Me despierto en mi cama. Desde hace dos días no paso por la casa de la cala. Y no creo que vuelva más. Zac se ha instalado allí, en la habitación de Harry y por las trades se dedica a entrenar. He podido ver cómo hace uso de su poder creando algunas grietas en rocas con solo un puñetazo, o cómo parte algunos troncos que le costaba horas a Harry quemar por su grosor. Incluso he visto como se mete en el mar y crea unas olas que van desde la orilla hasta mar adentro, justo al contrario a las creadas por los movimientos naturales del mar.
Y no he podido soportar verle defraudado consigo mismo como si la culpa de no tener entrenador, la culpa de que mi padre esté muerto, fuese suya. Porque sé lo que piensa. Es lo mismo que pensaban los chicos. Sin mi padre tienen solo un cinco por ciento de salir de la OMER.
Llevo dos días viendo como el recuerdo de Louis aparece y desaparece, mirándome tras el cristal de la ventana, comiéndose un sandwich inexistente, limpiando de sus zapatillas algunas motas de polvo. Y más de una vez he cerrado los ojos porque no quiero verle. Quiero olvidarme de Louis. Quiero superarlo.
Fui a ver al psicólogo y me dijo que la causa de mis alucinaciones podía ser el uso de los antidepresivos, que suele ser un efecto secundario.
"Podría dejar de tomarlos." susurré.
"Si dejas de tomarlos volverán las crisis, los ataques de ansiedad. Y no creo que sea bueno que dejes de comer." me dice George.
Llevo dos días en los que Sam no me ha dejado en paz porque me ve deprimida.
-¿Qué te ocurre?- pregunta.
La ventana de mi cuarto está abierta haciendo que haga un poco de corriente en la habitación, haciendo que no me mueva para tomar aire puro.
-Estoy preocupada por ti- me dice antes de sentarse junto a mí en la cama.
Trago saliva antes cerrar los ojos para evitar echarme a llorar. Está siendo muy duro.
El colchón se hunde aún más y entonces noto el agarre de mi hermana. Me abraza y me aparta el pelo de la nuca para darme un beso que, por unos momentos, me transmite tranquilidad.
-Puedes hablar conmigo. Soy tu hermana mayor. Te voy a ayudar siempre.
Tomo una gran bocanada de aire. Está siendo más duro de lo que me imaginaba.
Sin decir nada, Sam se mantiene junto a mí durante mucho tiempo, incluso hasta altas horas de la noche. Aunque Jimmy la hubiese necesitado ella no se hubiese movido de mi lado. Y me siento mal porque ya ha rechazado los recuerdos de los rosados por mí. Pero no puedo decírselo.
Al día siguiente, Jimmy y Sam se van a Oxford para empezar a traer las cosas del piso de mi hermana y Kate se queda en casa conmigo. Pero decido vestirme y salir un poco a la calle. Puede que vaya a la feria.
Ella me acompaña hasta el pueblo y se queda junto a mí en todo momento hasta que...
-¿Quieres comer algo?- me pregunta.
-Un perrito caliente- miento.
-Perfecto.
Se levanta del banco en el que estamos sentadas y va a los puestos para ir en busca de mi cena.
La música es alegre y, por un momento decido cerrar los ojos para intentar que esa alegría llegue a mi cuerpo. Pero parece rechazarla sin darla ninguna oportunidad. Las luces parpadean a través de mis párpados, como si hubiese estado mirando directamente al sol, sin ningún tipo de protección, durante un largo periodo de tiempo.
-¿Está ocupado?- pregunta alguien.
Por un momento me tienta la idea de decirle que no pero no creo que pueda soportar ahora un asalto con el doctor Mason así que asiento levemente la cabeza y noto como la madera del banco cruje tras apoyar su cuerpo en ella.
-Te he traído algo de cena- dice mientras que me ofrece un cucurucho lleno de patatas fritas bañadas en salsa de tomate-. Últimamente has perdido peso.
-Gracias- digo con un hilo de voz mientras cojo el cartón que me ofrece.
-Como médico tuyo creo que...
-Usted ya no es mi médico. De hecho fue mi médico dentro del instituto.
-Lo sé, Lucy- dice-. Solo intentaba entablar una conversación contigo.
-Lo siento.
Hace un gesto de perdón y luego mira a su alrededor.
-¿No montas en ninguna atracción?
-No tengo ánimos para eso, Mason.
-Por favor, llámame Mike. Debiste de dejar de tratarme de usted cuando te involucraste en esto.
-Vale.
-No te sientas mal, Lucy- dice-. Ambos sabíamos que...
-Lo sé.
Sonrío tristemente antes de coger una patata y metérmela en la boca.
-Lucy.
-¿Si?
-Intenta volver a tu vida normal. No ahora mismo. En unos días. Quizá un par de semanas. Pero no te hundas. ¿Vale?
Dicho esto, el doctor Mason se levanta del banco y empieza a caminar.
-Mike- le llamo.
Se gira y me mira con detenimiento.
-El otro día te dije unas cosas horribles en la consulta.
-Estás perdonada.
Miro al suelo. Observo como algunos trozos de papel vuelan junto a la brisa.
-¿Por qué?
El doctor se mete las manos en el bolsillo del pantalón y se balancea sobre las puntas de sus pies.
-Bueno, somos humanos. Está en nuestra naturaleza desarrollar sentimientos hacia otros seres. Como el cariño.
Sin añadir nada más se da la vuelta y vuelve junto a una mujer, supongo que su mujer, que mira entretenida el movimiento de una atracción.
-¡Vaya!- dice Kate cuando vuelve del puesto de comida- Parece que ya estás servida- susurra mientras señala las patatas y me pone en mi regazo el perrito caliente envuelto en papel de plata.
-¿Podemos ir a comernos las cosas a casa?- pregunto.
-Claro...- contesta mientras que vuelve a coger mi cena y lo mete en una bolsa de plástico- ¿Ocurre algo?
-Kate, ¿alguna vez volveré a ser feliz?
La rosada me mira sorprendida y, tras ver un instante la feria, contesta.
-Claro que sí. Solo tienes que aprender a ser feliz con la persona adecuada.
Y, cuando llego a casa me encuentro con esa persona adecuada. Lo que yo no sabía era que estaba atrapada en un espejo.
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