Los chicos nunca me dijeron como Zayn murió. Nunca respondieron a mis preguntas. A Louis a veces le oigo en medio de la noche susurrando su nombre, agitado, nervioso, sudado. Y luego se despierta con la respiración intranquila, axfisiandose. Pero cuando le acaricio el pecho parece relajarse. Quizá murió de una forma dura. Una tortura. O quizá fue apuñalado por la espalda. A pesar de todo, nunca más pregunté sobre ese tema. Una parte de mí no quería saberlo. Quería mantener en mi memoria los recuerdos que pasé junto al que llegué a considerar mi hermano.
Los chicos y yo fuimos al funeral cuando la OMER devolvió a la familia Malik sus restos. La familia estaba rota. La madre se apoyaba en el hombro de su marido con una mirada triste, desconsolada mientras que sus hermanas se agarraban de las manos.
Cuando el funeral acabó y se dio paso a que el ataúd en que el Zayn descansaba fuese introducido bajo tierra me agarré al brazo de Louis y luché por no llorar. Pero, tras unos segundos, una muchacha, de piel morena y pelo oscuro se me acercó.
-¿Eres Lucy Smith?- preguntó-. Soy Waliyha. Hablamos una vez por teléfono.
En un impulso la abracé y ella me correspondió y ambas empezamos a llorar sin consuelo.
Zayn me dijo varias veces que éramos muy parecidas. Y tenía razón.
Cuando terminó el verano me fui a la casa de la cala donde pude ver Zac seguía entrenando su superfuerza. Le expliqué las nuevas noticias.
-Así que has tenido un ochenta por cuento de eficacia...- dijo.
-Sí. Así que si quieres puedo entrenarte.
Y le entrené, le entrené durante los fines de semana, cuando tenía tiempo, prometiéndole que en un par de años el entrenamiento sería más duro. Pero no solo entrené a Zac. Vinieron más. Una chica llamada Raven, una chica llamada Hana, un muchacho escocés llamado Bob... Y cerca de una decena más de chicos.
Al final del verano me matriculé en una universidad cercana al pueblo y estudié la carrera de Publicidad. En mi misma facultad estaba Liam para ser profesor de Educación Física, y en la universidad de la capital estaba Niall estudiando Psicología. Harry consiguió un trabajo en un zoológico para alimentar y cuidar de los animales del ártico ya que él era el único de estar en sus hábitats durante horas. Louis consiguió un puesto en el cuerpo de bomberos del pueblo.
Todos sus trabajos están relacionados con sus poderes.
Las chicas se graduaron en sus respectivas carreras y viven en el pueblo en el que todas crecimos y siempre quedamos todos los sábados para hablar de nuestras cosas y recordar viejos tiempos.
Mi hermana Samantha y Jimmy se casaron sin ningún problema y ahora tienen tres hijas preciosas.
Sam no recuerda nada de los rosados a pesar de que Jimmy podía volver a elegirla para compartir su secreto pero prefirió no decir nada. Prefería elegir a otra persona que se enterase del secreto por descuido y salvarla la vida.
Tras unos años de haberme graduado me quedé embarazada de Louis y, cuando el niño nació, corrí a la sala nido para ver si mi hijo tenía sangre rosa y para hacerme a la idea de que, en unos años, él fuese a la OMER como hizo su padre.
Hice lo mismo hace un par de meses con mi otra hija.
Sus sangres eran rojas.
Me despierto con un maullido de gato y me incorporo en el sofá. Busco al gato que tenemos como mascota y lo veo en brazos de Zayn que está vestido con un albornoz blanco de su padre y con una cinta de pelo mía en la que ha pegado con celo un trozo de papel en forma de círculo para imitar el material médico. En el cuello puedo ver como hay unos auriculares con una ventosa pegada a la parte del enganche.
Sonrío al ver que no deja saltar al gato de sus pequeños brazos mientras mira con curiosidad la entrada de la habitación de su hermana pequeña, como si algo le llamase la atención. Luego gira la cabeza y me mira.
-¡Mamá, mamá! - dice- ¡Bigotitos no se deja examinar!
El niño se acerca con el felino y me lo pone en el regazo.
-Es que tiene miedo a los veterinarios- susurro.
-¡Pero si solo estoy jugando!
-Pero lo haces tan bien que se cree que eres un veterinario de verdad.
Zayn, de cinco años, que tiene el mismo tono de piel que yo, el color miel de ojos de mi padre y el mismo color de pelo que Louis, se ríe pero se lleva las manos a la boca para evitar que de su boca saliera una carcajada. Antes era un niño ruidoso pero cuando llegó el bebé hace tres meses, su padre y yo le explicamos que mientras su hermanita estuviese durmiendo debía hablar bajito para no despertarla.
Miro el reloj. Son las diez de la noche.
-¡Dios, Zayn! ¿Tienes hambre?- pregunto mientras quito a Bigotitos, el gato blanco con manchas de color canela, de mis rodillas.
-No. Papá ya me ha dado de cenar.
-¿Ha llegado ya?
-Sí. Lleva aquí un rato. ¿No te has enterado? Te ha dado un besito de amor verdadero.
Sonrío por la frase que usa el niño para explicar que Louis, cuando ha llegado a casa, me ha dado un suave beso sobre los labios.
-¿Dónde está ahora?
-En el cuarto de Aina.
-Pues a la cama. Ya es muy tarde.
-¿Hoy no me lees Harry Potter?
-Es muy tarde...
-¡Pero...!
De pronto viene un llanto corto del cuarto de Aina. Louis tiene en brazos a la niña que ha dejado de llorar porque tiene en la boca la tetina de un chupete rosa.
