de hacer ruido con mis pasos, reviso la sala de arriba abajo.
-¿Lucy, qué haces?

Salgo sin contestar. Deben de estar en la clase. Pero allí interrumpo una clase de primer curso.
-¡Eh!- chilla el profesor cuando entro en el aula sin pedir permiso.
-¡Lo siento!- digo.

Luego voy al gimnasio con rapidez pero allí también están dando clase. Entonces voy a la cafetería pero está completamente vacía.

Tienen que estar en la casa de la cala.
-¡Lucy!- grita Kate que corre hacia mí cuando voy a salir del instituto por la puerta principal.
-¡Ahora no puedo, Kate!- digo-. ¡Tengo que encontrarles!
-¡Pero...! ¡Lucy!

Empiezo a correr por el pueblo y llego al bosque. Allí no bajo mi ritmo. Tengo el corazón desbocado. Tengo una sonrisa en la cara.

La OMER ha terminado.

Cuando llego a la cala me tropiezo con una de las raíces de un árbol que marca el límite entre la playa y el bosque pero me levanto con rapidez y, cuando llego, salto las escaleras del porche y abro la puerta.
-¡Chicos!- grito mientras tiro el bolso al suelo.

Subo las escaleras de dos en dos y voy entrando en las distintas habitaciones mientras que no paro de saltar.

La OMER ha terminado.
-¡Louis!- grito emocionada.

Las habitaciones siguen tal y como las deje hace unos días cuando fui a por los teléfonos de las familias de los chicos. ¡Dios! ¡Tendré que llamarles de nuevo!
-¡Liam!- grito cuando reviso de nuevo las habitaciones.

Bajo las escaleras otra vez de dos en dos -por poco me tropiezo con el bolso cuando iba a ir a la cocina- y vuelvo a gritar.
-¡Harry!

La cocina está intacta desde la última vez que estuve así que voy al último sitio de la casa: la bodega. En invierno encendían allí el fuego. Quizá tengan frío. O hambre. Quizá están haciendo allí la comida.
-¡Niall!- grito antes de bajar las escaleras de la bodega-. ¡Zayn!

La OMER ha terminado.
-¡Chicos, salid!- grito nerviosa.

Subo las escaleras para llegar al salón.
-¿Louis? ¿Niall?

Esta vez subo las escaleras de uno en uno y con impotencia.
-¿Zayn? ¿Liam?- grito de nuevo-. ¿Harry?

Lo único que oigo es el mar agitado.

La OMER ha terminado.

¿Por qué no están los chicos?

La fría realidad me golpea en la cara.

La OMER ha terminado. Y aquí no están los chicos porque no han sobrevivido.

Tomo aire mientras que intento hacerme a la idea de lo que ocurre.

La OMER ha terminado. Y aquí no están los chicos porque no han sobrevivido.

No han sobrevivido. No les voy a volver a ver. No sabré nunca más de ellos. No oiré sus voces de nuevo.

No volveré a ver a Louis. No volveré a abrazarle. No volveré a besarle. Louis ha muerto.

De pronto la mesa del salón está tumbada en el suelo. Las sillas son lanzadas por mí hasta el suelo.

La OMER ha terminado y los chicos están muertos.

Más de una silla se ha roto por el impacto contra el suelo. Luego voy a la cocina donde abro los armarios y cojo los pocos vasos de plástico que hay y los estampo contra el suelo. Después van los platos. Abro el frigorífico y tiro la poca comida que queda en mal estado. También tiro cosas sobre la mesa y luego, de un golpe, la tumbo contra el suelo haciendo un gran sonido.

La OMER ha terminado y los chicos están muertos.

Voy corriendo hasta mi bolso porque solo veo una solución a todo esto. Si los chicos han muerto, tengo que morir yo también.

Cojo el bolso y lo vuelco haciendo que los papeles que he recogido de la taquilla se desparramen por el suelo. Me da igual el desorden. Solo quiero morir.

Busco entre los papeles mis pastillas antidepresivas pero, cuando encuentro el bote le doy la vuelta para que las cápsulas caigan en mi mano pero solo cae una única pastilla.
-¡No!- grito antes de tirarla.

Me levanto y busco el cajón de los cubiertos para coger un cuchillo con el que abrirme las venas pero ahí no encuentro nada. Solo hay una nota.

"Lo siento, Kate".

-¡No!- grito antes de tirarme al suelo en busca de algo cortante pero no encuentro nada.

Entonces me tumbo en el suelo entre todo lo que he tirado al suelo y empiezo a llorar antes de buscar por el suelo mi única pastilla antidepresiva. No es suficiente pero es lo mejor que tengo.

La OMER ha terminado y los chicos están muertos.

¿Por qué no puedo morir yo también?

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