Salgo del último examen del último día de selectividad y voy corriendo a mi casa sintiéndome engañada. Cuando vea a Kate...
Llego a casa y entro en la cocina con rapidez para conseguir algo de chocolate. ¡El estar cabreada me da hambre! Pero no consigo comer nada más que tres pastillas.
Mi hermana llama a casa para preguntarme sobre los exámenes pero la respondo seca y digo que estoy cabreada porque me ha salido mal el examen de Economía.
-Bueno, no te preocupes. Seguro que apruebas.
Sin decirla nada cuelgo.
¡Que Kate se prepare! Pero no aparece hoy por casa. Seguro que sabía de ante mano mi enfado y ha decidido no venir. ¡Ha sido muy lista!
Cuando estoy en mi cuarto oigo unos pasos y un portazo.
-¡Hola!- chilla Jimmy.
Me levanto con rapidez ya que oigo que algo se cae al suelo, algo pesado, y que se rompe.
-¡Puto marco!
-¿Jimmy?
Le miro. Está con la camisa sin abrochar y con los cordones de los zapatos desatados y, cuando intenta dar un paso, se los pisa y se tropieza pero se apoya en la mesa del recibidor haciendo que otro marco se caiga y se rompa. En una de sus manos tiene una lata de cerveza. En la otra otras cinco. Su cara está roja, como si tuviese mucho calor.
-¡Hola, Lucy!- dice cuando me ve.
-¿Estás bien?- pregunto mientras me acerco a él.
-¡Oh, sí! ¡Genial!- dice poniendo una gran sonrisa falsa en la cara. Luego susurra algo que no entiendo y da otro trago a la cerveza.
Le veo como camina -tropezando- hasta la cocina donde, para conseguir una bolsa de patatas, tira una gran cantidad de tarros de plástico.
-Jimmy, ¿estás borracho?
Me asomo a la cocina y lo único que consigo ver es una patata frita que frota en el aire y que, poco a poco, va desapareciendo por los mordiscos que le da Jimmy.
-¿Por qué te vuelves invisible ahora?- pregunto, desconcertada.
-No quiero que me veas así- dice la voz de Jimmy.
Debe de estar muy cerca de mí porque noto en mi cara su aliento con olor a cerveza.
-¿Qué ocurre?
-¡No ocurre nada!
Otra patata desaparece de la nada y la lata de cerveza que estaba apoyada en la encimera desaparece. Unas gotas del contenido aparece en el suelo. Se le ha debido de caer.
-Me ha dicho Kate que la selectividad muy bien.
-Kate me ha mentido.
-Eso no es demasiado difícil, Lucy.
Pongo una mueca en la cara. Que yo no pueda verle no significa que él pueda verme a mí.
-No iba en ese sentido. Yo solo decía que... Bueno... Kate siempre tiene ventaja sobre el resto de las personas.
-Jimmy, ¿has ido hoy a trabajar?
-Hoy he decidido llamar a mi jefe y decirle que me encontraba indispuesto. ¡No quería que me viese borracho!
De pronto aparece ante mí mientras que se quita la corbata.
-¿Podemos hablar luego? Me duele la cabeza.
Jimmy es un tío encantador, simpático, trabajador, protector. Pero nunca le había visto borracho.
-¿Qué ocurre?- pregunto.
-Me duele la cabeza.
-¿Ha ocurrido algo con Sam? ¿O...?
-¡Vaya por Dios! Cuando tú te marginas en tu habitación no se te puede molestar pero cuando es al revés...
Abro la boca. Luego la cierro. No me puedo creer que haya dicho eso. Sabe por lo que estoy pasando.
-Cuando quieras puedes hablar conmigo, James.
-Odio cuando me llaman James. Es como me llama mi madre cuando he hecho algo malo- dice con tono burlón mientras que se gira llevándose la lata a la boca.
-A lo mejor has hecho algo malo.
Sin decir nada más salgo al porche y me siento en una de las sillas.
Cinco segundos es lo que tarda Jimmy en estar junto a mí en otra silla. Porque Jimmy es Jimmy: un tio encantador, simpático, trabajador, protector y sabe arreglar cualquier situación, sea o no sea él el culpable.
-Lo siento. No ha sido un buen día- dice mientras me tiende la bolsa de patatas fritas.
Se las niego. No tengo nada de hambre.
Observo el paisaje. Esa mezcla de mar y bosque que se produce a unos metros de mi casa me maravilla. A veces las olas pueden llegar hasta la vegetación pero esta se muere por culpa de la sal. Aunque visualmente es bonito, dentro de lo racional no es una buena mezcla.
-¿Sabes qué día es hoy?
-Quince de junio- digo tras pensarlo.
-No. Hoy es el octavo aniversario.
-¿Octavo aniversario?
-Hoy, hace ocho años, me llevaron a la OMER.
Trago y respiro con tranquilidad.
-¿Por eso bebes?
-Exacto. La OMER no fue un camino de rosas. Tuve que matar gente, Lucy. Y la gente me quería matar.
Me muerdo el labio.
-Y, bueno, normalmente tengo pesadillas. Pero los días que hay entre quince y treinta de junio son mucho peores. Lo revivo. Año tras año.
-Lo siento.
-Tienes mucha suerte. No sabes lo que es.
-Pero me lo imagino.
-No. No puedes imaginártelo- susurra antes de beber-. Te abandonan en un sitio que no conoces, junto a otros miles de rosados. Sin comida. Sin agua. Estás completamente solo. Sin nadie que te ayude. Tienes que sobrevivir con tu cuerpo. Solo tienes a tu cuerpo.
Aplasta la lata y la tira a la arena con poca fuerza. Abre otra.
-¿Cómo te sientes en la OMER?
-Perdido- se come otra patata-. Por lo menos Kate tuvo ventaja. Y Kate fue lo suficientemente bondadosa como para compartir su secreto.
-¿Qué secreto?
-La OMER no deja que los rosados capaces de ver el futuro digan nada relacionado con la OMER. Pero Kate, cuando predijo cuándo nos íbamos a ir, me lo contó. Y me dijo que ella y yo íbamos a salir.
-Creo que Niall leyó en la mente de Kate...
-Ya lo sé. Pero ahí la OMER no puede hacer nada.
-¿Por qué?
-Kate no supo que le había leído la mente hasta que fue demasiado tarde.
Suspiro y me muerdo el labio de nuevo.
-Pasame una lata.
-¿Vas a beberte una cerveza? No sabía que te gustaban.
-Y no me gustan- digo antes de abrir la lata que tengo ahora entre mis manos-. Pero creo que necesito un trago.
Jimmy hace un sonido gutural antes de dar un trago.
-Jimmy, si Kate supo que temas iban a preguntar en la selectividad y supo que tú y ella ibais a salir de la OMER, ¿me dirá si...?
-No.
-No sabes lo que te iba a preguntar.
-No hace falta ser Kate para saber que ibas a preguntar si los chicos van a salir de la OMER.
-¿Crees que no me lo dirá?
-No. Ya se arriesgó una vez. No va a hacerlo otra vez. Aunque yo también me lo pregunto. Aunque, bueno, dos de siete están aseguradas.
-¿Dos de siete?
-Claro. Las mellizas. ¿No tenían el poder de la curación?
Asiento con la cabeza antes de dar el primer trago de la cerveza. ¡Arg, que asco!
-Los rosados con ese poder son prácticamente inmortales. No desarrollan ninguna enfermedad, sus huesos son de goma, las heridas tardan en cicatrizar segundos... Dos de siete. Es una buena estadística.
No hay comentarios:
Publicar un comentario