-Ya tiene hambre- dice él con una sonrisa.
-Voy a preparar el biberón- susurro mientras me levanto del sofá.
Entro en la cocina y, tras dos minutos, salgo con el biberón correspondiente para mi hija. Zayn está sentado en el sofá -con su pijama de Superman- y sujeta a Aina entre sus cortos brazos. Louis está sentado de cuclillas frente a la parte del sofá que ocupan y mirando la escena de sus dos hijos con una gran sonrisa.
-¿Quieres darle tú el biberón?- pregunto a Zayn que asiente con una ligera sonrisa antes de coger el biberón-. Con cuidado, cariño.
Zayn posa la tetina sobre los labios del bebé que abre su boca y empieza a chupar como si no hubiese comido en todo el día.
Louis parece fascinado cuando Zayn retira el recipiente vacío, orgulloso de su hermana.
-A la cama- susurro-. Ahora voy a darte las buenas noches, Zayn.
Louis coge al bebé y se sienta en el mismo sitio que el niño a dejado libre. Mira a Aina con una sonrisa paternal, con dulzura y cariño mientras frota suavemente con uno de sus dedos el puente de la nariz de la niña para hacerla dormir, como cuando me acariciaba a mí por las noches cuando estábamos en la misma cama antes de que fuese a la OMER.
-Tiene tus ojos- susurro antes de besarle en la mejilla.
Él me mira con una sonrisa y, cuando el bebé se ha dormido, la lleva a la cuna mientras que voy a ver a Zayn que me espera con la luz de la lámpara encendida y metido en la cama. Le arropo mejor con el edredón y le miro con una sonrisa.
-¿Sabes que te quiero mucho?- pregunto.
-Siempre me lo dices, mamá.
-¿Y sabes que siempre vas a poder contar conmigo?
-¿Hasta más de cien?
Una ligera carcajada sale de mi boca y subo la sábana hasta el cuello de Zayn.
-Hasta más de diez mil si hace falta- le doy un beso en la mejilla y voy a la puerta para salir-. Buenas noches.
Dos minutos estoy en la cocina preparando la cena para Louis y para mí.
Sonrío al ver el anillo de bodas en mi dedo anular izquierdo. Llevo casada con Louis desde hace seis años y han sido los mejores.
-Seguro que cuando pensaste en tu futuro no creías que ibas a cocinar- oigo decir a Louis justo detrás de mí.
-Pensé que el millonario tendría sirvientas.
-Siento no ser millonario.
-No te preocupes. Era o un millonario o un bombero sexy.
-Me consuela mucho eso, Bombón- susurra antes de acercarse más a mi espalda y abrazarme-. Estabas preciosa cuando dormías.
-Debiste haberme despertado.
-A la hora de la comida estabas agotada.
-Gracias por darle la cena a Zayn.
-De nada.
Sonrío de nuevo cuando noto que me empieza a besar el cuello.
-¿Qué tal tu día?- pregunto mientras remuevo con un tenedor la comida de la sartén.
-Como siempre. Jugando a las cartas.
-Estamos en un pueblo muy tranquilo. Casi nadie os necesita.
-¿Tu día?
-Me han llamado de la oficina. En dos semanas vuelvo a trabajar. Hay que buscar una guardería para Aina y una buena canguro para por las tardes.
-Se te acaban las vacaciones.
-Este momento tenía que llegar.
Louis no deja de besarme en el cuello y eso produce unas ligeras descargas eléctricas por todo mi cuerpo.
-No puedo dormir- dice Zayn entrando en la cocina.
Su padre se aparta de mí y ambos le miramos.
-¿Por?- pregunta Louis.
-Los monstruos.
-Ya hemos hablado de eso, cielo- digo suavemente-. No hay monstruos debajo de tu cama.
-¿Has mirado esta noche?
Miro a Louis.
-Voy a ver- susurra.
Zayn sonría y se sienta en el sofá mientras que llevo la cena a la mesa del salón.
-Mamá, ¿crees que Bigotitos tendrá alguna vez hijos?
-No lo sé. A lo mejor tiene novia y tiene cachorritos alguna vez.
-¿Y yo voy a tener más hermanos?
-No lo sé- respondo colocando los platos-. ¿Quieres?
-Sí. Pero quiero que sea chico. Aina nunca jugará conmigo a los coches y al fútbol.
-Enano, tu cuarto está libre de monstruos- dice Louis acercándose al sofá.
-Papá, ¿vais a tener más hijos?
-No lo sé, Zayn. A la cama.
-¿Por qué no lo sabes?
-Se verá con el tiempo. A la cama.
-¿Y cómo vienen los bebés?
-Los trae la cigüeña- responde Louis con naturalidad mientras coge a Zayn en brazos y empieza a hacerle cosquillas-. A la cama.
-¡Para, papá!- dice el niño poniéndose rojo por la risa-. ¡Para!
Les miro riéndome por lo bajo a Louis y a mi hijo que desaparecen tras la puerta.
Cuando mi marido aparece después de acostar de nuevo a Zayn se sienta junto a mí en el sofá.
-Te quiero- susurra antes de darme un beso cuando nos acostamos en la cama.
-Yo también te quiero.
Apago las luces y luego nos miramos detenidamente antes de que Louis pase un brazo por mi nuca y otro por mis costillas para que sus manos se enlacen en mi espalda, como hacía cuando éramos unos adolescentes y me traspasaba sus poderes.
Cuando veo que tiene los ojos cerrados le doy -como dice Zayn- un beso de amor verdadero al que Louis me responde con una sonrisa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario